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Gastrosofía: el amor (III)

Quien bien te quiere te hará reír. Las atormentadas almas que ignoran este sabio dicho experimentan el amor como la letra de una copla. “Eres mi vida y mi muerte, te lo juro compañero, no debía de quererte y sin embargo…” Así les va, claro. Hay que ser burr@, con perdón, y no está hecha la miel para la boca de este animal. Porque de miel es de lo que estamos hablando: de querer y que nos quieran bien, tan bien como merecemos. Éste y no otro es el amor que hay que cocinar. ¡Que no nos den gato por liebre!

Vamos a ver: si podemos saborear lo bello y lo bueno, ¿para qué perder tiempo y energía con lo malo o mediocre? Entre medio kilo de mortadela y cien gramos de jamón ibérico de pata negra, ¿con qué nos quedamos? En resumen: ¿de qué nos sirve amar y que nos amen mucho o “de verdad” si con el lote viene de regalo un paquetón de sufrimiento?

A lo largo de la historia conocida han sido muchos los promotores de esta monumental confusión.  Por poner un ejemplo, Tolstoi puso el listón muy alto con Anna Karenina. “Todas las familias felices se parecen, las desgraciadas lo son cada una a su manera”. Vale, le perdonamos la frase a León porque si empiezas una novela así, acabas firmando una obra maestra de la literatura universal con adaptación cinematográfica incluida. Pero nosotr@s, seres mortales de carne y hueso, transeúntes de la vida cotidiana, ¿somos personas o personajes? Si optamos por esto último es que nos hemos metido dentro de una novela. Si, por el contrario, escogemos ser simples personas lo mejor es empezar por el amor a un@ mism@, como ya adelantábamos hace unos meses (ver receta de salmorejo). Se trata de una técnica básica sin cuyo dominio difícilmente nos saldrá un amor sabroso, nutritivo y de fácil digestión. Esto de la digestión es importante si queremos conseguir buenos resultados a largo plazo. Parece fácil… y lo es, siempre que practiquemos a diario. Para el propósito que hoy nos ocupa damos por hecho que quienquiera que lea esta receta es un@ artista@ del salmorejo, así que… ¡manos a la obra y a por el buen amor!

En primer lugar, la materia prima es fundamental y por tanto debe ser de calidad extra. ¡Ojo! Cuando se trata de amor la calidad nunca es resultado de un precio desorbitado, sino de una selección esmerada. Como criterios fiables de calidad podemos citar, entre otros:

–        Mirada limpia, brillante. Es recomendable que sea directa pero no invasiva

–        Tacto agradable: consistencia firme y suave a un tiempo

–        Buen olor: en el amor la higiene es fundamental. El buen olor además es indicativo de frescura

–        Comunicación fluida, verbal y no verbal. Si el objeto de nuestro amor no nos transmite buenas vibraciones, más vale cocinar unas torrijas aunque sean de aburrimiento (ver receta)

Una vez que tenemos nuestro amor selecto en la cocina, hay que tener muy claro cómo nos lo queremos comer. A mi modo de ver, los buenos amores se hacen en el horno a fuego lento regados con un chorro generoso de imaginación para que no se sequen. Pero en gastrosofía no hay gustos universales, y menos si lo que se cocina es amor, así que la preparación admite tantas formas como podamos concebir. Lo que importa es el resultado.

En segundo lugar, la materia prima es necesaria pero no suficiente; hay que acompañarla de una guarnición variada que realce las múltiples bondades del sentimiento que nos ocupa. Esto es ya más fácil y cae por su propio peso. Seguro que a estas alturas de la receta quien la siga ya sabe qué guarnición añadirle; para los que todavía estén despistad@s proponemos las siguientes opciones:

–        Ensalada de alegría

–        Patatas a la paciencia

–        Arroz meloso de cariño

–        Crujiente de respeto

Por último, este plato se merece un buen vino y un buen postre. En mi opinión, los mejores caldos son los que maduran en libertad, sea cual sea su color. En cuanto a postres, lo ideal es combinar la frescura cítrica del sentido del humor con la dulzura de un turrón de confianza, acompañado, cómo no, de licor de estrellas.

¡Buen provecho!

Nota: este plato es ideal para celebrar el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres. Es altamente recomendable para niñ@s y adolescentes por estar en edad de crecimiento.

 

I. Alabanda (14 Posts)


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