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El regalo de boda

“¿Qué prefieren? ¿Volcán, terremoto, tsunami, tornado o atentado terrorista?” Las palabras zumban como moscas impertinentes en el cerebro tembloroso de Aurora. La suerte está echada. Ya no podrán volver atrás. Aquel avión los conduce a un destino incierto, espantoso o, tal vez, feliz como el de los cuentos, pero sólo si tienen mucha suerte y las suficientes agallas para sortear el peligro que los aceche.

Por su parte, Unai va urdiendo planes para, llegado el momento, poder escapar a la muerte casi segura que les aguarda en algún momento de aquel viaje de marras. No puede evitar, a pesar de lo mucho que ama a Aurora, renegar del romanticismo de vez en cuando: es lo que los ha conducido a aquella situación absurda. ¿Quién les manda casarse después de diez años de feliz amancebamiento? ¿Por qué el mundo se ha vuelto del revés? Volvamos atrás en el tiempo para no impacientar más a nadie.

Dos o tres meses después de su boda, a Aurora se le ocurrió sacar un regalo que le habían hecho dos amigas. Se trataba de unos talones para pasar unos días en hoteles lujosos. Los destinos podían elegirlos entre una amplia y variada oferta que figuraba en el librito adjunto en cuya portada se leía “Weekend plan”. Tenían un año para canjearlos. Habló con Unai y decidieron que sería buen momento para reservar algo y pasar unos días de ensueño, como se prometía en aquel catálogo de la agencia de viajes.

— Ocúpate tú de la reserva mientras yo preparo la comida— dijo Unai

—¡Ah! Y a ver si me sorprendes con lo que elijas…

Aurora, con una cervecita delante, se sentó en el sofá y estuvo un rato hojeando el catálogo hasta que encontró el destino más apetecible. Luego marcó tranquilamente el número de teléfono de la central de reservas.

— Lo primero que le tengo que aclarar es que lo del catálogo es todo falso— contestó una voz del otro lado a su petición.

A partir de ahí, vino una catarata de informaciones, preguntas, requerimientos a cuál más rocambolesco que, en principio, Aurora creyó bromas de la agencia. Pero no, allí no había broma alguna.

— ¿Cómo que nos han regalado el paquete especial de “Los envidiosos de la felicidad ajena”? ¿Me quiere explicar qué es eso? Empiece otra vez desde el principio porque yo es que no me entero.

Para cuando la voz retomaba de nuevo su discurso, Unai asomó por la puerta del salón, con el delantal puesto y un cuchillo jamonero en la mano.

— Le repito, señora. ¿Pero es que no conoce la última moda en regalos de boda?: ¡Los “contrarregalos”! El de “Los envidiosos de la felicidad ajena” es de los que más demandan nuestros clientes. ¿En qué mundo vive usted? La “gracia” de este está en que para disfrutar de esta maravillosa oferta de hoteles lujosos (cuyas habitaciones se pagan a unos diez mil euros normalmente) deben ustedes elegir un destino y tiempo de estancia de alto riesgo. ¿Que en qué consiste ese alto riesgo? Ahí les damos a elegir entre volcán, terremoto, tsunami, tornado o atentado terrorista.

— ¡Pero qué me dice usted! ¡Eso es una locura!— gritaba Aurora.

Brian Birke “Hurricane Sandy & Marblehead” 29/10/2012 via Flickr, Creative Commons Attribution

Por supuesto, la agencia les avisará con tiempo para darles alguna pista sobre la catástrofe elegida, llamándolos a un teléfono móvil que les será entregado a la llegada. Escapar con vida es algo que corre por cuenta suya, naturalmente.

— Diles que no lo aceptamos y se acabó— le susurraba Unai, ya sentado a su lado.

— Si no aceptan, se exponen ustedes a otro tipo de catástrofe— añadió la voz, que había alcanzado a escucharlo.

— ¡Pero, oiga! ¿Qué me está diciendo? ¡Eso es una putada!— exclamó Aurora, ya sin moderar su lenguaje.

— Pues sí, usted lo ha dicho — replicó con una tranquilidad pasmosa la dichosa voz. —Le explico. Si no aceptan la estancia en el hotel se expondrán ustedes al “Desfacedor de las flechas de Cupido”.

La capacidad de asombro de Unai y Aurora no se agotaba. Cada uno, a su manera, debía de estar pensando que allí había una cámara oculta grabando sus reacciones ante tamaño tinglado, que aquello no podía ser verdad.

— El “Desfacedor de las flechas de Cupido” es un programa informático diseñado para romper su relación para siempre. Para ello cuenta con un listado de personas y entidades varias que, por alguna razón, desean vengarse de ustedes. El programa, una vez iniciado, selecciona, al azar, un nombre de esa lista y, a partir de ahí, se inicia el mecanismo que conducirá irremediablemente a la destrucción de su relación como pareja: cambia su amor por un odio eterno.

— ¡Deje ya de decir chorradas, por favor! — dijo Aurora, como suspirando.

— Le repito que esto no es ninguna broma. Como la veo tan escéptica, le facilitaré uno de los nombres de la lista: Ikea. ¿Se acuerdan ustedes de cuando compraron allí sus muebles de cocina? Ellos les insistieron de todas las formas posibles en que ustedes dejasen que la tienda aportase, con un módico incremento de precio, el personal para montárselos en su casa. Sin embargo, su pareja se empeñó en encargarse él mismo de tan ardua y valiosa tarea. Desde entonces, estos de Ikea se la tienen guardada. La oportunidad de vengarse se la ofreció nuestra empresa en bandeja. La forma en que tendrá lugar esa venganza que acabará con su amor es secreta, pero le aseguro que les hará sufrir como nunca han sufrido en sus vidas.

Estas últimas palabras los dejaron, por un momento, sumidos en la más profunda perplejidad. ¿Cómo era posible que supieran lo de Ikea? Decidieron pensárselo durante unos minutos, más no porque aquella maldita voz los apremiaba a tomar la decisión enseguida.

Ahora ahí los tienen. ¡Vaya par de ingenuos románticos! ¿Hacia qué fatalidad viajan? ¿Volcán, terremoto, tsunami, tornado o atentado terrorista?

 

 

Carmen Honrado (6 Posts)


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