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La Bicicleta Cycling Café & Workplace

Seguimos otro mes más paseando por Madrid y descubriendo esos locales que hemos definido como “cafeterías con apellidos”; esos establecimientos que al sumar a su oferta habitual algunos servicios complementarios, se han revestido de una marcada personalidad que les distingue de su compentencia y les hace especialmente atractivos . Hoy le toca el turno a un local con apellidos de noble inglés: La Bicicleta Cycling Café & Workplace. Se trata —como dicen su nombre y primer apellido— del primer café de temática ciclista abierto en Madrid y, además, —como dice su segundo apellido— es uno de los locales pioneros en eso de servir como centro de trabajo para esa nueva especie en vías de desarrollo, que son los teletrabajadores.

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Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

Cuando traspasamos las puertas de La Bicicleta —como ya hay confianza, vamos a tratar al café por su nombre de pila— vino a nuestra mente ese lema tan salmantino de “Salamanca: arte, saber y toros”, que nos hemos permitido adaptar como “La Bicicleta: arte, café y bicis”. Porque este es el lema que define las tres pasiones compartidas que impulsaron a Tamy Marqués y Quique Arias a afrontar esta dura etapa, escapándose de la vigilancia del pelotón hostelero.

Arte, porque este es uno de los principales aspectos del establecimiento; ambos han crecido en contacto con el arte urbano, el grafiti, etc. y ahora plasman este amor por el arte, tanto en la decoración del establecimiento como en las numerosas exposiciones que programan en el mismo. Café, porque, ante todo, esto es una cafetería, pero no una cualquiera sino que aquí el amor por el café es casi una religión, hasta el punto que pusieron en marcha un crowfunding para adquirir su propia cafetera y poder elegir sus propios tipos de café y tostados —sin tener que depender de ninguna marca—, contando para la elaboración del producto con un experto barista. Y…bicis, porque al fin y al cabo ese es el leitmotiv del local. Más que un café de temática ciclista, es un templo dedicado al culto a la bicicleta. Porque ella es la que inspira la decoración, la pintura, la temática de las exposiciones, el menú —¿dónde si no, podrías degustar un “Sandwich Indurain” o una ensalada “Tour de France”?— e, incluso, la contraseña de la WiFi —con el nombre de un popular ciclista segoviano, íntimo amigo de El Hombre del Mazo—.

La Bicicleta es, por tanto, una galería de arte donde puedes trabajar, un café donde puedes entrar con tu bici, un centro de trabajo donde puedes tomarte una copa con los amigos. Es todo eso y muchas cosas más. Y para conocer todas ellas, nos unimos a la escapada de Quique y Tamy para charlar un rato, eso sí, bien avituallados por un excelente café.

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Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

Vuestro local es perfecto para un café, situado en el corazón de Malasaña, en la Plaza de San Ildefonso, en la confluencia entre la Calle del Barco y la Corredera baja de San Pablo, grande y con unos enormes ventanales que le aportan mucha luz al interior. ¿Cómo disteis con él?

Pues fue cosa de suerte. Buscábamos un sitio en Malasaña que tuviera más o menos estas características, lo que era casi imposible, pues la mayoría de locales que vimos eran interiores, estrechos, sin ventanas… Pero vimos este local con un cartel de “Se alquila”, llamamos y conseguimos arrendarlo. En realidad fue una casualidad tras otra, pues el local llevaba cerrado bastantes años.

La Bicicleta rebosa personalidad por los cuatro costados gracias a la decoración, basada en el mundo ciclista, al toque retro-industrial en techos y suelos, y al arte urbano que desborda vuestras paredes y pizarras.

Hemos respetado lo que había, ya que el suelo es el original del local. Cuando llegamos había una tarima flotante bastante vieja que tuvimos que quitar; comenzamos a rascar porque debajo había una capita de cemento y no creíamos lo que íbamos descubriendo: por aquí aparecían unas teselas, más allá un trozo de hormigón, por otro lado una resina…vino el pulidor a quitar esa capa de cemento y dejamos lo que había debajo. Con el terrazo negro de la parte de adelante ocurrió otro tanto, el día que terminamos de pulirlo estaba espectacular.

En cuanto a los grafitis que decoran nuestras paredes, desde muy pequeños hemos tenido mucho contacto con el arte urbano, con el grafiti, tenemos muchos amigos metidos ahí y les hemos ido pidiendo cosas. Este que ves junto a la mesa es de los Boa Mistura un grupo de artistas espectacular que que está triunfando a nivel internacional con proyectos muy importantes en Europa, África y Latinoamérica. Las pizarras están hechas por la gente de Rotulación a mano. Abajo tenemos otra obra de Sr. Mu que es otro artista e ilustrador madrileño…

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Mural de Sr. Mu. Foto: Alejandra Rodríguez Bueno.

