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Ariel Rot

Hablar con Ariel Rot no es solo hacerlo con un gran músico y compositor, es mucho más, porque Ariel es una parte fundamental de la historia del rock de nuestro país, alguien que ha vivido, en primera persona los últimos 35 años de la música española, que ha sorteado tempestades y naufragios y que aún se aventura con su barca día tras día en el proceloso océano musical.

Ariel Rot. Foto: Enrique Moragrega

Guitarrista y compositor en dos grandes bandas como Tequila y Los Rodriguez y con una larga carrera posterior en solitario, Rot forma parte de nuestras vidas: junto a él hemos bailado rock and roll en la plaza del pueblo, nos hemos vuelto locos, hemos saltado, atravesado el viento sin documentos, hemos gritado a los cuatro vientos que hacía calor, hemos sabido lo que pasaba debajo del puente y muchas otras cosas más.

Los grandes maestros no tienen fecha de caducidad y Ariel se empeña en demostrarlo día a día con su trabajo, impartiendo lecciones de calidad, energía y emotividad, algo que se echa en falta, cada vez más, en la música actual. En 2013 ha publicado su último y más intimista trabajo: La huesuda, un disco lleno de sensibilidad y grandes temas. Además, se ha embarcado en una gira conjunta con otras dos grandes figuras del rock español como Loquillo y Leiva.

Una calurosa tarde veraniega fue el marco para una interesantísima charla con este icono del rock nacional en la que repasamos toda su carrera y hablamos sobre su nuevo disco y sobre el estado actual del sector musical español. Todo un privilegio que queremos compartir con vosotros.

Decía Gardel que 20 años no es nada, ¿cuánto son 35 años? ¿Qué balance haces de tu carrera?

Sí, sí que son; 20 años son muchos así que imagínate 35. Una carrera musical de 35 años, hoy en día, es casi un milagro. El balance general es muy bueno; lógicamente en un periodo tan grande de tiempo hay momentos altos, momentos bajos y momentos de velocidad de crucero que creo que son por los que transito los últimos años.

Lo mío sería como una tienda de toda la vida en contraposición con una gran superficie, un sitio que siempre está ahí, donde te atiende el dueño, que se ocupa de todo y que tiene una clientela fija y fiel.

Pero tú empezaste un poco como una de esas grandes superficies, cuando, siendo un crío, creasteis Tequila.

Sí, tuve esos momentos de gran superficie, aunque más en cuanto a popularidad que en cuanto a facturación, porque surgimos un poco a destiempo: todavía no era un momento en que el negocio estuviera muy desarrollado, no había grandes cachés, ni grandes producciones. De hecho, terminamos totalmente arruinados porque teníamos una total inexperiencia y cometimos un montón de errores de todo tipo. Por ejemplo, en aquélla época no existían las compañías de alquiler de equipo y de sonido con lo que tuvimos que comprar nuestro propio equipo de luces y sonido y con 17-18 años nos convertimos en una especie de empresarios, sin tener ni idea y eso nos arruinó. Y además sufrimos todo tipo de desastres en los que puede caer un joven con fama y dinero. Eso sí, molábamos un montón.

Desaparece Tequila y tú te encuentras con 23 años y sin un duro…

Sí, fue un momento muy raro y también una lección que aprendí siendo un crío. Piensa que cuando ahora hablamos de una banda joven, hablamos de gente de 28-30 años. A los 23 yo ya había conocido la lección de la subida rápida, el éxito fugaz y la caída. Yo creo que estuvo bien y eso me hizo tener una buena perspectiva para todo lo que vino después.

¿Cómo era musicalmente Madrid en aquel momento —año 1983—? La Movida estaba en pleno apogeo.

La Movida había comenzado un poquito antes, pero era el momento de explosión. Era muy efervescente, había una vida social que se mezclaba con la creatividad y todo era muy nuevo, muy moderno y había mucha libertad. Todo el mundo quería hacer cosas: diseñar ropa, hacer fotos, tener una banda o todo al mismo tiempo. Fue una gran fiesta.

En ese momento había muchas cosas que favorecían que todo eso se pudiera dar. Por un lado la libertad y la permisividad que había en cuanto a que no estaban las cosas tan legisladas como ahora y por otro lado había mucha gente. También los medios estaban muy volcados, porque participaban de eso y les seducía, aunque fueran de otra generación.

