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Noches blancas, de Dostoievski y vatrushka

En esta ocasión, los de Lupita books & cookies hemos tenido que investigar y buscar con ahínco en Internet y en manuales de repostería internacional, ya que nos hemos ido a fijar en una cultura bastante desconocida y en un país enorme y muy alejado de la Península Ibérica: la Federación Rusa o Rusia.

Después de barajar varias posibilidades, optamos por la preparación de un postre típico de la cocina rusa llamado vatrushka. Unos lo definen como una empanadilla, otros como un pastelillo… Nosotros diremos que es una tarta rellena de requesón con pasas. Hay distintas recetas para la masa y nosotros nos decidimos por hacer una sablé (o sablé bretón), una de las masas básicas de la repostería, compuesta por mantequilla, harina, huevos, azúcar, ralladura de limón y sal. Sobre esta base, va un relleno de requesón, azúcar, mantequilla, nata, huevos, ralladura de limón, esencia de vainilla y pasas bañadas en ron. Más un poco de azúcar glas espolvoreado por encima.

Los rusos suelen acompañar esta deliciosa tarta con té, bebida tradicional que, como en las culturas orientales, también tiene sus ceremonias y ritos. Y según hemos leído, un detalle que identifica a un ruso es que deja la cucharita del té dentro de la taza mientras lo toma. ¡Ya saben!

Y he aquí nuestra vatrushka.

vatrushka dostoevsky

Tarta vatrushka que acompaña la lectura de Noches blancas, de Fiodor Dostoievski (Moscú, 1821 – San Petersburgo, 1881), uno de los novelistas más grandes del mundo, según G. Steiner. Consideración corroborada por el escritor E. M. Forster, por ejemplo, quien dijo de él: “Ningún novelista inglés ha explorado el alma del hombre tan profundamente como Dostoievski”. Y de T. E. Lawrence, quien manifestó: “[…] le dije que tenía un estante de libros ‘titánicos’ (es decir, caracterizados por la grandeza del espíritu, ‘sublimes’ […]), y que entre ellos estaban Los hermanos Karamazov…”.

Lo primero que nos invita a reflexionar es el propio título: Noches blancas, que es un fenómeno natural que tiene lugar en los últimos días del mes de junio, en las regiones polares. Este fenómeno se caracteriza por el hecho de que la oscuridad nunca es completa y el crepúsculo dura casi toda la noche. Comentan que en la ciudad de San Petersburgo, durante esas noches mágicas, tanto los turistas como los “piters” pasean por las orillas del río Neva y el cielo muestra una luz especial, con matices y fulguraciones azules, rosas y amarillas que son espectaculares. Es el período más romántico del año.

También el gran poeta Aleksandr Pushkin, convertido en héroe romántico por enfrentarse contra la tiranía, rindió homenaje a San Petersburgo y a este mágico fenómeno:

Te amo, ciudad obra de Pedro,

amo tu severa armonía,

el curso majestuoso del río,

el granito que cubre sus orillas,

la cenefa de las verjas de hierro,

la clara penumbra sin luna

de esas noches que me hacen soñar

en las que sin encender mi lámpara

leo y escribo en mi habitación,

en las que veo claramente los contornos

dormidos de las calles vacías y,

resplandeciendo en lo alto, la flecha de

oro que corona el Almirantazgo; en las

que, sin que las sombras de la noche

cubran los dorados celajes,

un crepúsculo persigue a otro

y la noche no dura más de una hora.

san petesburgo noches blancas white nights

AlexDROP “See larger” (white nights) 04/07/2011 via Flickr, Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual

Visto el título, adentrémonos en Noches blancas, este juvenil cuento largo de Dostoievski, publicado en 1848.

La historia está narrada en primera persona por el protagonista, un hombre de 26 años, solitario y soñador. Y se estructura en cuatro noches y una mañana.

