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Catedral, de Raymond Carver & Bizcocho de zanahoria

Con este artículo abrimos una nueva sección que nos parece interesantísima, no solo por los artículos que la ilustrarán y por los libros sobre los que versan, sino por la deliciosa propuesta que plantean desde Lupita books & cookies, una empresa que ofrece regalos compuestos por un libro y un dulce (tarta, pastel, etc.) que lo acompaña, en perfecto maridaje con el mismo. Adoramos los dulces y nos apasiona la lectura, así que nada nos puede gustar más que la dulce lectura que nos proponen desde esta empresa.

Como decimos, este es el primer artículo con que Lupe nos va a deleitar una vez al mes hablándonos del dulce elegido y luego relacionándolo con el libro que lo acompaña en el maridaje propuesto. En este debut, a modo de presentación, Lupe os hará un pequeño preámbulo en el que os contará más cosas sobre su empresa antes de entrar en harina (¡que expresión mas bien traída! :-)). Para este primer artículo ha propuesto un conjunto que suena increíblemente atractivo. Como libro Catedral, del padre del “realismo sucio”, el estadounidense Raymond Carver y para acompañarlo, nada mejor que un postre estadounidense por antonomasia: el carrot cake o tarta de zanahoria, tan de moda ahora (¡afortunadamente!) en cafés, bistrots y similares.

Y sin más preámbulos y con la boca hecha agua, con todos ustedes…¡Lupita books & cookies!

Lupita books & cookies

Un libro y un dulce, sí, esa es nuestra propuesta, la propuesta de Lupita books & cookies. A través de una tienda online, ofrecemos un regalo que consta de un libro y algo dulce. Nuestros clientes pueden configurar su pedido según sus gustos u optar por una de nuestras sugerencias, lo que llamamos “las recomendaciones del bibliochef”.

En Lupita books & cookies disponemos de todos los libros, ya sean novela, ensayo, poesía, literatura infantil y juvenil, aficiones, teatro…, cualquier título vivo de cualquier editorial puede ser adquirido en nuestra tienda. Y también contamos con una amplia carta de dulces o postres, desde el brownie a la pasta frola, de los canutillos rellenos de crema a las barritas energéticas, pasando por las tartas de distintos sabores, cup cakes, bizcochos, alfajores… Todo hecho de forma artesanal y con materia prima de primera calidad. Y una vez realizado el pedido, lo entregamos a la persona correspondiente. Así de cómodo y así de fácil.

¿Quieres hacernos un pedido? Puedes contactar con nosotros en la dirección de correo lupitabooks@gmail.com y en el teléfono 653 496 284. También nos puedes encontrar en Pinterest y en Facebook.

Los motivos para regalar son de lo más variado: desde el nacimiento de un bebé hasta un ascenso, como detalle de agradecimiento, para animar a alguien que atraviesa un momento difícil, por el cumpleaños, para despedir a ese compañero de trabajo que se marcha… ¡Motivos no faltan! Y es un regalo realmente original.

El dulce: carrot cake o bizcocho de zanahoria

El pequeño equipo de Lupita books & cookies empezó el año con un maravilloso viaje a Nueva York y una de las cosas que nos ha llamado la atención de allí han sido los carrots cakes o tartas de zanahorias.

El uso de la zanahoria en repostería es muy antiguo y se explica por el hecho de que este vegetal presenta un alto contenido en azúcar. Por tanto, en épocas tan tempranas como la Edad Media, cuando los edulcorantes escaseaban y no estaban al alcance de la mayoría, realizar preparados dulces a base de zanahorias fue algo habitual.

La primera receta de pudin de zanahoria apareció en el libro: El arte de la cocina fácil y claro (The Art of Cookery made Plain and Easy), de Hannah Glasse, en 1747. Durante mucho tiempo, este libro fue un manual de referencia para los cocineros de habla inglesa, tanto para los isleños como para los de las colonias americanas. El libro fue reimpreso hasta en veinte ocasiones, fue un best sellers. Según Wikipedia, a pesar de los beneficios que obtuvo por la venta de los libros, su autora ingresó en prisión debido a unas deudas que contrajo, pero este es otro asunto. Pasó el tiempo y esta receta quedó ahí, hasta que fue recuperada en Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, debido al racionamiento del azúcar.

