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El olor de la chirimoya, de Jesús Toral Fernández

Una pregunta frecuente de mis alumnos y alumnas es cuál es la emoción básica que nos otorga mayor calidad de vida. No se suele llegar a un consenso para dar respuesta a esta pregunta, quizá porque nos dejamos llevar por el afán que tenemos los psicólogos de estudiar las diferencias individuales, pero casi todos coincidimos en que la peor manera de vivir es teniendo al miedo por acompañante.

El miedo es una emoción básica, como la alegría, la tristeza o la ira. La característica que mejor lo define es un intenso sentimiento desagradable provocado por la percepción de un peligro real o no, presente, futuro o incluso pasado. Este intenso sentimiento nos paraliza impidiendo que actuemos libremente.

Con la amenaza de un peligro e invadidos por el miedo convivieron los familiares de Jesús Toral Fernández a finales del siglo XIX, en Otívar, un pueblecito de la serranía tropical de Granada. Jesús cuenta esta historia en su novela El olor de la chirimoya

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El olor de la chirimoya  (Editorial Círculo Rojo), está basada en hechos reales. Parte del nacimiento de Cristóbal y cuenta la historia de Otívar desde esa fecha; una historia vinculada al Marquesado de Cázulas, un sistema aún caciquil y autoritario a finales del siglo XIX. María, una de las hijas de Cristóbal, ciega desde niña, recuerda en el ocaso de su vida los motivos por los que su padre estuvo a punto de ser ejecutado. El relato de esta terrible injusticia, como tantas otras en un entorno eminentemente rural, trae a la memoria la imagen de una España decadente que conocen bien nuestros mayores. Esta novela pretende ser un homenaje sentido a toda una generación que supo sacrificarse a costa del duro trabajo en el campo andaluz para ofrecer a sus descendientes una vida mejor. Una narración llena de verdad, de sentimientos y que nace de la necesidad de clamar a voz en grito por todas las iniquidades que vivieron nuestros abuelos y los padres de estos.

El autor puso punto y final a la obra tras un duro trabajo de investigación en archivos, hemerotecas y juzgados con el objetivo de reconstruir lo más fielmente posible la historia, pero muchos de los datos que él buscaba se habían quemado y, por tanto, eran irrecuperables, así que la información que le faltaba la extrajo de su imaginación.

En el primer borrador de la obra no aparecía una de sus protagonistas, pero tras la primera lectura el autor observó que a la historia le faltaba la fuerza, el valor y el coraje de María, su tía María.

Su autor

Jesús Toral Fernández, eligió nacer en Ordizia, un bonito pueblo del interior de Guipúzcoa, aunque su padre había emigrado desde Úbeda (Jaén) y su madre desde Otívar (Granada). Su primer recuerdo le retrotrae a la edad de 4 años cuando ya había decidido en qué quería convertirse de adulto: en médico, para curar a su madre que tenía unos problemas de visión que la fueron dejando ciega poco a poco, y cantante, para explotar sus aspiraciones artísticas. Pocos años después, entró a formar parte del grupo de teatro de Ordizia donde protagonizó 3 ó 4 obras que le dieron algunas de las mayores satisfacciones de su juventud.

Estudió periodismo en la Universidad del País Vasco y trabajó en varios periódicos guipuzcoanos (El Diario Vasco, Egin, Egunkaria, El Mundo del País Vasco) y en radio (Onda Cero, Radio Segura), siempre haciendo trabajos esporádicos que no tornaban en un contrato definitivo. Así fue como descubrió que si era un periodista vocacional y quería vivir de ello, debía abandonar su pueblo.

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Foto cedida por Jesus Toral.

Con 27 años se fue a Madrid y trabajó descargando camiones o vendiendo detergente, sólo durante un par de meses, el tiempo que le costó entrar en una empresa de comunicación (Prensa Técnica) donde desempeñó labores de responsabilidad en varias revistas de informática. Fue redactor de un semanario de economía (Tu negocio). En ese momento, empezó a soñar con trabajar en televisión y envió curriculums vitae por Andalucía.  Ahí comenzó su carrera en la pequeña pantalla, una carrera que, según sus propias palabras, comenzó de forma “descendente”, ya que empezó en una televisión nacional (Telecinco, como redactor de Granada), continuó en una televisión autonómica (Canal Sur, con el programa Tesis), para seguir en una televisión local (Mira Televisión) como jefe de informativos. Él piensa que si hubiera habido una televisión de barrio habría sido el siguiente paso; pero no fue así. A continuación le llamaron de nuevo de Canal Sur, para trabajar en  Andalucía Directo y en la actualidad es feliz haciendo un programa en el que los periodistas pueden ayudar a la gente (Tiene Arreglo) que se emite en las mañanas del canal público andaluz. Allí se encarga de las provincias de Granada y Almería y ha conocido a grandes personas que atraviesan momentos duros.

Uno de los sueños de su vida se cumplió al convertirse en el sustituto de Toñi Moreno, la presentadora del programa. Por primera vez comprobó que podía presentar y, según parece, sus jefes quedaron más que satisfechos. Aunque lo principal que ha aprendido en este programa de solidaridad es que la autenticidad de los personajes, su verdad, traspasa la pantalla y se convierte en el principal reclamo para que la gente se solidarice con ellos y se vuelque en ayudarles. Como dice el propio Jesús:

No estamos solos aunque siempre vivamos como si sólo existiéramos individualmente, al margen de los demás.

Deseamos que Jesús siga cumpliendo sus sueños y dando voz a quienes más lo necesitan.

 

Rocío Rivero López

http://rocioriverolopezunamiradapsicologica.blogspot.com.es/

 

 

 

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