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Esther Lobo

Esther Lobo es una de esas personas difíciles de olvidar. Un día mientras navegaba por la Web, me di de bruces con unas fotografías suyas, yo las vi, ellas me vieron y… surgió el flechazo. Cada una de ellas me transmitía algo distinto, pero siempre interesante, así que me puse a buscar información sobre la autora de aquéllos trabajos y llegué hasta su espacio web. Allí pude apreciar plenamente su obra llena de calidad y originalidad.

Al cabo de un tiempo, los azares del destino hicieron que un conocido común me ofreciera la oportunidad de conocerla personalmente e intercambiar opiniones sobre sus fotografías. Quedamos en el Café Comercial, porque nos venía bien a las dos y a ambas nos gustaba, pero ahora, viéndolo con perspectiva, se me ocurren pocos lugares más indicados para realizar una entrevista a una artista con tanto talento que este histórico café madrileño, testigo de tantas tertulias culturales.

Esther Lobo autorretrato cámara rojo fotografía

A primera vista, Esther tiene el aspecto y la fragilidad de Amélie Poulain, pero detrás de esa fachada, se esconde un huracán de energía creativa y, al hablar con ella, transmite la sensación de ser capaz de ver más allá de lo que cualquiera puede ver.

En la terraza, mientras esperábamos al camarero, empezamos a hablar de la revista que acabábamos de crear, le pregunté si podíamos escribir un artículo sobre su obra, a lo que accedió encantada. Me contó que era madrileña, pero que le gustaba escaparse de vez en cuando a la Rioja buscando tranquilidad. 

Hablando sobre su obra, le comenté que hay una fotografía suya que me gustaba especialmente, titulada Aún respira, y me contó que para realizarla se inspiró en el cuadro Ophelia de John Everett Millais, que le impresionó profundamente cuando lo vio en directo. La obra de Millais está basada en la escena del Hamlet de Shakespeare en que la reina Gertrude, en un famoso monólogo, cuenta que Ofelia subió a un sauce, pero la rama sobre la que estaba se rompió y cayó a un arroyo, donde se ahogó.

Fotografía ophelia bajo el agua respirando

Aún respira. © FahLoSue, Esther Lobo.

Esther me comentó que, a diferencia de Millais, ella había querido reflejar en su obra a una Ofelia que aún respira y todavía tiene posibilidad de salvarse.

Mientras íbamos charlando, le mostré, en la pantalla de mi portátil, algunas de sus obras, que me gustaban especialmente, y le pedí que me las comentara con sus propias palabras.

El cielo sobre mi cabeza

Aquí quise representar la porción de cielo que caería sobre mi cabeza en caso de que se nos viniera encima, como sugería la creencia celta. Aunque más de uno ha visto en ella la representación de una suerte de Atlas.

Fotografía cielo sobre cabeza autorretrato

El cielo sobre mi cabeza. © FahLosue, Esther Lobo.

Los conocimientos perdidos van al cielo

Esta idea surgió mientras reflexionaba sobre cómo los conocimientos que uno adquiere pueden desaparecer por la falta de uso. Es una de las fotografías que más veces he tenido que repetir, hasta que conseguí una posición de las hojas que me gustara.

 

Fotografía Esther Lobo autorretrato papeles volando

Los conocimientos perdidos van al cielo. © FahLoSue, Esther Lobo.

Con la cerveza fresquita y un chorrito de agua vaporizada que refrescaba el ambiente de vez en cuando, seguimos charlando; ella con su sonrisa amplia, y yo mirándola con una admiración cada vez más profunda.

Hablamos de esta revista, de nuestra idea de contar con una plataforma para mostrar trabajos de calidad en el ámbito cultural, donde pudieran tener cabida autores con talento, sin importar si son o no profesionales y si son conocidos o no. Le propuse que ella fuera uno de esos autores y ella acogió la idea con entusiasmo, por lo que, a partir de ese momento, se convirtió en uno de los nuestros.