La primera noche, entablan conocimiento el solitario y una muchacha de 17 años, Nastenka, que llora junto a un canal. El solitario, hombre sensible en extremo, se había fijado en este hecho. Cuando un borracho intenta molestarla, el protagonista acude en su ayuda y se produce el encuentro. Y quedan para verse al día siguiente.

La segunda noche, Nastenka quiere saberlo todo sobre él y él, con un estilo grandilocuente, le cuenta su historia. Él lleva una existencia monótona, lenta y apagada, pero ha creado un mundo legendario y fantástico, en el que se siente como pez en el agua.

Terminada su historia, Nastenka le relata la suya. Joven huérfana, vive con su abuela ciega, quien, literalmente, la retiene atada a sus faldas. No se puede mover de su lado y sus días se consumen entre la costura y la lectura. Hasta que se enamora de un inquilino a quien arriendan una habitación. Cuando este les informa de que se marcha a Moscú, ella, presa de unas emociones irrefrenables y difíciles de manejar, le pide que se case con ella. El muchacho le promete matrimonio, dentro de un año. Pero el año ha transcurrido, el novio lleva tres días en la ciudad y no ha pasado a verla. Ella está desesperada.

La tercera noche, el soñador y Nastenka no se ven. En esta parte, el hombre da cuenta de sus sentimientos: se ha enamorado de la chica, a pesar de que, por otra parte, para consolarla, se ofrece a llevarle una carta al novio. Noche de desasosiego y tristeza.

La cuarta noche, Nastenka continúa sin noticias de su novio: ni ha respondido a la carta ni ha ido a verla. El protagonista, entonces, le confiesa su amor. Ella se encuentra dividida entre el dolor por haber sido abandonada y la declaración de amor. Finalmente, Nastenka le dice que, con el tiempo, se enamorará de él. Y justo en ese instante, aparece el novio, a cuyos brazos Nastenka se lanza.

Llega la mañana y, con ella, el final de la novela. Nastenka, a través de una carta, pide perdón al soñador y, también, que sea su amigo, mientras le informa de que se casa. La realidad golpea al solitario, que comienza a verlo todo opaco y viejo, pero de nuevo, su carácter soñador le hace de bote salvavidas y la bendice: “¡por el delicioso minuto de felicidad que regalaste a otro corazón, solitario y agradecido! Dios mío, un minuto de bienaventuranza, aunque sea el único para toda una vida, ¿acaso es poco?”.

Retrato de Dostoievski. Vasily Perov – Tretyakov Gallery, Moscow

La lectura de este cuento romántico nos invita a conocer San Petersburgo, la llamada “Venecia del Norte”, debido a la cantidad de ríos, afluentes y canales que alberga (90), además de los 300 puentes, 22 de los cuales son levadizos. Ciudad, calles y canales que aparecen en la obra, tanto el canal de la Fontanka, que es donde se conocen los protagonistas, la perspectiva Nevsky, hasta los edificios, con los que casi dialoga el protagonista, hasta ese punto es un ser solitario… La presencia de la ciudad en la novela, según Steiner, es fruto de la tradición gótica y del melodrama del siglo XVIII, bien conocida por el autor. Sostiene el famoso crítico :

 “Dostoievski estaba más profundamente versado en literatura europea que ninguno de los principales escritores contemporáneos rusos. Es difícil imaginar qué clase de novelista habría sido Dostoievski si no hubiese conocido las obras de Dickens y de Balzac, de Eugène Sue y de George Sand, pues ellas constituyeron los cimientos indispensables de su concepto de ciudad infernal; tomó de ellas las convenciones del melodrama que a su vez dominó y profundizó. Pobre gente, Crimen y castigo, El adolescente, Noches blancas y Humillados y ofendidos son parte de un linaje que empezó con Restif de la Bretonne […] y que persiste en la actual novela de los bajos fondos norteamericanos”.

Presencia que va decayendo a medida que avanza la lectura y cobran un mayor protagonismo los personajes; hasta que llega un punto en que los sentimientos y las emociones de los personajes lo ocupan todo.

