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Mnemea

—¿Qué te parece si quedamos esta noche para cenar?

—Me encantaría —dijo Nora entusiasmada mirándolo a los ojos—. ¿En mi casa?

—Por mí estupendo —contestó Aldo— ¿A qué hora quedamos?

—¿Sobre las ocho?

—De acuerdo. Así me dará tiempo a pasar por casa para recoger a mi mujer y comprarte un ramo de flores.

—¡Oh! Vamos… no hace falta que hagas eso —dijo Nora algo sonrojada.

—Quiero hacerlo, quiero regalarte flores… ¿Te molesta?

—No, en absoluto, cómo me va a molestar. Simplemente no lo esperaba.

—Si no tienes un jarrón donde ponerlas te llevaré también uno —dijo Aldo con seguridad.

—Tengo uno muy bonito. Así que no compres nada más.

Nora sonrió y se despidió de él moviendo la mano. Acababan de encontrarse en la zona de relajación de las oficinas de la Corporación Mnemea. Era su lugar habitual de encuentro en el trabajo. Al principio comenzaron a coincidir allí por casualidad. Sobre las once ella solía tomar un poco de fruta y se recostaba unos minutos en uno de los cómodos sillones con vistas al gran parque natural lleno de olmos y abetos en el que se ubicaba la Corporación.

mnemea guillamon

Él solía relajarse algo más tarde, pero un día decidió hacer un descanso sobre esa misma hora. Cuando llegó a tomar su habitual taza de té y tumbarse en los cómodos sillones, encontró a Nora recostada y medio adormilada en su sillón favorito, en el que hasta ahora nunca había encontrado a nadie. Se quedó mirándola unos instantes en los que ella abrió los ojos percibiendo que estaba siendo observada.

—¿Nos conocemos? —Le preguntó.

—¡Oh! Lo siento…sólo estaba… No es nada, es que siempre cojo ese sillón —contestó Aldo algo nervioso al verse sorprendido por Nora.

—No me importa cambiar de sillón si tiene tanto apego a éste —dijo Nora levantándose.

—Qué va… Es una idiotez por mi parte. Perdone que la haya molestado —dijo Aldo sonriendo mientras alargaba su mano para presentarse y sentir que Nora tenía algo especial que le atraía enormemente.

Desde aquel momento, habían estado viéndose todos los días en la zona de relajación frente a los viejos olmos y abetos, pero nunca habían quedado fuera del trabajo.

Esa tarde, cuando Nora terminó su trabajo, cogió el trasporte que comunicaba la Corporación Mnemea con la ciudad y se bajó un poco antes de su parada habitual para comprar algo especial para la cena de esa noche. Sabía los gustos de Aldo pero no estaba segura de tener en casa los alimentos adecuados, así que llamó a su marido por el móvil para que le hiciera una revisión de lo que había en el frigorífico. Como había pensado, tenía que comprar varias cosas que no tenía en casa. Antes de entrar en la tienda junto a la que se encontraba, le dijo a Nelson que preparara una de las mejores ensaladas que pudiera hacer con toda la verdura de que disponía, pues un compañero de trabajo iba esa noche a cenar a casa.

Nora entró en la zona de servicios ante la que se había parado y comenzó a adquirir paquetes preparados de diversos pescados y otros productos del mar que era lo que sabía que a Aldo más le gustaba. Pensó poner diversos platos al centro a modo de aperitivo y después un filete de pescado sazonado con fruta fresca y especias.

Cuando llego a casa, Nelson estaba ya preparando la ensalada. Le dio un beso en los labios y fue a cambiarse al dormitorio. Nora se puso la ropa de casa, que casi siempre era un mono elástico blanco muy ajustado de tejido traspirable y se dirigió a la cocina.

—La ensalada tiene un aspecto excelente —le dijo a Nelson.

—¿Te gusta…? Me alegro. ¿Quién viene esta noche?

—Es Aldo, un compañero de la Corporación. Trabaja en ingeniería biomolecular. Es un encanto. Nos vemos todos los días en la zona de relajación. Es muy guapo y ya tenía ganas de estar algo más tiempo con él, allí solo nos vemos treinta minutos.

—Espero que le guste mi ensalada. ¿Viene solo?

—No viene solo. Trae a su esposa. ¿Crees que habrá suficiente con estos paquetes de pescado que he comprado? —dijo Nora sacando la compra que había hecho de la cesta biodegradable de los Almacenes Kemist.

—Creo que habrá de sobra. ¿Preparamos la mesa?

No haría ni media hora que habían dejado la mesa lista con un jarrón vacío en le centro esperando las flores, cuando sonó el timbre de la puerta.

Eran Aldo y su esposa Kyra. Los dos iban vestidos con trajes de fiesta. La esposa de Aldo iba muy atractiva con un vestido verde esmeralda entallado a la cintura.

Nora se acercó hasta ellos y besó a Aldo en los labios, después le dio la mano a su esposa y todos se presentaron.

—Nora, tienes una casa muy bonita —dijo Kyra mirando los muebles del salón.

—Me alegra que te guste.

