When you install WPML and add languages, you will find the flags here to change site language.

El armario

Me sobrecogen las puertas de los armarios si no están perfectamente encajadas. No es tanto que no estén cerradas. La sensación se me produce cuando no están ni abiertas ni cerradas y se quedan en un a mitad de camino, en ese estado que llamamos “entreabierto”. No me gustan los a mitad de camino, en general. Normalmente significan haber abandonado el origen para no ser capaz de llegar a destino alguno, ni querido ni no.

Quizá todos nosotros nos quedamos entreabiertos ante la falta de un objetivo bello al que dirigirnos, quizá nos falte la voluntad real de andar ese camino hasta completarlo no vaya a ser que tropecemos, quizá sea el miedo lo que nos paralice o esa forma de no querer sentirlo que nos convierte en cobardes y nos aleja, quizá, sólo quizá, de lo más anhelado, o de nuestros sueños más valientes, ésos, únicos, que nos hacen verdaderamente felices porque sabemos que no haremos de ellos mas que eso, sueños.

El sobrecogimiento es aún mayor si la apertura entre las puertas es pequeña y estrecha. Es entonces cuando se me aparece EL ABISMO… y la constatación de que la realidad ha abierto una entrada cuando menos inquietante a un desconocido mundo oscuro habitado por cosas y seres malignos que sólo tienen como objetivo EL MAL. No tengo la menor intención de asomarme. Me da miedo ¿qué habrá en verdad ahí? ¿qué extraño proceso de transformación habrán sufrido mis pantalones y vestidos?…

relato corto misterio intriga carmen honrado armario

Harry Chen “Half open or half closed” 07/10/2009 via Flickr, Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs

Hay veces en que me acerco. Quiero cerrar. El problema, el verdadero horror, viene cuando el pensamiento se invierte para concluir que sea lo que fuera que vive dentro del armario ahora tiene una posibilidad de salir, de escapar de su destino de encierro y hacer daño y atacar. Cuando estoy próxima a la puerta siempre tengo la impresión, como en los clásicos de cine de terror, de que un vapor penetrante y en alto grado dañino es exhalado hacia mi en la respiración honda que presiento se produce en aquél interior claramente transformado. El armario cobró vida en el momento en que el aire penetró a través del hueco de esa puerta mal cerrada. Y ahora vive. Respira trabajosamente expulsando de cada vez esta neblina que de forma inexorable va a envolverme para que caiga de lleno en ese agujero negro al que no quiero ir. En el último de mis pasos, con la mano en el pomo, percibo el frío que llega desde el interior abrazándome tenuamente. Este hielo que termina por invadirme es como un presagio de lo que sucederá si finalmente me precipitara hacia ese vacío. Nueva sensación de pánico. ¿Qué cosa puede morar ahí con este frío gélido? Nada bueno, me contesta el miedo que me tiene atrapada desde hace un rato. Al final, aún faltándome el valor pero haciendo uso de la temeridad que suele acompañarme, cierro. El golpe es seco, rápido. Me sacudo alrededor. Hago aspavientos en apariencia sin sentido. Es por la niebla pegajosa que aún siento pretende colarse por las ranuras de mi propio yo. Deseo quitármela cuanto antes.

Ya desde lejos miro el armario, inocente, inanimado, tan coherente en sus formas con el resto del mobiliario del cuarto que yo misma elegí, que sonrío a mi propia insensatez de hace unos segundos.

Y luego viene la reflexión: “son tus propios temores los que salen del armario ¿cómo has conseguido meterlos ahí ?” No tienes ni idea. Pero lo que sí sabes es que habrás de enfrentarte a ellos cada vez que una miserable puerta quede mal cerrada en cualquier lugar del mundo.

 

baidewei (111 Posts)


0