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“Casa tomada”, de Julio Cortázar y cañoncitos de dulce de leche

La palabra factura tiene varias acepciones. A nosotros hoy nos interesa la sexta de la RAE, que dice:

Arg. y Ur. Conjunto de bollos y bizcochos que se fabrican y venden en las panaderías.

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Factura es el equivalente de nuestra bollería. Y el cañoncito es un tipo de factura o de bollo. Otros tipos son los vigilantes, la bola de fraile, el suspiro de monja, la bomba… Curiosos nombres, ¿no? Y más curioso aún su origen, íntimamente relacionado con el anarquismo de finales del XIX en Argentina. Y, en concreto, con la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, el primer sindicato de panaderos del país, fundado en 1887 por iniciativa del anarquista italiano Ettore Mattei. Los miembros de este sindicato rebautizaron la bollería con nombres irónicos y chistosos que hacen alusión a la religión y a los militares.

Este es, pues, el origen del nombre de la bollería argentina, nombres que perduran en la actualidad. Y seguramente no muchas personas tienen conocimiento de este hecho, romántico cuando menos, porque a menudo, el extrañamiento es más fácil para el foráneo que para el nativo. A partir de ahora, cuando degustemos una de estas ricas facturas, nuestro recuerdo irá a esos panaderos que lucharon por el mejoramiento de sus condiciones de trabajo y de vida. Y en nuestro rostro se dibujará una sonrisa cómplice.

Hoy vamos a referirnos al cañoncito de dulce de leche porque el dulce de leche está unido a Argentina, el país de Julio Cortázar, como uña y carne. Este pastelito está hecho a base de hojaldre horneado y relleno, una vez frío y con la ayuda de una manga pastelera, de dulce de leche. Por último, se espolvorea con azúcar glas o impalpable. A nosotros nos quedan así de apetecibles y siempre son un éxito tanto entre los argentinos como entre los nacionales.

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Y pensamos que mientras uno disfruta comiéndose uno o varios cañoncitos acompañado de un té o un mate, se podría leer: “Casa tomada”, de Julio Cortázar. Este cuento pertenece al volumen: Bestiario, colección de ocho cuentos, publicado en 1951.

Julio Cortázar no necesita presentación, simplemente vamos a refrescar la memoria con algunos datos biográficos y bibliográficos para situarnos con más rapidez y comodidad.

Cortázar vino al mundo en Bélgica, en agosto de 1914. La madre del autor cuenta que oía los obuses de los alemanes en el hospital; y Cortázar comenta, en una entrevista (programa de RTVE: A fondo) que: “Ese nacimiento bélico dio como resultado a uno de los hombres más pacifistas del planeta”.

Abandonada por el esposo con dos hijos, la madre de Julio Cortázar vivió en medio de dificultades económicas, sobre todo debido a la sociedad del momento, que veía con malos ojos el trabajo de la mujer fuera del hogar.

La familia residió en Banfield, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Allí Julio estudió hasta Secundaria. Después cursó estudios de Magisterio y enseñó en Bolívar y en Chivilcoy; y unos años más tarde se matriculó en Filosofía y Letras, en la sección de Letras, pero lo dejó para ayudar a su madre. Se marchó de Argentina definitivamente en 1951, descontento con el gobierno de Perón, y residió el resto de su vida, salvo algunos períodos, en París.

 A pesar de eso, Cortázar se considera argentino. Incluso cuando obtuvo el pasaporte francés, en una entrevista de enero de 1983, él afirmó que el pasaporte lo tenía en el bolsillo, pero que el corazón lo tenía más adentro del bolsillo. Además del hecho definitivo de seguir escribiendo en español y de que muchos de sus cuentos y novelas continuaran ambientándose en el gran país del hemisferio Sur. Por otra parte, conviene recordar que Cortázar nunca perdió los contactos con América Latina.

Lector precoz y voraz (es conocido el hecho de que un médico le prohibió los libros durante 4-5 meses), escribió su primera suerte de novela a los 9 años. Esa tarea no la abandonó nunca. Y por nombrar solo algunas de las más conocidas, citaremos: Los premios, Rayuela (que en 2013 cumple 50 años), 62 Modelo para armar, Libro de Manuel y El examen, entre otras.

