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Francisco Soto Mesa

Cuando nos planteamos qué pintor entrevistar para el lanzamiento de nuestra revista, desde el principio pensamos en Francisco Soto Mesa; no solo por su larga y exitosa trayectoria y porque es uno de los pintores más interesantes del actual panorama español, sino por lo peculiar de su proceso creativo que hace que su obra sea doblemente atractiva. Además, Francisco compagina su labor como pintor con el ejercicio de la docencia, lo que le permite apreciar otros aspectos más allá de la pura creación artística que nos parecen muy interesantes.

Nos encontramos con Francisco en su estudio madrileño en una calurosa tarde de agosto (casi tanto como la acogida que nos dispensó el pintor) y repasamos con él toda su obra, así como otros muchos temas relacionados con el arte.

¿Cómo surgió en ti la vocación artística? ¿Vienes de una familia con tradición en el mundo del arte?

Mi vocación artística es muy temprana, desde niño siento que me interesa el arte. Me paro en los escaparates de Palomeque (la tienda de arte sacro situada en la Calle Mayor de Madrid) y contemplo admirado las obras de arte que se muestran allí. En esa época, la verdad es que tampoco había galerías de arte; había alguna pero muy pocas. Por eso me paro en los lugares donde había reproducciones de obras clásicas. Recuerdo que, en esa época, empecé a hacer alguna copia del Greco tomada de reproducciones.

Tenía también un primo relacionado con el arte como aficionado pero, en realidad, vengo de una familia sin tradición artística. Tenía, eso sí, un tío, Vicente Soriano de Andía, que escribía teatro y que escribió obras de algún éxito en la época.

Por eso, desde muy joven quise estudiar Bellas Artes y mi familia me ayudó, en un momento en que tomar una decisión así era bastante complicado. Entré en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, que luego se convirtió en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense.

¿Cómo comenzaste en el mundo de la pintura?

Desde mis comienzos en la Escuela de Bellas Artes empecé a hacer mi propia búsqueda personal. Un profesor de la clase de paisaje me estimuló en mi búsqueda y desde ahí empecé a intuir por dónde quería que fuera mi trabajo, pero lo que realmente alumbró mi camino fue una exposición en la Galería Biosca.

De todos modos, tras acabar la carrera, todavía tardé tres o cuatro años en exponer por primera vez. Ahora los pintores quieren exponer su obra enseguida, pero en aquel momento, había una conciencia de que había que esperar un tiempo para poder encontrar el camino y hacer el trabajo en soledad, de forma introspectiva. Yo trabajé así un cierto tiempo y cuando consideré que ya estaba haciendo algo un poco más personal hice mi primera exposición comercial en la Galería Edurne y ahí comencé mi trayectoria. Ahora después de tantos años, son bastantes exposiciones y todo eso parece un poco lejano.

¿Tuviste alguna influencia en tus inicios?

Yo creo que únicamente he tenido influencias de un pintor español en una época muy temprana (yo estaba estudiando en la Facultad). En ese momento él me ofreció una mirada para la realidad que se correspondía con una inquietud mía. Fue, como decía,  Ortega Muñoz, un artista que tampoco ha gozado de gran influencia en el panorama español, pero que tenía una mirada para la realidad y una forma de plantearse la pintura desde la síntesis, desde la esencialidad, expresándose con el mínimo de medios que a mí me pareció fascinante. Esa forma de trabajar con muy pocos medios y esa idea de expresarse sin grandilocuencia, sino muy ascéticamente, conectó conmigo. Y eso ha sido siempre una necesidad mía. Después de un tiempo de trabajar sobre el paisaje y con presupuestos cercanos a lo que podría estar haciendo Ortega Muñoz en aquél momento, muy pronto empecé a hacer cosas que se fueron separando de ese trabajo, pero siempre desde esa intención de la síntesis y la búsqueda de la esencialidad.

Tu trayectoria no ha sido una línea continua, sino que es bastante compleja, ya que has dado varios pasos importantes a lo largo de la misma.

Sí, ha sido compleja y ha habido varios cambios profundos, pero siempre ha sido una trayectoria coherente y consecuente con lo que yo buscaba.

Como he dicho, en mis inicios me fascinó la obra de Ortega Muñoz y su ascetismo. Seguí por ese camino, en un principio trabajé mirando la realidad. Empecé con el medio rural, pues me parecía que allí había un algo franciscano; esos paisajes de Castilla desolados, donde había presencia del hombre, pero que no se evidenciaba, esa sensación de soledad, de lugar intemporal. Por eso trabajé durante un tiempo mirando el medio rural.

Francisco Soto Mesa primera época paisaje castellano

Soto Mesa, 1974 ©. Óleo sobre lienzo 73×92 cm.