“Eso sí”, le dije, “antes de que empieces a escribir, me gustaría entrevistarte, para que todo el mundo sepa quién eres y qué haces”; Esther accedió y, aquí va la entrevista.

Para todo el que no te conozca, ¿quién es Esther Lobo?

Nací en Madrid. Mi formación fotográfica ha sido básicamente autodidacta. Empecé a interesarme por la fotografía tras llevar un tiempo colaborando de forma esporádica con una página web dedicada a la música, para la que realizaba de forma amateur fotografías en conciertos. Cuando pude conseguir mi primera cámara “decente” empecé a buscar información sobre todo lo relacionado con fotografía en Internet: blogs, foros, páginas especializadas, hasta enterarme de qué iba todo aquello. Pronto me di cuenta de que lo que más me atraía era el propio proceso de crear una imagen, pensar una idea, escenificarla y fotografiarla.

Comencé realizando bodegones, para posteriormente compaginarlos con el retrato, y más en concreto con los autorretratos, en los que elegí nunca aparecer completamente reconocible. Doy prioridad a la idea contenida por encima de aspectos más técnicos.

Utilizo fundamentalmente el blanco y negro, aunque también realizo fotografía en color, que me interesa especialmente cuando es el propio protagonista de la foto.

No me considero influida por la obra de ningún fotógrafo en particular, más bien por muchos, y entre mis preferidos destacaría a Josef Sudek, Edward Steichen y Jacques-Henri Lartigue.

¿Cómo fue tu toma de contacto con la fotografía?

Mi primer contacto con la fotografía fue en 2006, cuando me ofrecieron colaborar en una web de temática musical haciendo fotos en conciertos. Por aquel entonces no tenía conocimientos ni experiencia alguna sobre fotografía. Todo fue “bien” mientras pude ir tirando con una cámara compacta y a flashazo limpio en salas de pequeño aforo, hasta que un día me acreditaron para un concierto de Yo la tengo en La Riviera. Allí fue donde me dijeron por primera vez “las tres primeras sin flash” y también la primera ocasión en que me metieron en un foso bajo el escenario con fotógrafos de otros medios armados con sus réflex de primera y sus teleobjetivos. Además del trauma psicológico derivado del ridículo espantoso que hice, conseguí unas cuantas fotografías impublicables que eran algo así como un homenaje involuntario a Ernst Haas. Fue un punto de inflexión, a partir de este episodio mejoré de cámara y comencé a empaparme en Internet de todo lo que encontraba sobre fotografía. Desde entonces hasta ahora, mi visión de la fotografía ha ido evolucionando hasta convertirse en el vehículo de expresión que supone para mí a día de hoy.

Realizas mayoritariamente autorretratos, ¿por qué?, y ¿por qué has elegido no ser reconocible en ellos?

En el primer autorretrato que hice aparecía con una venda en la cabeza, por la temática de la foto, y porque no quería mostrar la cara, simplemente no me apetecía ver mi imagen circulando por Internet. En los siguientes seguí manteniendo el anonimato por el mismo motivo. Al final la búsqueda de nuevas formas de autorretratarme sin que se me reconozca se ha acabado convirtiendo en un leitmotiv más que una cuestión de privacidad. Es el hilo conductor de la mayoría de mis fotografías, al tiempo que aprovecho cada una de ellas para representar lo que me interesa en ese momento.

Otro motivo para autorretratarme es la disponibilidad y la inmediatez. Digamos que siempre estoy ahí cuando me necesito. Por otra parte el hecho de ser fotógrafo y modelo al mismo tiempo, aunque complica bastante las cosas durante la realización de la fotografía, y puede ser en ocasiones desesperante, es algo muy divertido. Todos los factores dependen de uno mismo y hay que estar pendiente de todos. Hacer las fotografías en soledad hace, además, que me concentre mucho en lo que hago y supone para mí un disfrute y una catarsis.

