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Gastrosofía: la alegría

La alegría, como todo el mundo sabe: es de la huerta y está aquí.

Dos buenas razones para recomendar un consumo diario de al menos dos o tres raciones de este nutritivo sentimiento. ¿Por qué? Seguro que a nuestr@s lector@s se les ocurren muchas respuestas. Desde el punto de vista gastrosófico diremos que la alegría es un potentísimo antioxidante que fulmina los radicales libres con la elegancia y la dulzura de una sonrisa. Un factor antienvejecimiento de eficacia demostrada que hay que cultivar en las mejores condiciones posibles.

alegria gastrosofía maribel

Pero vayamos por partes. Una de las cosas buenas de la alegría es que, a diferencia de la envidia, hay muchas variedades y para todos los gustos: ver crecer a los hij@s, que te toque la lotería, encontrar un trabajo digno… Invito a l@s lector@s a que nos digan cuál es su variedad preferida de alegría en este momento. Así mostraremos otra maravillosa propiedad de este sentimiento: cuando se comparte se multiplica. Un chollo, vamos.

¿Cómo se cocina? La alegría es muy versátil: admite todo tipo de preparación y según la que escojamos tendremos un entrante, primer o segundo plato y hasta postre si la hacemos en almíbar.

En crudo, por ejemplo, es como mejor conserva las vitaminas y va bien como base de cualquier ensalada. Hervida a fuego lento hace un caldo que en época de frío calienta hasta el alma. A la plancha, frita en tempura o rebozada es una delicia como primer plato o como guarnición (del amor, por ejemplo).

¿Y la salsa de alegría? Si no hay tiempo o ganas de cocinar, simplemente mojen el pan de cada día en un poquito de esta salsa y… ¡a vivir! 

¡Buen provecho!

 

I. Alabanda (14 Posts)