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La Educación que tenemos

Pablo Guillamón

−¡Hola! Buenos días… ¿Qué tal? ¿Cómo te encuentras?

Son saludos habituales, muy cotidianos, muy utilizados por todo tipo de gente. Cuando los escuchamos, pensamos que “es una persona educada”, al menos, es lo que popularmente se entiende por educación, pero no es más que un formalismo social que sólo nos indica que quien los utiliza ha aprendido esas rutinas y las sabe aplicar correctamente.

Sin embargo la educación debe ser mucho más que eso, pues tiene diversos componentes y en todos ellos debemos alcanzar unos niveles mínimos a partir de los cuales se considera a la persona que los posee “educada” en relación a su cultura y entorno; porque en la India el concepto puede ser diferente.

Si seguimos nuestra propia legislación, tanto en la LOGSE como en la LOCE, LOE y LOMCE aparece el “deber de la educación” definido como la atención al desarrollo intelectual, afectivo, psicomotor, social y ético o moral del alumnado. El “¡Hola!” y “¡Buenos días!“ estarían en el componente social y cubriría una pequeña parcela de éste, pero ¿y el resto? ¿Y los demás componentes?

No es difícil encontrarse por la calle gente que saluda correctamente, pero que luego en el metro no le deja el asiento a la señora mayor, que a duras penas puede mantenerse de pie agarrada a la barra del techo.

Hay multitud de situaciones de la vida diaria en las que se ven claramente nuestras carencias educativas a nivel social y moral.

¿Quién no ha tenido alguna vez en su juventud o madurez un “amigo”, “compañero” o “colega” que cuando te puede ayudar, porque te encuentras en una situación propicia para mejorar en algo, te pone la zancadilla para que caigas o maquina o habla mal de ti en las sombras del cotilleo profundo para fastidiarte y que no puedas “ser mejor que él”, estar en mejor posición o simplemente mejorar a secas? Está claro que la envidia, el odio o cualquier otra cuestión, le impide ayudarte o simplemente no perjudicarte. Sin embargo, lo educado sería, como mínimo, no fastidiar y, a nivel afectivo, alegrarse y compartir tu mejora si de verdad es amigo o compañero.

Si hablamos de EDUCACIÓN con mayúsculas, esa persona ¿es educada? Una persona hipócrita o simplemente con mala fe, un político que se lleva nuestro dinero, un maltratador, un acosador… ¿son educados? ¿La educación va ligada a los valores éticos y morales? ¿O consiste en saber muchas cosas y aplicarlas bien? Pienso que hay una gran diferencia entre la instrucción, que es saber cosas, como una ingeniería, una disciplina (historia, matemáticas, etc.), y la educación, que es saber cosas y aplicarlas correctamente respetando unos valores éticos y morales que hacen que funcionemos en consonancia con la naturaleza y nuestra condición humana. Por tanto, la educación es un conjunto de conocimientos, saberes, habilidades y formas de actuar tan amplio, que solamente usando la óptica de una ética o moral determinada nos permite poder calificarla como buena o mala en su conjunto.

Desde un punto de vista humanista, Hitler debió recibir una malísima educación, aunque estaba mejor instruido que nadie en cuanto al manejo y manipulación de las personas y las masas. Y su moral era la de un psicópata asesino.

No obstante, si queremos dar una referencia universal al concepto, siempre podemos utilizar los valores y derechos humanos de la ONU.

Es probable que el problema esté en la base de cómo aprendemos las cosas. La siguiente cita nos puede dar una idea.

“ (…) Pero, además de esto, el niño aprenderá rápidamente por imitación, fenómeno relativamente poco desarrollado en la mayoría de los otros mamíferos, pero altamente perfeccionado entre nosotros los humanos.”

Desmond Morris. El Mono Desnudo. 1967

Según el famoso biólogo, etólogo y escritor inglés Desmond Morris, aprendemos fundamentalmente por imitación. Esto coincide con el psicólogo Albert Bandura, quien desarrolló de manera formal este paradigma de aprendizaje dentro del conductismo. Jean Piaget habla de función simbólica, imitación, asimilación y adaptación. Es la forma en cómo funcionamos al aprender. Los “modelos” los seguimos en mayor o menor medida adaptándonos al medio en el que vivimos, en función de nuestra propia personalidad. Los niños hacen lo que ven, imitan a sus padres, a sus hermanos mayores, a sus profesores, a los héroes de las películas y a los famosos, entre los que se encuentran los políticos. Menudo ejemplo tenemos con ellos para nuestras futuras generaciones.