El carrot cake entró en los libros de cocina de Estados Unidos a principios del siglo xx, pero su consumo no se hizo masivo hasta la década de los sesenta. A partir de entonces, formó parte de las cartas de numerosos restaurantes y pastelerías y ahora en Nueva York lo hemos podido ver en múltiples presentaciones. He aquí algunas:

Este carrot cake es de la cadena Junior’s y presenta cobertura solo por encima:

 

Este otro es de Zaro’s Bakery:

 

Hay numerosas variedades de tarta de zanahoria. En Lupita books & cookies, partiendo del mismo bizcocho, nosotros ofrecemos distintas versiones.

Por ejemplo, esta con un glaseado de azúcar y limón:

 

Esta otra con relleno y cobertura a base de queso y ralladura de naranja:

 

Y aún tenemos esta otra, que además del relleno y la cobertura de queso, tiene nueces por encima:

 

Carrot cakes para todos los gustos. Pero todos tienen en común la jugosidad de la zanahoria y el hecho de no ser demasiado dulce. A la vista quedan las enormes diferencias entre los preparados de forma industrial y los artesanos, ¿verdad?

El libro: Catedral, de Raymond Carver

Y mientras comemos esta tarta jugosa, tan estadounidense, con tanta tradición, tan saludable… ¿qué podríamos leer? Lupita books & cookies propone: Catedral, de Raymond Carver. Se trata de uno de los grandes escritores de las últimas décadas, sobre todo, en el género del relato. Nacido en 1939 en el estado de Oregón, vivió casi toda su vida y murió en el de Washington, en 1988, bastante joven. Hijo de padre alcohólico, él también padeció este mal, aunque en sus últimos diez años de vida se mantuvo alejado de la bebida.

Desde el punto de vista literario, se le adscribe a la corriente denominada realismo sucio. Carver retrata a gente común: trabajadores manuales, parados, personas sin principios, insensatos, gente que vende cosas imposibles, parejas a la deriva…

Dice el autor: “Pienso que es bueno que en un relato haya un leve aire de amenaza… Debe haber tensión, una sensación de que algo es inminente”. Y tanto que la hay, la hay en los doce relatos que conforman este volumen. Sus títulos son: Plumas, La casa del chef, Conservación, El compartimento, Parece una tontería, Vitaminas, Cuidado, Desde donde llamo, El tren, Fiebre, La brida y el que da título al libro: Catedral.

Merece muchísimo la pena leer todos los relatos, sin embargo, hemos elegido Catedral. Como dice Valéry: “La belleza es una cuestión privada; la impresión de reconocerla y sentirla en un instante determinado es un accidente […] Nunca es seguro que un objeto concreto nos seduzca, ni que habiendo agradado (o desagradado) en tal ocasión, nos guste (o disguste) en otra […] Esta incertidumbre que desbarata todos los cálculos y todos los cuidados y que permite todas las combinaciones de las obras con los individuos, todos los desalientos y todas las idolatrías, hace que la suerte de los escritos participe de los caprichos, de las pasiones y variaciones de cualquier persona ”. Queremos decir con esto que no pretendemos sentar cátedra; vamos a centrarnos en este relato por muchas razones, algunas de las cuales quizá, se irán deduciendo poco a poco.

La narración comienza así:

El sábado por la tarde fue a la pastelería del centro comercial. Después de mirar las fotografías de pasteles pegadas en las páginas de una especie de álbum, encargó uno de chocolate, el preferido de su hijo. El que escogió estaba adornado con una nave espacial y su plataforma de lanzamiento bajo una rociada de blancas estrellas, y con un planeta escarchado de color rojo en el otro extremo. El nombre del niño, scotty , iría escrito en letras verdes bajo el planeta. El pastelero, que era un hombre mayor con cuello de toro, escuchó sin rechistar mientras ella le decía que el niño cumpliría ocho años el lunes siguiente.

