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El ángel de lo extraño

Nunca había visto juntas tantas obras inquietantes: ruinas, supersticiones, obsesiones, bosques sombríos, deseos secretos, espectros, noches de plenilunio, calaveras, libertinaje, vampiros, sectas, monjes satánicos, castillos derruidos, brujas, demonios esqueletos, pesadillas, fantasmas …

Todo es pavor, terror, espanto, ¡pero todo es arte!, un arte que encanta y absorbe.

Un arte que nació en la sombra del siglo de las Luces y que explora la cara escondida del mundo racional, el lado secreto de nuestro SER racional

Una exposición delirante: L’Ange du Bizarre (El ángel de lo extraño) en el Musée d’Orsay, en Paris, título que proviene de The Angel of the Odd, un cuento satírico del escritor estadounidense Edgar Allan Poe.

La muestra presenta el romanticismo negro de Goya a Max Ernst y engloba cronológicamente tres épocas: la primera, el periodo  1770 – 1850, en la que se produjo el nacimiento del “romanticismo negro” (término creado en 1930 por el historiador italiano Mario Praz); la segunda, el periodo 1860 – 1900, con las variaciones aportadas por el simbolismo y ya, en el siglo xx, el redescubrimiento de este movimiento por los surrealistas.

Cartel de la exposición. foto M.T.

Nacimiento del Romanticismo negro

Casi al mismo tiempo que Goya excavaba el subconsciente, principalmente en sus grabados, habitados por heréticos, brujas y caníbales, el gusto por “lo negro” electrizaba Gran Bretaña con Blake venido de Brooklyn,  Füssli

En Alemania Caspar David Friedrich provocaba escalofríos creando una naturaleza sublime y deshumanizada en las cumbres alpinas, en los bosques densos, en los cementerios y en las noches de luna llena

En Francia Géricault presentaba sus cadáveres y sus caballos desenfrenados y llenos de pánico, Delacroix su convulsivo  Sabbat de brujas.

En esta época, lo horrible atrae a El teatro de la crueldad (movimiento, inspirado en las ideas del escritor francés Antonin Artaud), las infinitas variaciones de la violencia fascinan a una sociedad que Freud no ha explorado aún. El gusto por la visión del subconsciente es una fuente de inspiración desbordante.

El comisario de la exposición, Cosme Fabre, insiste en la importancia de Goya en este movimiento.

Goya es efectivamente una personalidad muy importante, porque ilustra la ambigüedad del romanticismo negro. Es un hombre de las luces, exasperado por las supersticiones del oscurantismo popular, pero al mismo tiempo fascinado por el poder creativo e imaginativo de esa cultura.

Johann Heinrich Füssli (1741-1825) Las tres brujas (The Three Witches), 1783

 

En este cuadro inspirado en Macbeth de Shakespeare, Macbeth consulta a las tres brujas sobre su porvenir. Estas le anuncian que será rey. Macbeth mata al rey Duncan.

El papel de las brujas es de atizar en Macbeth el deseo de poder.

…Las brujas señalan algo invisible: las pulsiones negras que existen en cada uno de nosotros

Vuelo de Brujas. Francisco de Goya (1798)

Me llamó la atención este cuadro de Goya que he debido mirar repetidas veces en el Prado sin realmente verlo.

El mundo de la brujería estaba muy en boga a finales del siglo XVIII. A pesar de los desvelos de la Ilustración por eliminar la superstición de la sociedad española, lo demoníaco atraía a buena parte de los españoles sin distinción de clase social.

En este pequeño lienzo observamos a unas figuras semidesnudas tocadas con largos capirotes y con faldillas llevando en volandas a un hombre desnudo. ¿Qué le están haciendo?, ¿le están mordiendo? ¿lo besan? ¿le soplan? El hombre parece gritar de dolor…

Bajo el grupo de brujas aparecen varios personajes: uno de ellos se tumba en el suelo y se tapa los oídos —¿Tal vez para no oír los gritos de la víctima?— y otro se cubre la cabeza con una tela y con su mano derecha parece que hace la higa para conjurar el mal de ojo

Al fondo, a la derecha, se divisa la silueta de un burro. El episodio tiene lugar en la noche, las figuras se recortan sobre un fondo oscuro. Las dos partes están iluminadas con la misma intensidad por una luz fantasmal. Realidad e imaginación parecen convivir.

Posiblemente Goya quiera criticar al pueblo supersticioso que cree todas las historias que se cuentan, comparándolo con el paciente burro que sigue comiendo haciendo caso omiso al espectáculo.