Por mucho que nos empeñemos en dar clases de Ética, Ciudadanía, Valores, etc., de poco van a servir, si el niño está viendo en casa que su padre grita continuamente, que no le hace el más mínimo caso, que aparece bebido… o que su profesor se ríe de él cuando no sabe algo o simplemente lo deja en ridículo o lo trata mal. Porque estos modelos se van a fijar con fuerza en su personalidad y si después no es capaz de “superarlos”, o sea, de reflexionar sobre esos comportamientos, analizarlos y considerarlos indeseables para él, va a repetirlos a lo largo de su vida, y va a gritar, a menospreciar y a ridiculizar cuando tenga una ocasión propicia. En la personalidad va todo nuestro bagaje de éxitos y frustraciones.

La educación tiene un componente muy importante en el ejemplo, es decir, en ver a gente educada para aprender comportamientos sanos, respetuosos y adecuados. Por eso, tanto los padres como los profesores tienen el “deber” de ser buenos ejemplos para las nuevas generaciones.

¿Vamos aproximándonos a una peor educación, aunque mejoremos nuestra instrucción? Y si así fuera ¿es esto lo mejor para la humanidad? ¿Somos más felices sabiendo muchos contenidos, pero siendo unos histéricos intransigentes incapaces de vivir nuestra vida sin molestar a los demás, sin ser el centro del mundo y tener la atención continua de alguien? Y en caso de no conseguirlo, nos frustramos, nos deprimimos o nos hundimos. ¿Es esto educación? Yo pienso que no. El bajo nivel de tolerancia al fracaso o a la frustración que hay en nuestra sociedad, sobre todo en los más jóvenes, es una muestra de este grave error educativo. No estamos preparados para aceptar la realidad y adaptarnos a ella, para estar solos, para ser nosotros mismos, para vivir felices sin necesidad de “molestar a los demás” para obtener ese insano placer que consiste en disfrutar del mal ajeno.

Por otra parte, a nivel intelectual hay pruebas tanto de nuestras carencias como de nuestros éxitos o habilidades.

El informe PISA nos da una idea negativa del asunto, como se ve en las siguientes noticias extraídas de la prensa:

 Informe PISA, de mal en peor, la educación en España no levanta cabeza

El 26% de los alumnos españoles que hicieron la prueba digital en Lectura se encuentran en los niveles más bajos (<1 y 1); mientras que sólo el 3,7% de los alumnos están en los niveles más altos (5 y 6)

Logopress 01 de abril de 2014

Suspenso en la vida real

Los jóvenes obtienen 23 puntos menos que la media de la OCDE en problemas cotidianos

Las pruebas van desde la compra de un billete de metro hasta búsquedas en internet

El resultado es peor que su mediocre rendimiento en matemáticas, ciencias y lectura

El País. 1 de abril de 2014

Pero también hay noticias positivas del desarrollo intelectual en España. Una de las más curiosas es la lista de los diez inventos españoles que pasaron a la historia que aparece en ABC 29/11/2011

http://www.abc.es/20111129/medios-redes/abci-diez-inventos-espanoles-201111290947.html

La lista la componen:

1.-El submarino; 2.-El autogiro; 3.-El Chupa Chups; 4.-La fregona; 5.-La bota de vino; 6.- El porrón; 7.-El botijo; 8.-El Cóctel Molotov; 9.-El arcabuz y 10.-El cigarrillo.

No está el ordenador, la televisión, la célula fotoeléctrica o el teléfono móvil, pero es que en la situación actual de España y en la de los últimos cincuenta años, la investigación y la educación han estado poco promovidas por los gobiernos, aunque seguimos teniendo investigadores que, tanto en España como fuera, desarrollan importantes avances científicos. Es de destacar el campo de la medicina y la cirugía en los que España sobresale por la buena organización educativa en este aspecto (sobre todo el MIR).

El suspenso en la vida real tiene mucho que ver con nuestro sistema educativo, que a pesar de que hemos cambiado cuatro veces de legislación en muy pocos años, sigue siendo igual de ineficaz, excesivamente academicista y poco o nada práctico. Nuestros alumnos aprenden muchas cosas que no les sirven para nada, lo podríamos denominar “saber basura”, ocupa espacio, llena nuestro disco duro, pero luego no tenemos aplicaciones que lo utilicen. Cuando esto nos pasa con el ordenador, lo solemos limpiar y borrar carpetas. Lo que hacen los alumnos es olvidar. Olvidan rápidamente lo que no les sirve, no les motiva o no les interesa o atrae. ¿A quién no le ha pasado que después de un examen piensas “Ya no me acuerdo de nada”? Por eso los especialistas no paran de decirnos que el aprendizaje tiene que ser “significativo”, tiene que tener utilidad práctica en la vida real del alumno y ser interesante, si no, se pierde rápidamente.