Pasado un tiempo sentí la necesidad de provocar el cuadro con un poco más de conciencia de modernidad, provocar más el color, estar más interesado por los asuntos de la plástica propiamente dichos y entonces empecé a mirar la ciudad. Hubo un pueblo que me ayudó mucho en ese momento y que me abrió esa puerta de pasar del medio rural intemporal a mirar un poco más la ciudad y contemplar el ambiente más urbano. Es un pueblo que se llama Garachico en Tenerife y allí hay una cosa también ascética y desolada pero que me permitía atender más a la geometría y la síntesis que siempre me ha interesado. En este momento, empiezo a trabajar sobre la ciudad, lo que me permite experimentar más con el color. El tema tiene también que ver con la soledad, pero puedo jugar con más audacia con el color. Por ejemplo, este que se ve a continuación es el último cuadro en el que yo pinto un árbol.

Francisco Soto paisaje urbano color árbol

© Soto Mesa 1981. Óleo sobre lienzo 164×89 cm.

Durante un tiempo sigo con este trabajo sobre la ciudad, hasta el punto que hubo un momento que con mi interés por la síntesis, llegaron a convertirse los cuadros en puras fachadas de ventanas, algo puramente geométrico u ortogonal. Con el paso del tiempo el trabajo se fue convirtiendo en un lugar con difícil desarrollo. Mi exposición en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, que se llamó Madrid Ventanas y que era ya pura ortogonalidad , se convirtió en el último trabajo en el que el punto de partida fue la realidad visual

Francisco Soto ventanas

© Soto Mesa. Acrílico sobre lienzo 180X250 cm.

A partir de ese momento y después de un tiempo de reflexión empiezo a trabajar desde otros presupuestos más conceptuales. Mis primeros trabajos parten de una estructura que me viene dada a partir de las cuatro letras del nombre de mi mujer. Después vendrá la serie Dos botellas, copa y lámpara y luego Fragmentos de estructura elemental, operaciones, creo, que de la una a la veintisiete.

Y desde ahí llegas a la aleatoriedad como elemento creativo.

En efecto, desde ahí llego a introducir la aleatoriedad como proceso creativo. Después de esas series vuelvo a mirar y dibujar fragmentos de naturaleza, pero ya con otra intención: buscando las relaciones entre las formas abstractas contenidas en ella, introduciendo también el azar y el automatismo. Me interesa mucho el azar; esa posibilidad a darle sitio a algo que no depende de mí. Desde entonces, hace más de veinte años, sigo trabajando así, con esos ingredientes, además del de la búsqueda consciente, que está guiada por el anhelo de encontrar la forma nueva que viva y que pueda nombrarse.

Mis obras de ahora también gozan, desde mi punto de vista, de los atributos para la pintura que siempre me han interesado: la síntesis, la búsqueda de la esencialidad, el misterio, la realidad trascendida, aunque ahora no ya la realidad que percibimos con nuestros ojos.

 

Francisco soto pintura azar 2012

UEGE © Soto Mesa 2012. Acrílico / Lienzo. 65 X 81 cm. 2012

Esta forma actual de trabajar partiendo del azar es fascinante. ¿Cómo llevas a cabo la transformación de unos sucesos aleatorios en una obra en arte?

Lo que hago es plantear en la superficie sobre la que voy a trabajar quince puntos de forma totalmente aleatoria, fijando la distribución a partir de unas bolitas numeradas que voy sacando al azar de una bolsa, de forma que lo que hago es una especie de siembra de quince puntos a partir de los cuales va a pasar algo.

Luego lo que hago, de forma automática, pues el automatismo también me interesa mucho, ya que tampoco depende del pensamiento consciente, es, en décimas de segundo, unir tres puntos de esos quince, de modo que, casi instantáneamente esa superficie de papel, que antes tenía quince puntos, ahora recoge cinco líneas, que son uniones automáticas de grupos de tres puntos de aquéllos quince.

A partir de esas cinco líneas ya empiezo a trabajar de forma consciente, de forma que empiece a aparecer, lo que yo considero necesario, esas formas que “busco”. Cuando encuentro la forma paso el dibujo con precisión al lienzo y allí empieza una nueva aventura con el color, el tono y la expresividad de la materia . Es un proceso con el que sigo trabajando, con el que estoy plenamente identificado y que me está dando, desde mi punto de vista, buenos resultados.

Partiendo de la aleatoriedad y del automatismo como proceso creativo, ¿cómo le pones nombre a estos cuadros?

Hasta llegar a esta última fase, casi ningún cuadro tenía título, solo siglas, números. Se identificaban únicamente por su fecha. Hace dos o tres años, me planteé que los cuadros no son un objeto decorativo sino que tienen su propia naturaleza e identidad y deberían ser nombrados. Por ejemplo, este, que he pintado este mismo año, se llama QERET.

Francisco soto qeret nombre cuadros

QERET © Soto Mesa 2012. Acrílico / Lienzo. 65 X 81 cm.

Para nombrar estos cuadros juego también con la aleatoriedad. He convertido el mes y año en que se hace el cuadro en unos números y al final, lo que resulta es un esquema de letras en el que yo busco un nombre que no signifique nada, pero que tenga algún significado para mí.

¿Actualmente formas parte de alguna corriente pictórica?