Además, a diferencia de ahora en todo está mucho más compartimentado, en aquélla época, lo divertido es que nos mezclábamos todos; entrabas a los locales de moda y te encontrabas desde los personajes más glamourosos hasta a chavales quinquis del barrio, pasando por todo lo que está en medio.

Poco después tú vuelves a Argentina…

Sí, en el 85-86 comienza mi autoexilio en Argentina. Allí también se estaba viviendo un momento de mucha euforia, con el fin de la dictadura. Era una época de cambio, de frivolización, algo que al país le vino bien en aquel momento, tanto para la música como para poder salir a la calle sin temor. Tuve la suerte de poder participar en esos dos florecimientos, el español y el argentino, aunque allí más como espectador, pues no tenía un grupo emblemático como había ocurrido en España.

En Argentina me juntaba con Andrés Calamaro para tocar, pero era algo muy under y divertido, salíamos a tocar los fines de semana cuando podíamos, de hecho era prácticamente un hobby. En aquel momento, yo vivía de hacer música para la publicidad y con eso resolvía el tema económico y el rock quedaba para tocar los fines de semana con Andrés y eso fue un poco el germen de Los Rodríguez.

Yo seguía viniendo a España periódicamente y en uno de mis viajes, Julián, mi ex-compañero de Tequila me propuso volver a España. Eran finales de los 80, en Argentina estábamos sufriendo la etapa de la hiperinflación y llegó el momento de mi segundo exilio, si en el 76 había sido un exilio político, ahora era un exilio económico. Llamé a Andrés y a partir de ahí montamos Los Rodriguez.

 

Esa fue otra época en la que volviste a ser muy popular. ¿En qué se diferenció, en ese sentido, la experiencia con Los Rodríguez a la que tuviste con Tequila?

La experiencia fue muy distinta, fue algo mucho más lento. En Tequila no nos dio tiempo casi ni a desearlo; pasamos de estar un día tocando en un local y siendo felices, a llenar el Parque de Atracciones. Con Los Rodríguez, en cambio, teníamos cierta urgencia: porque Andrés había dejado todo en Argentina y si las cosas no funcionaban se iba a volver, porque ya éramos mayores, porque nadie nos mantenía, etc. Hasta el tercer disco las cosas no cambiaron; con ese disco escalamos el muro y…esa vez caímos del otro lado.

Además, con Tequila triunfamos por una cosa que tuvo mucho que ver el momento y el lugar, con Los Rodríguez triunfamos por derecho, yendo contra todo y contra todos, pero yendo con una banda muy poderosa y es que… a veces ganan los buenos.

Con Los Rodríguez conseguisteis algo que me parece muy difícil: además de hacer muy buena música, hacer verdaderos himnos.

Es increíble, no solo con Los Rodriguez, sino también con Tequila, porque con las dos bandas hay una gran cantidad de canciones que parece que van a durar toda la vida.

¿Te das cuenta de eso cuando estás componiendo una canción? ¿Eres consciente de que has hecho algo especial?

No, de ninguna manera. Que después de 30 años una canción tuya suene en un bar y la gente se vuelva loca o que la toques en un concierto y cambie todo, es algo imprevisible y es un misterio por qué ocurre con algunas canciones y no hay ninguna razón para eso, o quizás sí que la hay, pero yo no la conozco (risas).

¿Cómo maneja uno interiormente crear música perenne? Cuando tienes delante de ti en un concierto a miles de personas cantando una de tus canciones o sabes que en todo el mundo esa canción se escucha. ¿Cómo maneja uno todo eso?

Eso se maneja muy bien, lo que se maneja mal es la indiferencia.

¿Cómo terminó la época de Los Rodriguez? ¿Fue una separación amistosa?

Sí, no solo fue amistosa, sino que además fue una separación muy previsible. En realidad, Los Rodríguez empezamos a separarnos casi después del primer disco, por lo que bastante se alargó.

Había algo muy fundamental y es que Andrés no es una persona diseñada para pertenecer a una banda, está diseñado para ser un solista y lo ha demostrado suficientemente; creo que es una decisión muy personal y también muy honesta y eso siempre estuvo ahí presente. Eso pesaba en la banda y cuando empezó a tener ofertas muy concretas el final ya se veía venir.