¿En qué te inspiras para hacer una fotografía y qué quieres expresar? ¿Cómo es el proceso hasta que obtienes el resultado final?

Lo que quiero expresar es mi forma personal de ver, entender y representar las cosas, pasadas por mi filtro y según mi interpretación y mis gustos estéticos. Es un “en esto estoy pensando y así lo veo yo”.

En qué me inspiro es muy variable. En ocasiones las ideas parten de la intención de usar un objeto en particular que llame mi atención, o de representar un concepto que me interesa o una vivencia personal. La fotografía está siempre ahí, como un ruido de fondo que te mantiene en un estado de receptividad en el que en cualquier momento puede surgir una idea. Cuando elijo un tema para una fotografía le doy vueltas para intentar que su representación no sea demasiado simple o directa y le voy dando forma hasta decidir cómo será exactamente la imagen final. En cuanto tengo claro qué quiero hacer necesito ponerme a ello con urgencia, soy bastante impaciente en este sentido, me cabrea si tengo que aplazar el momento de intentar una foto por el motivo que sea. Ese momento de ponerte manos a la obra es para mí de gran excitación, porque no sé si voy a conseguir lo que me propongo; las limitaciones en cuanto a espacio y equipo varias veces me han jugado malas pasadas y he tenido que hacer alguna variación sobre la marcha, gritar pidiendo ayuda, e incluso abandonar la idea.

Para cada foto normalmente hago muchos disparos, primero de prueba, hasta dar con la colocación que debo tener para conseguir el encuadre que busco, la colocación de las luces si estoy usando artificiales, y los ajustes de cámara, y una vez todo está preparado realizo series de disparos hasta que doy con la que me convence. Pueden llegar a ser muchas series, y voy revisando los resultados entre ellas, lo que se ha convertido en un suplicio algunas veces, como en los casos en los que aparezco dentro del agua.

¿Piensas continuar en esta misma línea?

No creo que vaya a dejar nunca de hacer autorretratos, ni bodegones, pero sí estoy pensando en cambiar un poco de registro y explorar otros campos. Tengo en mente comenzar un proyecto algo distinto de lo que llevo haciendo hasta el momento, aunque también dentro de la disciplina del retrato, pero aún estoy valorando distintas opciones.

¿Qué te aporta personalmente la fotografía?

Me aporta muchísimo, y no todo aparentemente bueno. Me ofrece muchas satisfacciones, pero también me genera mucha frustración cuando no consigo un objetivo o cuando ni siquiera puedo intentar conseguirlo por alguna limitación, o en momentos en que la creatividad se va de vacaciones, pero incluso eso considero que forma parte de lo positivo que me da. Es una actividad apasionante, absorbente y hasta obsesionante, que me crea mucha dependencia. Aunque no esté con la cámara en la mano estoy “pensando fotografía” prácticamente todo el tiempo, en realidad paso poco tiempo haciendo fotos con respecto al tiempo que dedico a pensar en ello.

Para terminar, ¿cuál es tu fotografía favorita?

Yo elegiría MOR, esta fotografía es sin duda una de mis preferidas. Representa el momento en que se sufre una pesadilla, algo que me sucede con frecuencia.

Intenté expresar esa sensación de estar en dos lugares a la vez, cómodamente entre las sábanas y al mismo tiempo en ese otro lugar indeterminado en que se vive la angustia y la asfixia de un mal sueño.

Fotografía Esther Lobo mujer bajo el agua

MOR. © FahLoSue. Esther Lobo.

Nota: Las fotografías que ilustran esta entrevista son propiedad de Esther Lobo y están sujetas a copyright, no siéndoles aplicable la licencia Creative Commons a la que se acoge, con carácter general, la Revista Baidewei. Para realizar cualquier acción con dichos contenidos deberás solicitar la correspondiente autorización de su propietaria, que es la titular de los derechos sobre las obras en cuestión.

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