Por otro lado, la lectura de Noches blancas nos retrotrae a otra época, felizmente lejana, la del zar Nicolás I. En las cartas que Fiódor Dostoievsky le escribe a Misha, su querido hermano mayor, descubrimos, por ejemplo, la importancia de la censura, que tiene el poder de permitir o no la publicación de las obras, de suprimir palabras, frases…, es decir, de intervenir en ellas. Además del tiempo que la novela permanece en sus manos, de lo cual se queja Dostoievski, pues retrasa las fechas de impresión y publicación.

Además, como muchos de ustedes sabrán, el autor fue condenado a cuatro años de trabajos forzados por formar parte del grupo de Petrashevski: el primer círculo socialista de Rusia. Es decir, que fue una época caracterizada por una tremenda falta de libertades y por una tiranía feroz.

En Noches blancas llama la atención el discurso apelativo del autor, que se dirige a menudo al lector, lo cual, junto a su manera de narrar, llena de detalles, produce una sensación de cercanía, casi como si a uno le estuvieran contando la historia al oído. A ello contribuye también el tono confesional de los protagonistas, inmersos en vivencias turbulentas y desasosegantes, en armonía con el tono romántico de la novela y con la personalidad del autor. Dice Steiner:

“En la atormentada vida de Dostoievski, con los capítulos siberianos, su epilepsia, sus períodos de miseria y de excesos, estaba latente la imagen del mundo de sus novelas”.

Hay un pequeño detalle que quisiéramos comentar también. Cuando Nastenka relata su historia, cuenta que el inquilino les presta, a la abuela y a ella, sus “libros franceses, buenos libros” para que se distraigan. Y a continuación la muchacha manifiesta:

“Así que empezamos a leer a Walter Scott, y en cosa de un mes leímos casi la mitad de sus novelas. El inquilino continuó enviándonos libros, entre los cuales había obras de Pushkin, de modo que yo ya no podía vivir sin libros y abandoné la idea de casarme con un príncipe azul”.

Este párrafo habla del poder consolador de la lectura y del hecho de que cuando uno lee buenos libros, como los del poeta citado, estos se convierten en algo necesario.

Maria Schell y Marcello Mastroianni en White Nights de Luccino Visconti

Añadir que Noches blancas ha sido llevada al cine en tres ocasiones. Probablemente la versión más conocida es la del director italiano Luchino Visconti, de 1957, con interpretación de Marcelo Mastroianni y Maria Schell. Esta película fue merecedora del León de Plata del Festival de Cine de Venecia.

Por último, quisiéramos hacer notar algunos de los adjetivos y frases con que se autodefine el protagonista: solitario, soñador, “disfruto tan poco de la vida real”, sensible, “enamorado de nadie”, dice, “del ideal”, “no es un hombre, sino una criatura de género neutro”, “hombre contemplativo y voluptuoso”, “él no desea nada, porque está por encima del deseo, porque lo posee todo”… Y, diremos, en ese mismo mundo continuará, pues, para él, “Un minuto de bienaventuranza, aunque sea el único para toda una vida, ¿acaso es poco?…”. Sin embargo para mí, y espero que para ustedes también, desde luego que un minuto es poco, demasiado poco.

 

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Abril de 2013

 

baidewei (111 Posts)


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12 Comments

  1. José Luis April 26, 2013 Reply

    Abrirnos el apetito más goloso, es lo que hace Lupita con sus sugerencias: lectura de clásicos y postres exóticos. La experiencia de acercarte a estos textos de su mano y acompañarlos de la salivación que produce la visión de su vatrushk es cuando menos atractiva.

    Tenía razón el verso: “…todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda”. Supongo que hay que contenerse y dedicar más tiempo a la lectura que a la degustación.

    Y sí, también tiene razón Lupita: sólo un minuto es poco, muy poco.

    Gracias.