Sin embargo, Julio Cortázar es un maestro del cuento, género en que él se siente muy a gusto. En una entrevista (marzo de 1981) sostiene: “Yo soy un cuentista, un cuentista que ama mucho las novelas y que ha tratado de escribir algunas, pero a mí mismo me encuentro más en los cuentos. Si calculo, he hecho muchos más cuentos que novelas”. Entre sus recopilaciones de cuentos destacan: Bestiario, Final del juego, Las armas secretas, Todos los fuegos el fuego, Octaedro, Alguien que anda por ahí, Un tal Lucas…, y otras. Además escribió poesía, teatro y muchísimas cartas, también a disposición de los lectores interesados.

Y por último, pero no por ello menos importante, añadir que Cortázar fue una persona preocupada por la realidad social, por los problemas del mundo y un decidido defensor de los derechos humanos. En la misma entrevista que citamos antes, el autor manifiesta lo siguiente:

No puedo dejar la literatura porque en última instancia es lo único que tengo y lo único que me va quedando, lo que pasa que cuando uno se siente latinoamericano […] se da cuenta de que la literatura no puede ser en absoluto separada de los problemas históricos de nuestros pueblos, de manera entonces que mi problema es seguir escribiendo por un lado lo que a mí me gusta hacer: cuentos y novelas y, al mismo tiempo, ocuparme de una manera militante por el destino y la lucha de pueblos como el de Chile, Argentina….

Expuesta de manera sucinta parte de la biografía de Cortázar, nos adentramos ahora en Casa tomada”, un cuento breve, pero intenso, perteneciente a Bestiario, como indicamos anteriormente. Ambientado en Buenos Aires, en concreto en Barrio Norte, cuenta la historia de dos hermanos cuya vida rutinaria se desenvuelve en una casa, hasta un cierto momento.

Se trata de una casa familiar, heredada de los bisabuelos. Es también una casa grande. Irene y su hermano llevan una existencia sistemática y repetitiva: se levantan a las 7 y se dedican a la limpieza hasta las 11, en que él continúa con la preparación del almuerzo; comen a las 12. Por la tarde, ella teje; mientras él lee o se entretiene observándola a ella.

Un día, a las 8 de la tarde, Irene tejía y él se dirigía hacia la cocina para hacer un mate cuando escuchó “algo en el comedor o la biblioteca”. Un instante después lo oyó en el fondo del pasillo, cerró inmediatamente la puerta y después echó el cerrojo. Tras preparar el mate, informó a su hermana de que la parte del fondo de la casa había sido tomada, hecho que ella acepta con docilidad.

A partir de este momento, se establece otra rutina, aunque bastante parecida. Se levantan a las 9:30 horas y limpian y hasta las 11; en lugar de ir él solo a preparar la comida, le acompaña ella, quien se encarga de hacer algo para la cena. Y la tarde la pasan como antes, ella tejiendo y destejiendo, él mirando un álbum de sellos de su padre.

Valoran los pros y los contras de la nueva situación. Echan de menos algunos objetos personales, pero, a cambio, tardan menos en limpiar y disponen de más tiempo. Y añade: “Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar”.

Otro día, estando en el dormitorio de ella y con la intención de ir a la cocina, él escucha algo en la cocina o el baño y se detiene. Ella va junto a él y juntos escuchan ruidos en “su” lado. Entonces, sin mediar palabra, caminan hacia la puerta y se quedan en el zaguán, escuchándolos. Convienen en que han tomado también su parte y, consultando el reloj, salen a la calle y cierran con llave. Para, acto seguido, tirar la llave a la alcantarilla. “No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”.

Este es el resumen del cuento. Ahora, ¿cómo se entiende y se interpreta? Cortázar explicó lo siguiente sobre “Casa tomada”:

Ese cuento fue resultado de una pesadilla. Yo soñé ese cuento. Solo que no estaban los hermanos. Había una sola persona que era yo. Algo que no se podía identificar me desplazaba poco a poco a lo largo de las habitaciones de una casa, hasta la calle.

Me dominaba esa sensación que tienes en las pesadillas: el espanto es total sin que nada se defina, miedo en estado puro. Había una cosa espantosa que avanzaba, una sensación de amenaza que avanzaba y se traducía en ruidos. Yo me iba creando barricadas, cerrando puertas, hasta la última puerta que era la puerta de la calle. En ese momento me desperté, me desperté antes de llegar a la calle. Me fui inmediatamente a la máquina de escribir y escribí el cuento de una sentada.

