When you install WPML and add languages, you will find the flags here to change site language.

James Turrell: arquitectura de la luz en el espacio

Se dice que las cosas se desgastan con el uso (incluso la famosa tonadillera se lamentaba del desgaste del amor de tanto usarlo). La rutina hace también que cada vez prestemos menos atención a los hechos cotidianos. Nos ponemos un reloj en la muñeca y sentimos su presencia por algunos minutos (quizá segundos), pasado este tiempo nuestro cerebro se olvida de su peso y de la presión que la correa ejerce en nuestra piel y centra su atención en otros temas.

De la misma manera, rara vez prestamos atención (la suficiente atención) a fenómenos que, inconscientemente, son más trascendentales para nuestra vida diaria. Por ejemplo, pocas veces reparamos en la calidad de la luz que entra en nuestras casas, en las propiedades de la luz que ilumina nuestras actividades diarias. Igualmente, estamos tan acostumbrados a los espacios en los que nos desenvolvemos en nuestro día a día que rara vez nos planteamos conscientemente nuestra presencia en ellos. Así, hechos tan importantes para el ser humano como son el espacio que habita y la luz que lo ilumina pasan, por el efecto de la rutina, a un segundo plano de nuestra atención.

Una de las tareas del arte (y de la arquitectura también) es estimular nuestra sensibilidad para una mejor comprensión de la realidad, la manera en la que percibimos los datos de nuestro entorno. No estamos hablando aquí del arte como decoración o como objeto que te puedes llevar a casa, ni de la arquitectura como simple cobijo o como subproducto de la especulación político inmobiliaria. Todos los seres humanos experimentamos nuestro entorno en distintos grados de intensidad y desde luego estamos condicionados por él. Una de las tareas del arte (y de la arquitectura también) es estimular nuestra sensibilidad sobre el impacto de la luz, de las formas, del color y del espacio del entorno que nos rodea.

El artista californiano James Turrell (Los Angeles, 1943) lleva casi cincuenta años trabajando sobre la manera en que percibimos la luz en el espacio, o el espacio habitado por la luz. En sus instalaciones, la luz y el espacio son inseparables. El protagonista es la luz, pero es el espacio que la recoge el que permite que la percibamos de una u otra manera. En este sentido el espacio arquitectónico funciona respecto a la luz en las obras de Turrell de la misma forma que un instrumento musical funciona con el sonido, y el esmero y la perfección que pone en la ejecución de los componentes arquitectónicos de sus obras recuerdan a la meticulosa labor de los lutieres.

Licenciado en psicología de la percepción en 1965, muy pronto se introdujo en el mundo del arte para desarrollar su interés por la luz. A finales de los años sesenta alquiló como estudio un antiguo edificio en Santa Mónica (el llamado Mendota Hotel) donde empezó a realizar sus primeras obras. Para ello lo primero que hizo fue alterar el espacio interior del inmueble, creando falsos muros impecablemente ejecutados, pintándolo todo de blanco (paredes, suelo y techo) y después manipuló las aberturas de las ventanas a la calle, tapiándolas o resituándolas a tamaños y posiciones que había estudiado previamente para conseguir los efectos deseados. Su intención era utilizar las luces del exterior para crear diferentes ambientes lumínicos en el interior de su estudio. Estos experimentos en los que aislaba distintos aspectos de la luz ambiental, aparentemente tan sencillos (y tan fácilmente extrapolables a nuestra experiencia diaria), le han proporcionado material para casi cincuenta años de trabajo. Todas sus obras posteriores pueden encontrar su germen en las instalaciones allí realizadas.

mendota hotel james turrell

©James Turrell. Archivo James Turrell

El arquitecto Louis Kahn defendía que “la luz natural proporciona emoción al espacio; según cómo la dejamos entrar lo modifica a través de los matices de las diferentes horas del día o de las estaciones”, de la misma manera, estos primeros trabajos llamados Mendota Stoppages aprovechaban la luz cambiante del día, los atardeceres y amaneceres para modificar el espacio en el que se encontraba el espectador; por la noche los efectos eran mucho más dramáticos y las luces provenientes de los semáforos, del tráfico, de los luminosos del exterior una vez manipuladas por el artista cambiaban dramáticamente la percepción del espacio en el que se encontraban los espectadores. El espacio físico en el que se encontraban parecía así cambiar su geometría, encogerse, expandirse incluso difuminarse por completo.