Pues no. Actualmente vivimos en un tiempo de individualismos, de gente que hace la guerra por su cuenta. No son esos tiempos de las vanguardias en los que todo el mundo hacía algo muy definido. Ahora la gente busca sus propios caminos. Es un tiempo muy ecléctico.

¿Tienes afinidad con algún artista?

Tengo amigos artistas, pero lo que hacen no tiene que ver con lo que yo hago. Actualmente es aceptable cualquier camino, lo único que hace falta es que lo que se haga tenga entidad. La gente dice que este trabajo mío no se parece a nada, que es bastante personal, que no se puede incluir en ninguna corriente. Pero cuando te apartas del camino común también tienes que convivir con el aspecto de la incomprensión, porque vivimos en un tiempo en el que la gente lo que busca son certezas y aunque el artista las tenga, si la gente no las tiene y no ubica tu trabajo, lo tienes más difícil. Los artistas lo pueden ver, pero la gente normal puede que no.

Yo creo que los artistas deben ser libres, deben tener independencia y hacer lo que necesitan hacer. Vivimos en unos tiempos en los que nadie puede pretender triunfar, ser el ídolo. Hasta se pone en cuestión la pintura como lenguaje.

Otro aspecto esencial de tu persona es tu dedicación a la enseñanza. Desde los inicios de tu carrera comenzaste con la docencia, fundando tu propia escuela.

Sí, desde muy pronto quise tener independencia económica para poder trabajar libremente y no depender de la venta de mis cuadros para ganarme la vida, ya que entendía que eso me iba a permitir poder asumir los riesgos creativos que yo buscaba. Además yo tenía el precedente de un hermano que tenía una escuela de música y que le iba bien. Por eso decidí buscar un lugar donde pudiera dar unas clases particulares que me pudieran ayudar en la economía familiar. Encontré un local ideal, pero tenía un alquiler bastante elevado y además tuve que pedir un dinero para hacer unas obras, pero decidí que merecía la pena correr ese riesgo si quería pintar con libertad.

Ese lugar se acabó convirtiendo en una escuela, donde, en principio solo daba clases yo durante todas las tardes de lunes a viernes, pues me reservé las mañanas para mí, para pintar. Con el paso del tiempo me he ido centrando cada vez más en la pintura y desde hace algún tiempo he ido incorporando profesores y yo solo voy tres tardes, el resto del tiempo lo dedico a mi trabajo.

¿Crees que el hecho de haber tenido desde una etapa muy temprana la independencia económica que te proporcionaba la escuela ha influido en tu pintura?

Es indudable. El hecho de haber podido ganarme la vida desde el principio sin necesidad de tener que estar pendiente de vender mis cuadros ha sido muy importante para la realización de mi obra.

¿Qué te aporta como pintor el hecho de dar clases habitualmente?

Lo cierto es que siempre me ha gustado mucho la docencia. Creo que tengo ciertas dotes de comunicador y, en realidad, me lo paso bien dando clases. Además aprendo de mis alumnos. Si yo no tuviera ese tiempo en la escuela con mis alumnos estaría demasiado tiempo concentrado en lo mío, demasiado ensimismado, por eso me resulta saludable. El contacto con ellos me enriquece. Descubres que tienen dudas y obsesiones que pueden ser enriquecedoras o contraproducentes; unas veces les coartan y otras les dan alas. Es muy interesante estar involucrado en ese trabajo… Ese intercambio me interesa, no solo desde el punto de vista artístico, sino también desde el punto de vista humano: la posibilidad de entender la preocupación o inquietud de cada cual y buscar cauce a eso. Es muy interesante como actividad intelectual. Personalmente ya podría prescindir de dar clases, pero sigo manteniendo esas tres tardes porque me aportan mucho.

¿Como crees que son estos tiempos para el arte?

El otro día me mandaron un mail con algo que decía Forges, muy interesante, y yo también creo que estamos entrando en una época de mediocridad. Los estímulos, los valores se vienen un poco abajo; estamos con el día a día y probablemente esta generación estemos bajando un poco de nivel humano, de nivel cultural y espiritual. Puede estar sucediendo que a la gente se le esté apartando de su imaginario la idea del arte, de las posibilidades de la representación a través de la pintura, de la escritura, etc…

Alguien decía que este va a ser el siglo de la confusión

La gente está muy desorientada y, si estamos más condicionados por las cuestiones del día a día, no nos interesa desarrollar las inquietudes culturales y espirituales. La aparición de las nuevas tecnologías también contribuye a la confusión. A veces la gente piensa que puede sustituir su mirada o su mano con el Photoshop y, el Photoshop está muy bien para otras cosas, pero no para sustituir a la mano y al ojo. Y en ese sentido la gente puede estar confundiendo todos estos conceptos.

Por otro lado, toda esta capacidad de tener tanta información y esta globalización nos da cosas muy positivas y, una vez que pase todo este desbarajuste nos traerá cosas buenas.Yo supongo que esta confusión es algo cíclico; no estamos en el momento de esplendor, pero cada cual tendrá que buscar su territorio de creación para salvarse…

 

 

 

 

baidewei (111 Posts)