Aldo, que llevaba todavía el ramo de flores en la mano, se acercó a Nora para dárselo. Ahora fue él quien tomó la iniciativa y le dio un enorme beso en los labios. Nora solo pudo decir que le encantaban las flores mientras las ponía en el jarrón que habían colocado en el centro de la mesa.

Durante la cena tuvieron una conversación muy animada. Nora y Aldo no dejaron de cogerse de la mano y lanzarse sonrisas compartiendo el vino que Aldo había llevado.

Después todos ayudaron a quitar la mesa y se trasladaron a la zona de salón. Nelson preparó unas estupendas bebidas a base de hojas maceradas y especias, que nadie había probado nunca. Era un experto en bebidas y cócteles raros. Nora puso una música muy suave y se sentó junto a Aldo. Él le echó el brazo por encima y se cogieron de la mano.

—Qué ganas tenía de estar así tan juntos. ¿Tú no? —dijo Nora.

—Yo también. Me encanta estar contigo. Ya lo sabes.

—Tu mujer es guapísima. Y va tan bien arreglada.

—¿Has oído Kyra lo que dice Nora?

—Sí, lo estoy oyendo —dijo mientras bebía de su copa la deliciosa bebida de Nelson.

mnemea aldo pablo guillamon

Aldo y Nora, que seguían cogidos de la mano, comenzaron a hablar del trabajo. Estaban en secciones diferentes, pero siempre había cosas comunes que compartir. Así que Kyra y Nelson, algo aburridos decidieron retirar un poco la mesa de comedor y hacer sitio para bailar. Nelson tenía un autentico almacén de música de lo más variado y comenzó a mostrárselo mientras bailaba con ella en medio del salón.

Aldo se levantó a coger otra copa del cóctel de hojas y especias y regresó al sofá junto a Nora.

—La verdad es que nunca había tenido tanta intimidad con una compañera como tengo contigo —dijo tras sentarse besándole suavemente los labios.

—Yo tampoco. Esto deber ser un error de programación —dijo sonriendo.

—Nosotros no estamos programados —dijo Aldo sorprendido.

—Claro que no, es una forma de hablar. Ya sabes…soy programadora biogenética —dijo Nora sonriendo—. Los informáticos hablamos así.

—¿Llevas mucho tiempo con Nelson?

—Un año. Es que siempre he preferido estar sola. Ya sé que la soledad no es buena, que te hace perder un poco la noción de la realidad, pero yo me siento a gusto con mis cosas. Me gusta hacer programas de variable perdida y eso lleva mucho tiempo.

—¿Programas de variable perdida? Desde luego los informáticos inventáis cada vez cosas más raras.

—Son programas en los que se añade una variable sin control, eso hace que en un momento dado el programa pueda salir por donde menos te lo esperas y ponerte en un aprieto. Es lo más parecido a la creatividad, ahora está todo tan predeterminado…

—Curioso, pero lo veo peligroso.

—¿Te asusta lo creativo? —pregunto Nora mientras Aldo ponía cara de no saber qué contestar— Si tuvieras una variable perdida ¿Qué harías en este momento?

Aldo la besó durante varios minutos mientras acariciaba su cuerpo.

—¿Sólo eso? ¿No me llevarías a la cama? —dijo Nora desafiante.

— Están prohibidas las relaciones entre humanos.

—¿Y qué importa eso? Tienes una variable perdida. Estás sin control.

—No tengo esa variable que dices —Aldo comenzó a sobresaltarse—. Y no pienso perder el control.

—Está bien, no quiero obligarte a nada. —dijo Nora con la cara ensombrecida—. Pero creía que había surgido algo entre nosotros.

—Pero no podemos sobrepasar una ley estatal —dijo Aldo intentando hacerla entrar en razón— Tú has estudiado tan bien como yo la historia. Todos sabemos lo que pasó durante los siglos XXI, XXII y XXIII. Desde la revolución Sheldon las relaciones entre humanos están prohibidas por decisión del Congreso.

—Lo sé perfectamente, pero siempre he querido trasgredir esa norma. Llevo una variable perdida.

—¿No serás de esos grupos que luchan por la vuelta a la reproducción entre humanos? El gobierno los considera terroristas. Hace poco pusieron una bomba en una fábrica de Androides.

—No tengo nada que ver con esos grupos que dices —dijo Nora acariciándolo—. Sólo quiero saber qué es eso del calor humano de que habla Virginia Woolf. Es una escritora muy antigua tiene, más de quinientos años, pero me gusta.

—Tienes un marido estupendo para todo eso —dijo Aldo besándola suavemente—. Según he podido observar, es un “bioandroide” de última generación, ¿no?

—Sí, es un modelo HK47, pero Kyra es mejor. Es una HK32, yo he trabajado en su bioprogramación. —dijo Nora mirándolo a los ojos.

—Tienes razón. Tenemos unos bioandroides estupendos, ¿por qué transgredir la ley?

—Estamos en el 2559, sólo quería saber a qué se refiere una escritora de 1920 cuando dice lo maravilloso que es el calor humano. Sólo era eso.

Pablo Guillamón

http://pabloguillamon.wix.com/pablo-guillamon

 

baidewei (111 Posts)


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