El mobiliario que habéis elegido también tiende a dar al café esa personalidad de la que antes hablábamos: los enormes sofás, los mullidos sillones, las mesas y sillas, los innumerables puestos de trabajo junto a las ventanas. Además su distribución da una sensación de “caos ordenado” alejada de los cafés franquicia. ¿Buscasteis transmitir esta sensación o ha sido algo aleatorio?

En la elección del mobiliario hubo un poco de todo: cosas compradas en el Rastro, cosas del piso de la abuela que se muere, cosas de segunda mano y mucho trabajo nuestro para restaurar muchos de esos muebles.

Teníamos, eso sí definido un estilo a la hora de seleccionar el mobiliario y nos ajustamos a él y también teníamos claro el concepto de la iluminación y de colocar muchas mesas, pero el asunto de la distribución fue más aleatorio. Teníamos todo agrupado en un montón, planteándonos cómo iba a quedar junto, todo esto que nos gustaba por separado. Poco antes de abrir el local, nos pusimos a distribuir el mobiliario y…todo encajó como si lo hubiéramos tenido planeado de antemano. Puede ser que el hecho de haber estado observando y estudiando distintos lugares nos haya hecho tener un feeling especial para elegir muebles que pueden interactuar entre sí sin necesidad de verlos juntos.

En especial me llama la atención esta mesa-centro-de-trabajo tan maravillosa, que encaja perfectamente en el local ¿os la han construido a medida?

Pues también en este caso tuvimos mucha suerte. Queríamos una mesa grande para que la gente pudiera utilizarla como centro de trabajo y un día la encontramos en una tienda de antigüedades del Rastro. Es una mesa francesa que ocupaba casi la mitad del local y desde que la vimos supimos que era exactamente la que estábamos buscando.

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Mesa central y mural de Boa Mistura. Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

El alma de que habéis dotado el café, ya haya sido conseguida aleatoriamente o haya sido buscada, ¿ha dado como resultado que tengáis el tipo de público que buscabais desde un principio?

La verdad es que estamos sorprendidos de lo perfectamente que se han ajustado tanto el público como la atmósfera y el ambiente que se ha generado a lo que estaba previsto en el proyecto: hay mucho extranjero que es un público que nosotros estábamos buscando, mucha gente joven, etc. Hay un perfil bastante marcado, gente de unos 25 a 35 de edad y dentro de ahí hay de todo: extranjeros, españoles, gente del barrio, etc.

El extranjero se siente como en casa, porque en realidad no hemos inventado nada. Este establecimiento está influenciado por las cafeterías del norte de Europa; si eres londinense y vienes aquí no ves nada que no veas en 20 sitios en Londres. Ellos llegan aquí y se sienten a gusto porque pueden venir solos. En Europa es muy común ver a la gente que va sola a leer un libro, estudiar o a trabajar con el ordenador y eso es lo que queríamos importar aquí, puesto que en España la hostelería siempre ha ido enfocada a los grupos como elemento social.

Por eso, para el público español quizás el secreto ha estado en ubicar el local donde sabes que tienes público objetivo que va a aceptar este tipo de sitios. Posiblemente esto lo haces en otra zona de Madrid y no funcione igual que aquí.

Como bien decís el concepto del café como lugar de trabajo es algo novedoso en nuestro país aunque en el extranjero, donde se da con más frecuencia el teletrabajo, es algo ya consolidado para todos aquéllos que no tienen que ir a la oficina y no quieren trabajar en su casa. ¿Cómo surgió la idea de configurar vuestro café como un workcenter?

Bueno, esto no es realmente un workcenter, porque allí te alquilan un espacio por un determinado periodo de tiempo. Aquí vienes, te sientas y puedes trabajar con tu ordenador durante un tiempo ilimitado, disfrutando de WiFi gratuita, mientras te tomas un café de calidad, un sándwich, un refresco o lo que te apetezca. Por eso, distribuimos el espacio de este modo, para que la gente que viene sola con el ordenador se ponga por las ventanas o en la mesa grande y en cambio los sofás y las mesas del centro queden para la gente en grupo. Aun así hay momentos en que todo el local está lleno de gente con el ordenador y es cuando nos damos cuenta de que realmente la gente necesitaba un sitio así.

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Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

Pero este público que viene aquí a trabajar o, simplemente, a navegar por Internet, está en el local mucho tiempo, lo que hace que la rotación de vuestra clientela no sea muy alta. ¿Cómo habéis afrontado esto en vuestro modelo de negocio?

Pues desde el punto de vista hostelero es un punto de vista novedoso pues, efectivamente, no buscamos tanto la rotación sino la persistencia del cliente. Hemos puesto por encima el hecho de tener siempre gente en el local al hecho de tener muchísima rotación. Obviamente para que esto pueda ser rentable hace falta un local grande con muchos puestos de trabajo —además, varios tipos de puestos distintos— y una adecuada distribución de los mismos.