Cuando ya estábamos a punto de terminar, un verano Sabina nos propuso hacer una gira juntos para el verano siguiente y eso hizo que duráramos un año más, lo que me vino muy bien porque tuve un año para prepararme para mi futura carrera. Yo tenía claro que después de eso no iba a preparar otra banda y tenía que empezar a cambiar de piel y pasar de ser un guitarrista que estaba a un costado del escenario, a estar en el centro, cantar y ser autosuficiente. Entonces monté una banda con Guille Martín, llamada The Rota, con la que empezamos a tocar por garitos de España, mientras que Los Rodríguez estaban ahí aparcados esperando esa gira con Sabina.

¿Cómo se lleva ese cambio de rol de guitarrista a solista?

Con muchos temores e incertidumbres e incluso con momentos de pánico, pues cambia todo; es algo mucho más profundo de lo que parece. Componer tus canciones, tocarlas, cantar, ser el que habla con el público y luego no tener con quien compartirlo y tener que cargar con esa presión tu solo.

Parece que fue ayer cuando iniciaste esta carrera en solitario y ya hace de eso 17 años. En todo este tiempo has creado álbumes magníficos, pero me llama la atención especialmente uno de ellos Duos, tríos y otras perversiones —qué mejor forma de celebrar tus 30 años en el mundo de la música—, no solo por la calidad del mismo, sino por el conjunto de músicos que conseguiste involucrar en el proyecto. Esto demuestra que eres un músico muy apreciado y valorado entre tus compañeros.

Ese disco fue muy bonito porque prácticamente a todos los que llamé, quisieron colaborar. Probablemente ese fue el momento de mayor popularidad en mi carrera en solitario. Pasaron cosas muy buenas, llené el Conde Duque, que fue un momento fantástico y hay momentos musicales maravillosos. Le tengo especial cariño a tres de las canciones de ese disco: la que hice con M-Clan, la de Lichis y la que hice con Bunbury; para mí son tres momentos muy bonitos. El tango con Javier Calamaro también fue muy bueno, de hecho esa es una versión de la que ya me apropié y toco en directo.

Y hemos llegado ya a La huesuda. ¿Qué tal está funcionando?

Bien, dentro de lo que funcionan hoy los discos. Las críticas son buenas y mucha gente me ha llamado para decirme que le había emocionado mucho, que es un disco que tiene bastante emoción. Hay gente que prefiere discos más frívolos, pero la gente que me interesa son los que han alabado el disco. Amigos que nunca me habían dicho nada, me han llamado conmovidos por el disco, para decirme que para ellos era mi mejor obra.

La instrumentación es diferente y en la composición, todos mis discos tienen algunos momentos que se dan en La huesuda, pero nunca los había aunado en un mismo disco. Aquí no doy margen para despistarse…todos los temas son más íntimos.

Los discos tienen mucho que ver con la atmósfera con la que estás viviendo y respirando y yo este disco lo compuse haciendo una gira, completamente en solitario —subiéndome yo solo a un escenario, con una guitarra, un piano y una guitarra eléctrica—. No lo había hecho nunca y fue como aprender un nuevo oficio y creo que todo eso dio lugar a este disco. Sin esa gira, probablemente el disco hubiera sido distinto.

Ariel Rot. Foto: Enrique Moragrega

Este disco llama la atención aún más porque estamos en un momento en que se cuida muy poco la calidad musical, entendida tanto como calidad de la música como de las letras o del conjunto.

Sí, se echa en falta, pero yo no quiero pensar que es porque no exista, porque sí existe. Quiero pensar que existe cierta tendencia de los medios a subestimar al público y eso hace que al final termines maleducándolo. Es una pena que no haya un espacio para cosas más complejas para la música y los textos, que todo tenga que ser tan repetitivo, tan obvio y, en cierto modo, tan chabacano.

En La huesuda vuelves a contar con la producción de Jose Nortes, tu mano derecha en el estudio de grabación.

Sí, ahí si tengo un par. Si bien no tengo una banda, en el estudio sí que tengo un socio que es Jose; yo soy muy fiel y ya llevo muchos discos con él. Es una persona muy especial, muy culta y exquisita y muy sabia. Es un placer trabajar con él y además nos divertimos mucho trabajando juntos.