¿Gastamos un esfuerzo tremendo en sueldos, horas de trabajo y materiales, en cargar basura que rápidamente se desecha?

La creatividad y el ingenio son otros componentes importantes que tenemos muy abandonados, incluso penalizados. Niels Bhor, premio Nobel de Física en 1922, cuenta la anécdota de que en el instituto su profesor de Física le había suspendido un problema cuando él lo consideraba bien resuelto. Fue a reclamar y el profesor le dijo “está bien, pero no es así cómo yo he dicho que hay que hacerlo”. En este caso, ¿quién es el mal educado? ¿Quién no respeta al otro?

Por otra parte, España necesita despuntar y emprender para convertirnos en un país motor y no remolque, lo que está directamente ligado a la capacidad de creación, de emprender, al diseño y a la economía. Hay una importante frase que define esto:

 “La economía no se centra ya en lo que sabes, sino en qué sabes hacer con ello”

En el mundo anglosajón, lo primero que te piden al presentarte a un trabajo no son los títulos académicos que tienes, sino lo que eres capaz de hacer y lo que ya has hecho. Después de que demuestres tus habilidades te pedirán títulos o no, según lo exija su legislación.

Es muy probable que no dejemos a los alumnos resolver las cosas por sí mismos. Utilizamos excesivamente los libros de texto. Y apenas organizamos tareas libres a las que los niños y jóvenes puedan enfrentarse con intuición. En casa están super protegidos. Los padres se lo resuelven todo. En los centros educativos quizá se haga algo parecido.

  • La educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela. (Albert Einstein)
  • Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos. (Séneca)
  • Lo maravilloso de aprender es que nadie puede arrebatárnoslo. (B.B. King)

Si queremos llegar a algo y manejarnos por nosotros mismos, necesitamos fomentar la creatividad, el ingenio. Los inventos, las empresas y los negocios son creaciones. Sin esta faceta fundamental nos quedamos en simples imitadores o compradores de los productos que hacen otros mucho más creativos que nosotros.

En la vida diaria lo vemos continuamente. ¿Cómo se construye nuestra propia personalidad…? ¿Nos hacemos a nosotros mismos…? ¿O seguimos pautas establecidas imitando modelos?

Repetimos lo que hacían nuestros padres sin saber por qué. Repetimos conductas vistas o “sufridas”. Los maltratadores suelen haber sido maltratados. Los que molestan suelen haber sido molestados o están desatendidos o desamparados. Los que llaman la atención y no dejan hablar a nadie suelen estar poco apreciados en su entorno y necesitan algún aliciente a su insatisfacción personal.

Una falta de creatividad tremenda. Nuestra propia vida puede llegar a ser insulsa porque no sabemos hacer algo diferente a lo que hemos visto en la familia o en los amigos o vecinos, y probablemente repetimos rutinas preestablecidas para obtener seguridad, pero que nos provocan un tremendo aburrimiento.

La cuestión física también es educación, no olvidemos: “Mens sana in corpore sano”. Esto nos anima a que trabajemos la faceta física, deportiva y manual con la importancia que se merece. Sin embargo ¿qué nivel de desarrollo tenemos los españoles en este aspecto? La mayoría de los trabajos son de tipo sedentario; sentados durante horas en una mesa frente al ordenador. Los jóvenes juegan bastante, pero casi siempre es con el ordenador, la videoconsola o la Wii. Por lo que apenas se mueven. Para colmo, nuestra comida habitual suele ser de mala calidad, carente de fruta y verdura pero con mucha grasa. Nuestra educación está por los suelos en este aspecto. Sólo un pequeño porcentaje de la población practica algún deporte o sale habitualmente a pasear o andar al aire libre por parques, o montes, o campos. Si todos hiciéramos esto nos acercaríamos mucho más a la naturaleza de la que formamos parte. Hay gente en las ciudades que apenas ha visitado el campo y ni siquiera es capaz de pasear solo entre árboles o matorrales, por miedo o incluso “asco” hacia los insectos, plantas o animales con los que pueda encontrarse.

Por otra parte, tampoco valoramos lo que los alumnos de nuestros centros saben hacer con las manos. Los tenemos durante horas sentados escuchando explicaciones, escribiendo, etc. Pero algunos se aburren tremendamente en ese escenario, porque necesitan hacer otras cosas más manuales que su propia genética les pide. Llevamos muy pocos años (entre 5.000 ó 6.000) como seres más intelectuales, frente a más de 50.000 como seres fundamentalmente manuales.

No podemos saltarnos la evolución por mucho que queramos. Necesitamos movernos, sentir la naturaleza, satisfacer nuestras necesidades y deseos sin dañar o molestar a nadie, disfrutar de la vida como algo que al final termina.  Al fin y al cabo, somos animales.

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