También hemos cambiado la rotación de la clientela por la fidelización de la misma. Queremos que quien venga una vez, vuelva y que la gente no vea esto solo como una cafetería, sino como un lugar donde ocurren cosas y que vuelvan porque quizás al día o a la semana siguiente, ocurra algo de lo que no podrá disfrutar hoy.

Café, workplace, pero ante todo vuestro local es un templo de la bicicleta que está presente en todos los aspectos; desde el nombre, pasando por la decoración, las actividades que organizáis e incluso vuestros menús.

El tema de la bicicleta lo hemos vivido desde que éramos pequeños. Tenemos familiares ciclistas, nos movemos por la ciudad en bici desde hace mucho tiempo… La idea de un local relacionado directamente con el ciclismo surgió de una conversación con una amiga de Quique, que vive en Riga (Letonia). Le contó que un grupo de personas que habían montado allí un local en el que una parte era un taller de bicis y otra café bar. Ahí se encendió la chispita y vimos la oportunidad de unir nuestro negocio y nuestra pasión por la bicicleta.

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Mural pizarra de Rotulación a Mano. Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

¿Qué servicios relacionados con la bicicleta ofrecéis en el café?

Tenemos dos tipos de servicios. Por un lado, una serie de servicios que podríamos denominar como pasivos como son el tener siempre a disposición de la clientela lo que llamamos el bike corner, una esquinita del local con un pequeño banco de trabajo y una caja de herramientas donde puedes reparar una avería en tu bici. Además dejamos que la gente pueda aparcar su bici dentro del local, obviamente, si este no está lleno. Queremos potenciar que la gente use la bici como medio de desplazamiento y qué mejor forma que la pueda llevar consigo a trabajar o para irse a un bar a tomar algo.

Además, tenemos un montón de servicios activos destinados a promocionar el mundo de la bici. Nosotros queremos refrendar nuestro lema de cycling café con acciones, no solo colgando dos bicis de las paredes. Desde aquí queremos fomentar el uso de la bici y queremos servir de apoyo para las tiendas, que, generalmente, son las más activas en lo que se refiere al ciclismo.

¿Qué tipo de servicios activos ofrecéis?

Por lo pronto en el sótano tenemos una sala que destinamos a actividades que tengan que ver con el mundo de la bicicleta. Organizamos exposiciones de pintura, fotografía, de maillots, etc. Además cedemos esa sala para cualquier cosa que tenga que ver con la bici: asambleas de asociaciones ciclistas, presentaciones de actividades relacionadas con la bicicleta, mercadillos con artesanos que a partir de piezas sacadas de bicis en desuso crean cosas, etc.

Además, dos veces al mes tenemos talleres de ciclocostura, en los que se enseña a la gente a tunear su ropa para el uso ciclista, por ejemplo, haciendo gorras ciclistas, cosiendo bolsitos en la parte trasera de la chaqueta, reflectantes, etc.

En resumen, muchas actividades que publicamos puntualmente en nuestra página web y en nuestra página de facebook para que nuestros seguidores no se las pierdan.

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Foto: Alejandra Rodríguez Bueno

¿Hacéis algo desde el punto de vista deportivo?

Desde abril hemos empezado a organizar los domingos los Coffee & Ride, unos eventos que tienen su componente deportivo, aunque más lúdico que competitivo. Quedamos aquí a las 10, desayunamos, planificamos la ruta que vamos a hacer —normalmente por el carril bici de la carretera de Colmenar— y salimos sobre las 11. Son rutas más bien orientadas al ciclista urbano que usa habitualmente bici de carretera o de piñón fijo, para animarle a salir más allá de las fronteras de la ciudad y ver un poco de campo. En el futuro quizás montemos también alguna excursión para las bicicletas de montaña.

Además, hacemos otra cosa muy guay como son los ciclo paseos. Una vez al mes Jaime Braschi, un gran conocedor de la arquitectura e historia de Madrid, nos diseña un itinerario cultural y lo proponemos para que la gente se dé un paseíto de dos o tres horas y termine aquí tomando un vermut. Siempre intentando vincular la bici con ocio y cultura.

La meta se atisba ya en el horizonte y dejamos que estos dos esforzados de la ruta sigan con sus perfectos relevos para alcanzar una más que merecida recompensa pues han vencido en la más dura de las etapas. Y les dejamos con una frase de H. G. Wells que seguro que ellos suscriben:

Cuando veo a un adulto en bicicleta, no pierdo las esperanzas por el futuro de la raza humana.

 

Fotos: Alejandra Rodríguez Bueno

 

 

Ángel Cuesta (20 Posts)


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