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Luter

Si hablamos de Eduardo García Martín, probablemente eso no diga demasiado, pero si el nombre que pronunciamos es el de Luter, la cosa cambia, y mucho, pues hablamos de uno de los cantautores rock más influyentes del panorama musical español de los últimos años.

Desde finales de los 90, cuando formaba parte del grupo de rock Los Reconoces, hasta nuestros días, en los que dirige y da nombre a su propio proyecto personal (acompañado en el mismo por Jandri y Fauno, integrantes de su banda), Luter ha destacado como uno de los músicos que más cuidado pone en sus letras, en la línea de grandes clásicos como Rosendo Mercado o de artistas consolidados y eclécticos como Kutxi Romero, de Marea, que ha tenido mucho que ver en su último disco, Orilla, que verá la luz en breve, tras un exitoso proceso de crowdfunding.

Enamorado de la literatura, presentó recientemente Como si nunca existieran fronteras en los besos, un libro de poemas editado por Desacorde Ediciones, proyecto que complementa su faceta musical y calma sus ansias de crear, al menos por un tiempo, para, como él dice, engañar a la muerte.

Inquieto y decidido, Luter es una máquina de crear, con un estilo personal inconfundible que ya he generado un sello propio, una marca que amenaza con expandirse hacia nuevas formas de expresión. Luter garantiza el cambio generacional, el artista completo que trasciende hacia algo más. Su carrera es un ejemplo de coherencia, una manera pura de entender y vivir el rock que no se mueve por modas ni mercados.

De alguna manera, Luter es un Quijote lúcido, un viejo joven que todavía tiene por delante muchos puertos en los que atracar. Con un proceso de trabajo basado en el compromiso entre libertad y orden, entre anarquía y disciplina, Luter es un ejemplo de profesionalidad rockera: sexo, drogas, rock and roll y trabajo, mucho trabajo. Siempre junto a su banda, como los forajidos de leyenda, cabalgando eternamente hacia la puesta de sol.

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Escribes poesía y haces rock. Hasta hace poco parece que esas dos cosas estaban reñidas. ¿Alguna vez te has sentido como alguien clandestino por ello?

Lo cierto es que, más o menos hasta el 2000 estaban un poco peleados la poesía y el rock, lo cual era irónico, pues había letras muy líricas, pero la poesía literaria y la musical no se llevaban muy bien. En esa época fue cuando yo grabé mi primer disco  y sí que es verdad que yo me preocupé un poco de cuidar más los textos porque es una cosa que llevo haciendo toda la vida. Ahora lo noto menos, pero sí que es verdad que cuando empecé en la música, las bandas de rock se quedaban cojas en los textos y yo siempre traté de cuidarlos. En esa época inicial yo iba buscando cantautores o grupos que me llenaran con sus letras, como podían ser,  por ejemplo, Rosendo, Los Enemigos, La Cabra Mecánica o Joaquín Sabina. De hecho, eso lo tenía que buscar más en otros géneros porque en el rock no existía, las letras se centraban más en otras cosas. Pero lo cierto es que siempre me ha gustado mucho esa faceta, independientemente de que estuviera o no de moda.

Te han puesto también la etiqueta, no sabemos si te incomoda o no, de cantautor rock. ¿Tú te sientes bien con esa catalogación o te da igual?

A mí me gusta tocar como una banda de rock; siempre me he sentido muy incómodo estando solo en un escenario y eso de estar con un par de colegas, convivir con ellos y subirme a un escenario con dos tíos con los que tengo cosas que compartir me gusta. Si no fuera así, yo no sé si me subiría a un escenario a hacer una gira.

Sí que es verdad que todo lo que yo hago va con mi sello, pero yo llevo casi todo preparado para mi banda y siempre la he defendido. Me costó mucho encontrar la gente con la que montar un proyecto. Yo siempre he querido defender la idea de Luter como banda. Es cierto que es un proyecto personal en el que yo canto, toco, compongo, estoy al frente…pero siempre buscando que haya un efecto de banda.

¿Qué supuso para ti el cambio de Los Reconoces al nuevo proyecto de Luter?

A mí me dio la libertad de poder decidir sobre qué quería hacer. Cuando tocas en un grupo y cada miembro no asume cuál es su lugar, dónde están los límites, eso no funciona. El cambio me dio la libertad de cantar y componer que es lo que yo quería hacer.

¿Corre peligro de que, con el tiempo, Luter se convierta en una banda y el proyecto deje de ser tan personal?

