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Diario de una media naranja…Y tiene bigotes la cosa

Mi Santo y yo parecíamos los protas de una peli de esas en las que uno está en Boston y otro en California, siempre viviendo a caballo (bueno en Seat Ibiza) entre su ciudad y la mía ¡Cuánto nos queremos y que bien nos va, somos superfelices de la muerte!… ¡Ay amiga, eso era antes, antes de que decidiéramos por fin, vivir en plan la Gran Familia y uno Más! bueno, dos, y el más…

Sabido es por todos los que me conocen que mi casa es mi Castillo, un castillo moníiiiisimo, rosa, morado y muy muy afrancesado, cuajado de muebles blancos decimonónicos que me han costado una pasta (bueno, me costaron, ahora el INEM no quiere darme una tarjeta de crédito y en su lugar me ha dado un horroroso carné de paro, ¡Que feo y que poco glamour!), muebles maravillosos que lucen esplendorosos en mi casa igualmente decimonónica, regia y casi monárquica. Digo casi, porque mi pequeño bebé es malísimo, y aunque adoro a mi pequeña galletita, no me hace caso alguno y me tiene un sofá destrozadito perdido ¡Que malota es! pero es que es tan adorable mi bebecito. Hay quien dice que ha salido a mí, por lo avispada, astuta y mona que es, y no me extraña, porque el día que la adopté lo primero que dije fue ¡Quiero un gatito que se parezca a mí! ¡Et voilà! me dieron a mi Galletita. Clavaditas somos.

Pero a lo que iba, que es que yo me pongo a hablar de mi pequeña “cuchi-moni-churripuchi-moñimoñi”, y me pierdo. Pues eso, que a pesar de la maravilla de casa donde mi Galletita y yo somos felicísimas y súper queridas por todos los vecinos, por todos los vecinos con los que me llevo bien, claro, vamos, ninguno, pero como yo les odio a ellos el doble que ellos a mí, me importa un rábano lo que digan de mí y de mi Galletita; así que dados los tiempos que vivimos, lo achuchada que está la cosa, mi Santo y yo decidimos que lo mejor era vender nuestros pisos, ambos regios y maravillosos (bueno, la verdad sea dicha, su casa era vieja y sin encanto, pero sobre la idea de casa señorial, cada persona es un mundo, menos mal que la ha vendido…¡Que horrorosa eraaaaaaaaaaa!) y comprarnos uno más modestito y por fin, poder dejar el Ibiza para ir al Hipercor y menos viaje va y viaje viene, y qué diantres, empezar una nueva vida lejos de mis vecinos, de los cuales me despedí pintándoles en las puertas: ¡Que os den, chusma!.

Y contra todo pronóstico ¡Logramos vender ambos pisos!, incluido el suyo… ¡Que feo era! Qué maravilla empezar una nueva vida, con quien amas, con quien te ama, en una nueva casa, con muebles preciosos, pajarillos cantando en la ventana al despertarme y ayudándome a vestirme cada mañana ¡Qué bonito es la vida en pareja!

Y entonces surgió el gran dilema:

−Nena, ¿Porqué nunca me dijiste que Galletita araña todo lo arañable y más allá? ¿Y por qué nunca hiciste mención a esa pérdida perpetua de pelo por toda la casa? –dijo mi Santo−¿Y por qué le permites que esté sentada lavándose sus partes nobles mientras comemos en la mesa? ¿Qué diablos hace ella subida a la mesaaaaaa? y además, me mira mal, me ha cogido manía.

−Cielito, es normal ¿Cómo le vas a gustar si no le dejas que arañe tu sillón de piel? eres de un insensible…y ayer te vi hacerle caras cuando intentó dormirse sobre tu cabeza. Yo no es por nada, pero así, no le vas a caer bien nunca. ¡Ay mi galletita como se sube por el escritorio y se tumba en el ordenador de papiiiii, que me la como, es que me la comooooo!

Así seguimos pasando días la mar de felices, sitio nuevo, nuevos amigos, nuevos gatitos que adoptar, esto es la gloria. Mi Santo, no sé porqué, sigue empeñado en hacer enfadar a Galletita ¿Pues no dijo el otro día delante de ella, que donde íbamos a meterla cuando naciera nuestro hijo? ¿Hijoooo, que hijooooo? de eso nada, Galletita hija única, que se me traumatiza. Que falta de tacto y de sensibilidad. A pesar de tener una habitación para ella sola, con una camita rosa con dosel, un silloncito moradito y muchos parques de actividades, decidí que esa noche durmiera con nosotros para que vea que todo era una broma y que en realidad si la queremos y mucho ¡Dale un besito a Galletita, cielito, que vea que la quieres, anda!

Pero Galletita no era del todo feliz, la hostilidad de mi Santo hacía mella en mi bebecito, y me vi en la necesidad de traer dos pequeñines más, solo de acogida de momento, para que les demostrara que la que manda es ella, y así subiera su autoestima gatuna. Y ahora somos una gran familia, con Galletita, Gominola y Lacasito, y…y… ese que… ¿Cómo se llama ese que vive con nosotras? ¡Ah sí, mi marido! mi Santo.

Lo que no entiendo es cómo no se le ha ablandado ya el corazón ante estas tres ricuras adorables y peluditas ¡Y qué uñitas tienen, como arañan el sillón de cuero, con una gracia…! yo me muero de amor por mis bebecitos; pero mi Santo no hace más que poner pegas, que si los gatos (ni siquiera los llama bebés…) le miran mal, que si no le dejan tumbarse en la cama, que si le han meado el sillón, que si se rascan adrede cuando se pone el pantalón negro para que le caigan encima los pelitos de mis nenas, que si porqué vendería su piso ¿Qué porqué? porque era horroroso cielito, y porque me quieres mucho y yo te quiero más a ti ¡Que te como, es que te comooooo!

Lo último de mi Santo ya no hay quien lo aguante, se ha pasado tres pueblos y cinco aldeas manchegas, ¿Pues no me llaman el otro día desde el hospital, justo en el momento en el que iba a cepillar a los bebés, y me dicen que lo han ingresado con un ataque de alergia? ¿Será posible? ¿Y para qué existen los antihistamínicos? molestarme para tonterías nada más. Pero la cosa era más seria de lo que yo pensaba, mi pobre Santo no podía convivir con los bebés, imposible. Y con todo el dolor de mi corazón, pudo más el amor y la responsabilidad que otra cosa, y Dios sabe que me dolió más que nada, pero hice lo que tuve que hacer…MANDARLE CON SU MADRE.

Siento haber privado a mis tres bebés de su papi, pero no puedo arriesgarme a que les pegue nada a mis nenas, para mí, que esa alergia es lupus o algo así, que no he oído yo nunca que nadie tenga alergia a los gatitos adorables y suavecitos. Sacaré el Ibiza de nuevo y un fin de semana alterno, iremos a visitarlo un rato para que las nenas no se sientan solas y sin figura paterna. Y espero que la próxima vez que vayamos, haga el favor de dejar de estornudar y rascarse esas horribles ronchas que tiene por todas partes ¡Que desagradable!

Bueno mi cielito ¡Montoncitos de besitos, y no olvides que te quieroooo! y tampoco te olvides de pagar la hipoteca y pasarme la manutención de las nenas. ¡Es que te como, es que te comoooooooo!

Yolanda Toledo Villar

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Yolanda T. Villar (2 Posts)


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