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Drummond, Bopp, Cabral y Moraes

Erick Ramos Solano

La pequeña antología O melhor da poesia brasileira (José Olympo, 2013, 160pp.) podría parecer, para el lector desatento, arbitraria e injusta. No es por nada que los geógrafos oficiales del Estado llamen «o “continente” brasileiro» (Brasil. A terra e o homem, 1968) al enorme territorio que el Atlántico baña de norte a sur. Un puñado de los más grandes poetas en lengua portuguesa no podría ser de tan solo cuatro ni mucho menos solo del siglo XX. Pero he ahí que hayamos el verdadero valor de la colección: Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), Raul Bopp (1898-1984), el escritor pernambucano João Cabral de Melo Neto (1920-1999) y Vinicius de Moraes (1913-1980) representan un largo proceso literario nacional que Eduardo Subirats diría es el más importante de todos los movimientos dados en el continente, pues supuso el origen de una modernidad netamente americana, polifacética, radical y, en lo poético, el estallido de una voz por fin auténtica y revolucionaria.

O melhor da poesia brasileira

Drummond de Andrade había editado siendo un jovencito A revista, valioso documento de difusión del modernismo brasileño en Minas Gerais (su tierra natal), que había empezado años antes con la Semana de Arte Moderno de São Paulo de 1922. Su obra, «marcada pelo sentimento e pela descoberta da vida» (157), guarda íntima relación con la obra de otro gran vate nacional: Raul Bopp. Bopp, compañero de Tarsila do Amaral y Oswald de Andrade —dos piezas claves del mencionado movimiento que supuso el renacimiento de las letras brasileñas—, ganó reconocimiento nacional gracias a Cobra Norato (1931), la obra más representativa del movimento antropo fágico pues en ella la Amazonía pasaría de un oscuro e infinito laberinto a ser el núcleo del pensamiento de un mundo nuevo descolonizado. Nadie como Darcy Ribeiro y sus reflexiones sobre o povo brasileiro para ayudarnos a entender cómo la violencia formó la conciencia de estos hombres en el desamparo de la dominación colonial y la esclavitud. Lea los poemas “História do Brasil em quadrinhos” (60), “Tupanciretã” (70), “Libido brasileira” (74) y sienta cómo esas «terras do Sem-fim» lo atrapan en el mismísimo «ventre do mato mordendo raízes» (76).

Pedra do sono (1942 ), O cão sem plumas (1950) y Morte e vida Severina (1960) colocan a Cabral de Melo Neto como el inaugurador de una nueva forma de concebir la creación poética al revelar «a tentativa de desvendar os elementos concretos da realidade» (158). Ganador del Camões y del Reina Sofía, Cabral de Melo Neto es uno de los poetas fundamentales en lengua portuguesa, poco leído por ese otro lado del continente de habla hispana que conoce poco o nada, más allá del cliché del baile y el balón. Tal vez no ocurra lo mismo con el último antologado.

Nacido en Rio de Janeiro, Vinicius de Moraes, «poeta radical do paixão» (reza la solapa del libro), es sin duda una de las figuras capitales de la música popular brasileña contemporánea. Formado en la Universidad de Oxford, diplomático, compositor y poeta de lo cotidiano y os grandes temas sociais. Moraes no solo fundó junto con João Gilberto, Carlos Lyra y Baden Powell ese precioso surtido de jazz y samba llamado bossa-nova, y no solo compuso con Tom Jonbim —ese otro monstruo— Garota de Ipanema y Chega de saudade, sino que es considerado por muchos un sonetista eximio (según Paulo Mendes en su Forma e expresão do soneto de 1952) y escribió poemas tan logrados como “Elegia desesperada” (117), “(O desespero da piedade)” (120) y “Balada dos mortos dos campos de concentração” (138), reunidos en este valioso librito azul.

Téngase pues, querido lector, por bien servido.