Yo siempre he sido muy idealista y cuando empecé a tocar con Los Reconoces, que era un chaval, pensaba que las bandas eran compartir, algo donde cada uno aportaba y luego me di cuenta de que no era así. Cuando monté Luter, lo que traté fué dejar que todo fluyera en el sentido de que la gente que viniera lo hiciera porque le apeteciera. Cuando hablé con Jandri y Fauno les dije lo que quería y cuál iba a ser su sitio y les pareció genial (incluso con Fauno tuve la suerte de que entró como fan, y tener a alguien que sabes que le gusta lo que haces facilita mucho las cosas). Llevo tiempo intentando buscar otros músicos que nos complementen y me da miedo, porque quiero proteger ese algo que hemos creado entre los tres y que es muy bonito.  Las bandas son muy importantes, porque aportan el espíritu de cada uno, porque sí que es verdad que, a lo mejor el 90% es mío, pero también lo es que sin ese 10% que aportan ellos, no seríamos Luter.

 

Se suele decir que los músicos de sesión son los mejores. ¿Tienes envidia de decir, yo voy a ir a grabar con los músicos que yo quiera, algo así a lo que hace Springsteen?

Sí que me gustaría, pero tal y como tengo concebido esto, prefiero conservarlo, a abrirlo tanto como para que pierda el control. Esa parte fría del músico contratado, siempre me ha rechinado un poco. A veces oigo una entrevista de alguien que te dice “en el disco he contado con X y en los directos me llevo a Y” y pienso que es muy raro que alguien que te ha dejado su feeling en la grabación, no vaya contigo al directo, me parece muy frío.

¿El mundo del rock sigue siendo un mundo de arquetipos, de “sexo, drogas y rock and roll” o eso ha quedado atrás? Porque parece que ha habido mucha desmitificación en eso…

Yo lo he vivido de verdad, de hecho, hasta me he sobrado. He vivido el rock a tope. Con Luter ha habido una etapa larga que he vivido así, aunque sí que es verdad que ahora llevo una época en la que me estoy cuidando más. Sí que es cierto que a mi alrededor no lo he visto. La mayoría de la gente con la que he tocado es gente muy sana, que se va a dormir pronto y que llevan muchos años tocando.

Cuando te metes en una grabación, ¿eres más disciplinado o eres anárquico?

Pues esta ha sido la primera vez que he sido disciplinado en toda mi vida. Pero hasta este disco iba al estudio cuando podía. Lo cierto es que quizás tendría que haber cuidado esto un poco más pero… ¿qué estábamos haciendo? ¿Era rock and roll, o estábamos montando una mercería?

En el rock, cuando un artista pasa a ser muy popular o cambia de registro, siempre corre el riesgo de que le pongan la etiqueta de vendido, algo que ha ocurrido con gente como Fito o, incluso, Extremoduro. Es el punto de “nos ha fallado, antes te escuchábamos 5 y ahora son 5.000”,  antes era nuestro y ahora le gusta a todo el mundo. ¿Cuál es el punto de vista del músico ante eso?

Lo primero es que hay que saber elegir en la vida lo que te gusta y lo que no. A veces elegimos cosas a la ligera y luego nos damos cuenta de que no es lo que queríamos. Yo siempre digo que las personas no entendemos, pero distinguimos. Llevo toda mi vida siguiendo a Rosendo y ahí está, como un señor, impecable. No tengo ninguna queja con él, siempre ha seguido una línea coherente. Hay otra gente que ha visto ciertas puertas abiertas y ha entrado por ellas. Hay gente de mi generación a los que les han mostrado el caminito y han ido por él. A algunos les ha salido muy bien y a otros muy mal; pero siempre corres el riesgo de hacerlo y tener que enfrentarte después con la sensación de “me he tirado a la piscina y he hecho una basura que no quiere nadie” y luego no encontrar tu sitio ni en un lugar ni en otro.  A veces parece que eliges algo y te va a sumar y luego, sin embargo, te resta.

¿Alguna vez te has planteado componer para otros?

Me lo han ofrecido varias veces. De hecho, hace poco me propusieron componer para otros artistas y, además, me pagaban bien y dije que no. Es que no me sale, no soy un compositor profesional. Yo soy un artesano, he llegado a trompicones a esto, mi trabajo es la música y lo hago como sé hacerlo y como quiero. Reconozco que hay profesionales que igual te componen un jingle que una sinfonía y los admiro, pero no soy así.

Hablemos ahora de literatura, ¿cómo te iniciaste en el mundo de la escritura?

Siempre me gustó escribir, desde pequeñajo (gané un concurso de cuentos cuando tenía ocho años), lo de escribir no es algo que me surgiera de repente cuanto monté una banda de rock. Durante toda la vida he ido escribiendo cosas y guardándolas; la literatura ha sido como mi pequeño espacio, aunque no se editara

Cuando miras tus primeras obras, ¿tienes la vergüenza del autor mirándose a sí mismo? ¿Eres crítico contigo mismo?

Sí, soy muy crítico, pero supongo que eso le pasa tanto a los  que escribimos como al pintor que quiere dar la pincelada perfecta. Siempre hay que buscar tu línea y eso cuesta mucho. Yo he desechado un montón de cosas.

¿Escribes únicamente poesía o te adentras en otros géneros?