Mutaciones simbolistas

Después de irrigar el romanticismo, las visiones alucinantes van a nutrir el movimiento simbolista que investiga lo sublime, pero también lo oculto y lo hermético y lo representa a través de mitos y símbolos..

A finales del siglo XIX el mundo occidental sufre cambios profundos: guerras, segunda revolución industrial, confianza en el positivismo científico… muchos intelectuales se exasperan de la hipocresía agobiante, de las convenciones morales y artísticas burguesas sometidas a las apariencias. Los simbolistas quieren ir más allá de las apariencias analizando los meandros recónditos del ser humano y de la sociedad.

En este contexto resurge el romanticismo negro ahora más urbano y más pragmático.

Lo inquietante y lo extraño se encuentra en las metrópolis modernas. La resurgencia de brujas, vampiros y danzas macabras están ligadas a la obsesión de fenómenos sociales como la prostitución y las enfermedades venéreas.

La teoría de la evolución de Darwin y la filosofía pesimista de Schopenhauer crean la angustia de la degeneración de la humanidad.

El mito de la Madre Naturaleza heredado de Rousseau aparece ahora en una versión terrorífica: la Naturaleza es una fuerza que lo devora todo, un motor de destrucción.

Schewal, Gustave Moreau, Duvocelle, Dardé, Ensor, Rops, Kubin, Redon o Munch rivalizan en mujeres pecadoras, satanismo y orgías escalofriantes.

La muerte y el enterrador. Carlos Shawe (1900). Eterno dolor. Paul Dardé (1913)

La muerte y el enterrador 1900 de Carlos Shawe, cuadro de gran belleza, es el elegido para el cartel de la exposición. La belleza del ángel verde y azulado contrastan con el cromatismo frío del cementerio. El enterrador parece subyugado ante esta aparición.

Eterno dolor de Paul Dardé. Esta escultura de cabeza femenina rodeada de serpientes, que evoca a Medusa, Paul Dardé denuncia la prostitución de finales del XIX y principios del siglo XX. La sociedad diaboliza a las prostitutas mientras que éstas son sólo víctimas de la sociedad burguesa y puritana. El escultor asocia el destino trágico de de la prostituta con el de Medusa, virgen injustamente castigada y violada por un dios.

El Surrealismo “negro”

El surrealismo es una de los movimientos artísticos que surgieron frente a lo absurdo de la primera guerra mundial. Si el dadaísmo aplicaba el principio de la deconstrucción irónica pretendiendo hacer tabula rasa de todo lo anterior, los surrealistas, al contrario, bañados por la literatura y por la poesía romántica, hicieron resurgir las antiguas formas de subversión, entre ellas el romanticismo negro.

Para los surrealistas el romanticismo negro representaba el anticonformismo estético lleno de contrastes: mezcla de sublime y cómico; de crueldad y sensualidad. Por otra parte, los surrealistas, pintores de imágenes oníricas, aficionados a los “cadáveres exquisitos” y amantes de la ilusión, la fantasía y el exceso, encontraron en el romanticismo negro la importancia creadora y poética del azar, del sueño y de y de la abdicación de la razón para dar rienda suelta al vértigo de las manifestaciones incontroladas del cuerpo y del inconsciente.

Dalí está fascinado por el universo de Böcklin, Brassaï persigue la inquietud extraña en la cuidad moderna Masson, Bellmer y Jeandel rinden homenaje al marqués de Sade. Algunos aficionados al espiritismo y al exorcismo presentan cianotipos (fotos de espíritus). A Paul Klee y a Max Ernst les obsesiona el tema del bosque legado por Caspar David Friedrich.

Muñecas torturadas. Hans Bellmer (1935)

Aunque esta exposición presenta pocos ejemplos de novela negra (considerada como un arte menor en los siglos XVIII y XIX) nos muestra, a través de 200 obras, un siglo en plena mutación a la vez libertino y supersticioso, revolucionario y nostálgico libre pensador y espantado de sus propias audacias.

Los románticos adoraron sumergirse en los abismos de lo irracional; los simbolistas, los surrealistas y el cine fantástico siguieron sus huellas. Durante el recorrido de la exposición se pueden ver secuencias de obras cinematográficas herederas del romanticismo, como Nosferatu el vampiro (Alemania 1922), Franskenstein (Estados Unidos 1931), Un Perro Andaluz (Francia, 1929), etc.

 

Mayca Tamain

 

 

 

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