Aparentemente, ir a encargar una tarta de cumpleaños para un niño es una cosa sin mayor importancia o una tontería; también podría ser una tontería el siguiente acto que se describe:

El lunes por la mañana, el niño del cumpleaños se dirigió andando a la escuela con un compañero. Se iban pasando una bolsa de patatas fritas, y el niño intentaba adivinar lo que su amigo le regalaría por la tarde.

Sin embargo, el propio título nos pone sobre aviso, seguramente algo terrible se cierne sobre los protagonistas. Matrimonio joven, formado por Howard y Ann. Él tiene un máster en administración de empresas, un matrimonio feliz, padres y hermanos bien establecidos. Ella es un ama de casa felizmente casada y madre de un niño. Y sí, llega el desastre. El mismo lunes por la mañana, cuando el chico va de camino al colegio, un coche lo atropella. El conductor se da a la fuga. El niño puede volver solo a casa. Después de contarle a su madre lo sucedido, pierde el conocimiento y no despierta más.

A partir de ese fatídico momento, se desata el calvario. Los médicos dicen que el niño tiene bien las constantes, la temperatura, solo está conmocionado y debería despertar, pero el tiempo pasa y el niño no recupera la conciencia.

Entre tanto, aumentan el cansancio, la preocupación y el miedo de los padres. Además, lo que ven y viven en el hospital es desalentador: una familia negra sufre por el navajazo que le han dado a su hijo; el dolor crea algún tipo de unión o solidaridad entre las dos madres, pero tienen tanto miedo y sufren tanto que son incapaces de hablar. Ann incluso se pierde cuando pretende salir del hospital.

Entre tanto, cada vez que Howard o Ann se acercan unos minutos a su casa para descansar o cambiarse, suena el teléfono y un hombre dice que se trata de Scotty. Finalmente, el niño muere, víctima de una oclusión oculta, al cabo de dos días y medio infernales.

Como hemos contado unas líneas más arriba, Carver describe con detalle el miedo, la angustia y el terrible dolor de esos padres cuya vida, en poco minutos, ha quedado devastada y vuelta del revés.

El matrimonio se marcha a casa y, de nuevo, alguien llama por teléfono y pregunta si se han olvidado de su Scotty. Ella, en medio de un ataque de ira y rabia, recuerda de pronto el encargo de la tarta de cumpleaños y, junto con su esposo, se dirigen al centro comercial. La mujer es presa de un ataque de cólera que desaparece de la misma forma súbita que llegó, después de unos momentos de extrema tensión con el pastelero. Informado de la desgracia, este les invita a café y bollos de canela recién sacados del horno. La pareja come y come mientras el pastelero les cuenta la cantidad de banquetes y tartas que prepara, de la cantidad de diminutas parejas de novio que ha colocado sobre tartas de casamiento… miles hasta la fecha, para terminar añadiendo que:

 Su trabajo era indispensable. Él era pastelero. Se alegraba de no ser florista. Era preferible alimentar a la gente. El olor era mucho mejor que el de las flores.

Huelan esto dijo el pastelero, partiendo una hogaza de pan negro. Es un pan pesado, pero sabroso.

Lo olieron y luego él se lo dio a probar. Tenía sabor a miel y a grano grueso. Le escucharon. Comieron lo que pudieron. Se comieron todo el pan negro. Parecía de día a la luz de los tubos fluorescentes. Hablaron hasta que el amanecer arrojó una luz pálida por las altas ventanas, y ni se les ocurría marcharse.

La última frase: “y ni se les ocurría marcharse” es absolutamente precisa y conmovedora. Comiendo pasteles, dando placer a sus papilas gustativas, disfrutando de los delicados aromas, como el de la canela, de las texturas, del calor del obrador… encuentran consuelo ante uno de los sufrimientos más terribles que puedan existir: la pérdida de un hijo.

“Parece una tontería” es una muestra de la atmósfera sombría, desoladora, inhóspita y glacial en que Carver ambienta sus historias y sitúa a sus personajes, hacia los cuales el lector tiene que dejar atrás cualquier atisbo de enjuiciamiento y no puede experimentar hacia ellos más que una tremenda compasión.

 

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