Él también ha sido parte de este cambio musical??

Jose apoyó el cambio; él es la persona que escucha el material desde el primer acorde. No es el productor que se espera a que yo tenga varias canciones. Como tenemos una comunicación bastante cotidiana, desde el primer medio tema que compongo ya le llamo por teléfono y se lo canto o me paso por su estudio y nos ponemos al día. Su opinión es fundamental para mí, tanto para bien como para mal. Cuando yo no tengo mucha confianza y él insiste yo sigo adelante.

¿Qué estás haciendo ahora?

Pues he comenzado una gira con Loquillo y Leiva que hasta ahora va muy bien, sobre todo a nivel de feeling nuestro. Además estoy haciendo shows de la Huesuda, que prefiero que sean en sitos más pequeños —teatros o lugares donde la gente esté sentada— con una formación de trio o de cuarteto. En octubre voy a hacer las presentaciones oficiales de La Huesuda en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao… y luego todo lo que surja. Hoy día se hacen muchas cosas, antes las acciones eran muy evidentes y conservadoras, hoy al revés, hay que estar todo el tiempo inventando cosas. Eso es bueno porque te metes en cosas que no hubieras metido de otra forma. Ahora voy a hacer una especie de masterclass en la Fnac, en las que, acompañado de mi guitarra y teclado cuento como ha sido el proceso de creación y grabación de La huesuda.

Tú has vivido el desarrollo y crecimiento de las discográficas desde los 80 ¿Estás notando un cambio ahora con la nueva forma de promocionar los trabajos, con el auge de redes sociales, etc.?

Estoy notando últimamente algo muy jodido: que el culo de una novia tiene más visitas en Youtube que una nueva canción de un artista. ¿Dónde hemos llegado? Me parece que las escalas de valores se han modificado mucho. Eso, más que dificultar la promoción, lo que dificulta es la incorporación de la información; hay muchísima información, pero no hay tiempo para incorporarla. Asimilar una canción te lleva mucho más tiempo que una foto —tienes que escucharla, entenderla, incorporarla, etc.— por eso era maravilloso el formato del disco porque te obligaba a detenerte, a parar el tiempo y concentrarte en eso. Ahora parece que quieres que termine la canción para pasar a otra historia. Llegas a una gran cantidad de gente de una forma muy inmediata, comunicando un montón de cosas, pero lo que más te importa es que la gente paladee un poquito más tu trabajo, que es lo que te ocupó los dos últimos años de tu vida.

La facilidad de acceso a este los nuevos modelos de distribución, como por ejemplo Spotify, está favoreciendo el auge de los grupos independientes.

Lo veo fantástico. Independiente tiene un significado engañoso, porque por un lado existe una estética de lo indie y por otro existe el concepto independiente, que implica autogestión, ya seas un cantautor o hagas música celta. No solo me parece bien, sino que me parece fundamental, porque cada vez hay menos mercado para las compañías. Cada vez son más conservadoras y cada vez la producción se limita mucho más. A estas alturas yo no sé si el próximo disco me lo va a editar una compañía, incluso no sé si cuando lo saque van a existir las compañías siquiera.

Tu compones las letras de tus canciones, ¿no has pensado en escribir un libro?

No, es mucho trabajo. Lo cierto es que no me lo he planteado.

¿Ni siquiera poesía?

No, no soy un poeta, no tengo textos con tanta fuerza como para que se sostengan sin música

¿Y qué quieres hacer cuando seas mayor?

Pues creo que retirarme, no de la música, sino del negocio y tal vez de la vida urbana. En realidad, los que se tienen que hacer mayores son mis hijos; cuando lo sean, yo me retiro y me voy a vivir junto al mar.

Esperamos que los deseos de Ariel se hagan realidad, aunque, siendo egoístas, nos gustaría que siempre estuviera aquí con su guitarra y su voz, creando nuevos temas y haciéndonos la vida más feliz. Y como final de estaentrevista, nada mejor que el videoclip de este temazo llamado Para escribir otro final, incluido en su último disco, La huesuda.

ARIEL ROT “Para escribir otro final” from RARO FILMS on Vimeo.

 

 

baidewei (111 Posts)


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