    • Lupita April 28, 2013 Reply

      Gracias por tu comentario, José Luis. Eres muy amable.
      No sé si sabes que estamos haciendo tertulias de literatura con merienda. Están resultando muy enriquecedoras, tienen una frecuencia mensual y tenemos la oportunidad de compartir el postre o la tarta correspondiente. Las hacemos en distintos barrios de Madrid. Te animamos a ti, y quien quiera, a que contacte con nosotros para ver la que te pilla más cerca. Decimos que ofrecemos alimento para el cuerpo y para el espíritu 🙂
      Un abrazo,

  2. Vicente April 26, 2013 Reply

    No sé si me gustan más las “Noches blancas”, maravillosamente resumidas, o la vatrushka apetitosamente fotografiada. Seguro que lo mejor será la mezcla de ambas, comerse el postre y luego leerse el libro, o al revés. Lo siento por el té, pero yo soy de café solo de toda la vida. Enhorabuena Lupita…

    • Lupita April 28, 2013 Reply

      Muchísimas gracias por tu comentario, Vicente. Estoy de acuerdo contigo, la lectura y la degustación de un postre o de un dulce son dos de los grandes placeres de la vida. Juntos son ya casi el paraíso 🙂
      Acompañarlos de té o de café ya va en gustos.
      Un abrazo,

  3. Carmina April 26, 2013 Reply

    Degusté la tarta rusa y repetí, prueba de que estaba deliciosa. Y el cuento aunque escrito en la juventud de Dostoievsky, tiene ya algo de lo que será después su obra: el interés por el ser humano. El artículo de Lupita rescata cuestiones muy interesantes del cuento, como la idea que tiene el protagonista de aceptar un único minuto de felicidad como algo suficiente, posicionamiento muy romántico. Estoy con Lupita, mejor intentar que los minutos sean horas, como mínimo… :):)

    ¡¡Espero tu siguiente artículo con ganas!!

    • Lupita books & cookies November 30, -0001 Reply

      Gracias, Carmina. Nos alegra un montón que te gustara la vatrushka; es un lujo contar con una editora como tú en la tertulia, que lee con entusiasmo, pasión y formación, interpreta y comparte su visión. Enriquecimiento mutuo. ¡Vamos con Monterroso y el dulce guatemalteco! Un abrazo,

  4. María del Mar April 27, 2013 Reply

    Nutrir el intelecto y el cuerpo, una gran satisfacción. A esto nos invita Lupita con gran maestría en sus creaciones artísticas culinarias y con sus comentarios y recreaciones literarias. Placeres de minutos, de momentos que deseamos que perduren y se alargen en en tiempo.Felicidades.nn1

    • Lupita books & cookies April 29, 2013 Reply

      Gracias, María del Mar. Es una gran satisfacción saber que lo que hacemos te agrada, os agrada a varias personas 🙂
      Y es un acicate para seguir trabajando y mejorando. Un abrazo,

  5. Inma April 29, 2013 Reply

    Magnífico artículo, Lupita. Me das una visión sobre el cuento que no había tenido, y, con respecto a la tarta… En fin, una gran pena no haberla probado pero supongo que habrá más ocasiones. Como cliente asidua y fan total de tu repostería literaria, puedo hacerme una idea de la delicia que supuso para cuerpo y mente…

    • Lupita books & cookies April 29, 2013 Reply

      ¡Cuánto te echamos de menos, Inma! Y sí, esperamos tener la ocasión de hablar de este cuento contigo. Tenemos interés por conocer tu lectura 🙂
      Gracias por tus palabras y apoyo. Contamo contigo para Monterroso! Un abrazo,

  6. nacho April 29, 2013 Reply

    Como siempre, otra historia deliciosa. Creo que este destino trágico de las relaciones entre personas solitarias, apareciendo fortuitamente y sin llegar jamás al encuentro, es esencialmente ruso. Considero que el gran maestro en estas historias es Chéjov, que maneja como nadie la estructura de la historia y mantiene la “esperanza desesperanzada” o “esperanza fatalista” como ninguno. Con todo, aunque no he leído este cuento de Dostoievski, dan ganas de atacarlo y volver a pasear por el San Petersburgo de Crimen y Castigo. Gracias otra vez, Lupita.

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