No, yo escribo muchas cosas. También he escrito bastantes cuentos e, incluso hace cuatro o cinco años escribí una obra de teatro, que releí hace poco, vi que estaba casi terminada y me pareció que estaba muy bien, así que la quiero hacer dentro de poco.

 ¿Escribes como desahogo, porque te gusta o porque te sale bien y tiras para adelante?

Para mí, la escritura es una manera de engañar a la muerte. Yo tengo mucho miedo a la muerte y es una forma de engañarla. También escribo porque siempre me gusta crearme otros mundos. La gente tiene uno y yo tengo varios en los que puedo esconderme…saber lo que vale el pan o lo que dice Rajoy, ya lo sabe todo el mundo y yo también quiero saber otras cosas y por eso, tomo la literatura como un refugio.

¿Tienes una motivación distinta cuando te enfrentas a la literatura respecto de cuando te enfrentas a la música?

Hay matices, pero hay un hilo conductor. Por eso no lo quiero separar y mis libros salen también como Luter, porque es un poco lo mismo. La impronta siempre está ahí. Lo que uno quiere contar siempre está ahí y separarlo sería un poco raro. Para mí es un todo, pero no solo la literatura; a mí me gusta absorber todo lo que sea una expresión creativa, la pintura, el cine… Es una manera de divertirme.

Dada tu faceta de escritor y el cuidado que pones en las letras de las canciones, ¿cuando compones empiezas siempre por la letra y luego intentas adaptar la música o lo haces al revés?

La letra va a al final, porque lo contrario sería muy complicado. Yo eso lo he hecho por primera vez en este último disco, poniéndole música a un poema de Miguel Hernández. Era algo que quería hacer desde hace muchos años, pero es muy complicado y mucho más forzado.

¿Has tenido algún detonante, algún autor que te haya influido…por ejemplo, que empezaras leyendo a Machado o Miguel Hernández y quisieras hacerlo como ellos?

A mí me pasó un poco al contrario. Yo empecé a escribir de muy pequeño y después me di cuenta de que había gente que también escribía y que me gustaba lo que hacían. Sí que es cierto que cuando empecé a conocer a otros autores, hubo dos que me marcaron mucho, como fueron Machado y Miguel Hernández. Además otros también me dejaron su huella cuando nos los hacían leer en el Instituto, como Blas de Otero, Lorca… Luego, ya más tarde, leí mucho a Lorca. Pero sobre todo Machado y Miguel Hernández, porque Lorca es más complicado, mientras que los otros son mucho más sencillos y eso es muy grande, que con cuatro cosas alguien consiga transmitirte lo que quiere. Además, Miguel Hernández es muy musical también y eso siempre me ha gustado.

Para terminar vamos a pasar al innovador modelo de financiación que has elegido para tu nuevo disco. ¿Cómo te ha ido la experiencia del crowfunding en Orilla?

Bien. Esto es algo que montó Juan de Rock Estatal y  a mí me propuso ser el primero. De hecho, llevo una época en que estoy inaugurando proyectos, primero el crowfunding y luego el libro con Desacorde Ediciones. Iban a montar una plataforma de crowfunding, me lo propusieron y me pareció muy bien. Lo interesante es que no hacía falta que recaudaras el total del proyecto: tenías que superar la primera fase, que era como un 60% del total y con eso te aseguras que sea viable. Si pasas ese límite entienden que el proyecto ya es viable y pasas a una segunda fase que es como una prórroga en la que te marcan un mínimo que tienes que conseguir y si no lo logras, tú asumes la diferencia, porque entienden que es una obra que artísticamente interesa.

orilla disco luter portada

Portada de Orilla, nuevo disco de Luter

Con el auge de las nuevas tecnologías, ¿sigue costando mucho dinero hacer un disco?

Ahora ha bajado un poco, pero sí.

¿Cómo ves el asunto de la distribución con la entrada de las nuevas tecnologías?

Pues directamente no voy a hacer distribución de este disco. Es la primera vez en mi vida que no lo hago, pero ahora voy a vender mi nuevo disco solo on line y en conciertos.

Pero, ¿vas a vender el disco entero o las canciones por separado?

Eso de vender canciones por separado, yo no lo entiendo muy bien. Creo que un disco es una obra considerada en su conjunto. Con ese punto de vista, de las canciones por separado, no hubiéramos tenido artistas como The Police, Frank Zappa... Eso depende del autor. Ese modelo se lleva más en el pop, donde siempre lo han hecho, pues iban al single y para hacer el LP incluían muchas canciones de relleno. Eso era un modelo económico que tenían que sustentar. De hecho, el otro día en una entrevista a la revista Rolling Stone, el director de los 40 principales dice textualmente que “el pop español es antiguo y casposo”, pero que ellos lo programan porque “lo que me interesa es que me oiga el dependiente del Zara, el tío del taller…”.

Y para finalizar con esta agradable charla, nada mejor que el siguiente vídeo, en el que Luter os saluda personalmente.

 

 

Ángel Codón y Baidewei

 

Ángel Cuesta (20 Posts)