De “Casa tomada” se ha dicho también que era una alegoría antiperonista en la Argentina de finales de los años cuarenta. Y Cortázar no rechaza por completo esta tesis:

Esa interpretación de que yo estaba traduciendo imaginativamente mi reacción como argentino ante lo que sucedía en el país no es la mía, pero no se puede excluir. Es perfectamente posible que yo haya tenido esta sensación y que en el cuento se tradujera así, de manera fantástica y simbólica.

Este hecho pone de manifiesto que las lecturas de un texto narrativo son múltiples y que cada lector hace la suya y se apropia de una obra según su propio mundo, su individualidad.

Para empezar a hablar de este cuento, quisiera referirme a la casa. Esta es mucho más que el escenario donde se desarrolla la historia. La casa, para Cortázar, tiene protagonismo, es una especie de objeto con alma. Así se puede deducir tras la lectura de una carta de 1940, dirigida a Lucienne y Marcelle Duprat, en la que escribe: “conozco su esencia íntima, el misterio ansioso por revelarse que habita en toda pared”.

Y más adelante, en dicha carta:

Yo sé que ellas (las casas) tratan de comunicarse, de hacerse querer… Los poetas lo vieron y lo dijeron: yo balbuceo estas incoherencias, como una tentativa inútil de expresar lo que vivo. (Yo me explico los fantasmas: ¿cómo no regresar de la muerte, algunas veces, a visitar las casas queridas? ¿Cómo no acariciar las colgaduras, entornar las puertas de los armarios, asistir al lago de los espejos, entreabrir el aire de los aparadores? Yo seré un fantasma incansable, alguna vez; ¡tengo tantas casas que visitar de nuevo, diseminadas en la ciudad, en los pueblos, en las novelas, en la historia…!).

La importancia de la casa queda de manifiesto también por las palabras del hermano, que es también el narrador: “A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos”. Y más adelante: “de la casa que me interesa hablar”. Y en otro momento, cuando dice: “Cómo no acordarme de la distribución de la casa”.

Por tanto, diría que Cortázar “siente” las casas. Esto puede resultar extraño al común de los mortales, pero Cortázar sostiene que “el poeta es ese hombre que no se conforma con este lado de las cosas, sino que busca el otro lado”.

Por otro parte el hecho de que Irene, la hermana, se dedique a tejer y destejer me lleva a pensar en Penélope, la mujer que, tejiendo, aleja de sí a los pretendientes. Una mujer débil, nacida para no molestar, muy diferente a Medea, Electra o Antígona, ¿no?, mujeres con un fuerte carácter.

Señalaría también un pequeño detalle autobiográfico, cuando el narrador muestra su gusto por la literatura francesa, como el propio autor.

Julio Cortázar junto al Sena. Revista Life

Para mí estamos ante un relato fantástico, pero que enlaza muy bien con la realidad. Es decir, todo parece totalmente coherente hasta que llega ese momento que marca un antes y un después. Hay un corte, y de nuevo estamos en la rutina hasta que se produce otro brote, diría, ahora ya el definitivo, el que les expulsa de la casa y da fin al cuento.

Aunque no pretendo “comprender” el cuento, me refiero por el lado de las ideas; esta lectura me llevó a pensar inicialmente: “están locos” y, de inmediato, “pobrecitos”. Pero también me habla de otras cosas. Y me dice concretamente que los hermanos son expulsados de la casa porque mantienen una relación incestuosa, porque una relación entre dos hermano ni está bien (no en el sentido moral) ni puede terminar bien. La relación es muy cerrada, se trata de un mundo que ahoga, donde todo es repetición, carente de novedad y de sorpresa; también de un mundo de insomnio, en el que la intranquilidad y el aburrimiento no les dejan dormir.

Y es como un destino, ¿no? Así al menos lo entiendo yo cuando dice: “ambos sintieron que su destino era quedarse al cuidado de esa casa”.

Para mí también queda clara la necesidad de las personas de explicarnos las cosas que nos suceden y la comprobación de que nos conformamos y aceptamos las razones más peregrinas, porque eso nos produce una suerte de tranquilidad.

Para terminar, diría que el fantasma de Cortázar, como ya avisara él en la carta (¿Cómo no regresar de la muerte a visitar las casas queridas?), vuelve a su casa de la infancia, porque en otra parte sostiene: “yo me quedo con las casas donde he sido feliz, donde he asistido a la belleza, a la bondad, donde he vivido plenamente”. La casa de “Casa tomada” sería parecida en cuanto a amplitud y espacios a su casa de la infancia, esa que tanto nos marca.

 

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Marzo de 2013

 

baidewei (109 Posts)