wedgework luz arquitectura james turrell

©James Turrell. Photo by Henk Geraedts

Desde entonces, Turrell no ha hecho sino potenciar estos fenómenos lo que ha dado a distintas series de trabajos cada una de ellas estudiando alguno de estos efectos (projection pieces, wedgeworks, shallow spaces, space division constructions, espacios Ganzfeld, skyspaces, etc.). Aun así lo que busca no es construir una suerte de trampas visuales o el puro ilusionismo óptico, sino que, a través de la participación activa del espectador, pretende mostrarle algo que está muy presente en su vida aunque nunca había reparado en ello lo suficiente, así como llamar la atención sobre el hecho mismo de la percepción, de la necesidad de tomar conciencia de ella.

Bridget Bardo luz arquitectura james turrell

© James Turrell. Photo by Florian Holzherr

“Mi trabajo trata sobre el espacio y la luz que lo habita. Trata sobre la forma en que te confrontas e indagas el espacio. Trata sobre tu forma de ver […] Estoy realmente interesado en las cualidades de un espacio que descubre a otro. Es como mirar a alguien que está mirando. […] A medida que sondeas un espacio con la visión, es posible verte a ti mismo viendo. Esta visión, esta indagación, imbuye el espacio con la conciencia. En función de la forma en que decides verlo y donde te encuentras en relación a este, creas su realidad. La obra puede cambiar a medida que te acercas a ella o te mueves en el interior. También puede modificarse a medida que cambia la fuente de luz que penetra”.

“Esto es la arquitectura de la luz ocupando el espacio. Puedes controlar la percepción visual en cualquier momento usando sólo la luz; puedes negarla de la misma manera que la luz ilumina la atmósfera durante el día y no podemos ver las estrellas. Por eso mi trabajo está intrínsecamente involucrado con la creación de la estructura espacial. Normalmente esto se hace con materiales físicos: hormigón, acero o vidrio, pero yo lo hago con la luz”.

“Si definimos arte como experiencia, podemos suponer que el espectador, después de ver una obra, se lleva el arte consigo, porque ha sido hecho parte de su experiencia”.

 “En primer lugar, no me ocupo de ningún objeto. El objeto es la percepción misma. En segundo lugar, no me ocupo de ninguna imagen, porque quiero evitar el pensamiento simbólico asociativo. En tercer lugar, tampoco me ocupo de ningún objetivo ni de ningún punto en especial donde mirar. Sin objeto, sin imagen y sin objetivo, ¿qué es lo que miras? Te miras a ti mirando”.

Azul arquitectura luz james turrell

©James Turrell. Archivo James Turrell

Su serie de los skyspaces consiste en unas habitaciones de geometría simple en las que en el techo hay una apertura descubierta generalmente rectangular o circular. Sentados en un banco que recorre todo el perímetro los espectadores pueden observar (sobre todo en el momento del anochecer) cómo el cielo va cambiando de color, primero en una secuencia natural (azules, rosados, naranjas, morados, etc.) y después, por la interacción del color de la luz artificial del interior de la sala, en una secuencia de colores casi imposibles (verdes eléctricos, plateados,…) hasta llegar al negro profundo de la noche.

skyspace james turrell

©James Turrell. Photo by Florian Holzherr

En palabras del autor: “este es un leve recordatorio de que, por el hecho de que nosotros le damos al cielo su color y somos capaces de cambiarlo, nosotros creamos la realidad en la que vivimos. La luz que hemos creado cambia la realidad de cómo percibimos el cielo. Nosotros creamos el mundo en el que vivimos en un sentido mucho más amplio del que estamos dispuestos a aceptar nuestra responsabilidad”.

Debemos (artistas y arquitectos) re-encantarlo todo, estimular los sentidos de aquellos que experimentan nuestras obras, estimular su participación activa, su atención y capacidad de asombro porque si no, como diría Marcel Proust:

“Y lo sentiríamos mucho, porque la existencia apenas si tiene interés más que en esos días en que el polvo de las realidades está mezclado con un poco de arena mágica, cuando un vulgar incidente de la vida se convierte en episodio novelesco”.

La Fundación NMAC Monteenmedio (en Vejer de la Frontera, Cádiz) expone permanentemente uno de los skyspaces de James Turrell, Second Wind, 2005, y definitivamente merece la pena la experiencia si andáis por las tierras del sur.

 

Marín A. (1 Posts)


1