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Racionalismo madrileño, un cóctel de modernidad.

Cuando el viajero piensa en la arquitectura madrileña, suele guardar en su memoria los majestuosos edificios y monumentos barrocos del Madrid de los Austrias, o el maravilloso edificio neoclásico del Museo del Prado, o también las imponentes fachadas historicistas que dominan la Gran Vía o el Paseo de Recoletos. Son muchos siglos de historia los que abarcan este bonito paseo, mezclando muchas épocas y estilos arquitectónicos y urbanísticos.

En arquiRUTAS proponemos una experiencia diferente al curioso visitante. Nosotros explicamos y enseñamos los mejores ejemplos de arquitectura contemporánea en España de forma amena y especial. De este modo, una estupenda manera de entender la transición de ese Madrid antiguo y castizo en un Madrid nuevo y cosmopolita es descubrir los años en los que la capital despertó a la Modernidad. Es una etapa muy breve, comprendida entre finales de los Años 20 del pasado siglo y el comienzo de la Guerra Civil en 1936. Es la época que nosotros llamamos “los glamurosos años 30”, y en nuestra ruta así titulada conocemos en detalle los mejores edificios del racionalismo madrileño que definen estos años. Quizás uno se pregunte: pero…

“¿Qué es esto del racionalismo?”

En aquellos años, los arquitectos españoles empezaron a construir los primeros edificios modernos de la ciudad, influenciados por las vanguardias artísticas, como el expresionismo alemán, el art decó americano o el estilo internacional. Eran edificios de hormigón armado y ladrillo visto, con grandes ventanas horizontales y concebidos como volúmenes sencillos, puros. Esta era la gramática de la nueva arquitectura, que además tenía una máxima: el exterior no debía ocultar lo que hay en el interior. Las fachadas eran lisas, sin ornamento y las estructuras quedaban a la vista. Esto era lo que se llamaba “el estilo sin estilo” o racionalismo.

El buque insignia de la nueva arquitectura

Edificio Capitol. © arquiRUTAS

Qué mejor manera de comenzar este viaje atrás en el tiempo de casi 100 años que tomando un café en la primera planta del edificio Capitol, icono indiscutible de la arquitectura racionalista en nuestra capital, mientras disfrutamos de unas impresionantes vistas hacia la Gran Vía.

Resulta curioso conocer que el Capitol, también conocido como Edificio Carrión, en nombre a su promotor, es diseñado por el tándem Luis Martínez- Feduchi / Vicente Eced, unos jóvenes arquitectos recién titulados que ganan el concurso de arquitectura en el que compiten con los grandes protagonistas de la arquitectura de entonces, como Luis Gutiérrez-Soto o Pedro Muguruza, entre otros.

Concurso para el Edificio Carrión. Izq.: proyecto de Muguruza. Centro: proyecto ganador de Feduchi/Eced.
Dcha.: propuesta de Gutiérrez Soto.

Esta joya de la arquitectura no es la más alta de la Gran Vía, pero no cabe duda: es la más impactante. Por su posición y su forma, el edificio parece un barco que surca las aguas, que pone cara de velocidad junto al intenso tráfico de vehículos. Es un edificio concebido como escaparate de la modernidad, antaño repleto de rótulos publicitarios (hoy sólo sobrevive el famoso cartel de neones de Schweppes), protagonista de innumerables posters, discos y películas: ¿quién no recuerda, por ejemplo, el momento cumbre en El Día de La Bestia (Álex de la Iglesia, 1995)?

Durante la visita tenemos la oportunidad de conocer todos estos aspectos del edificio mientras recorremos los interiores del moderno hotel que actualmente se encuentra en su interior: el Vincci Capitol. Nos sorprendemos con detalles del mobiliario original del propio Feduchi, y también hojeamos los libros de registro auténticos del antiguo hotel Capitol, donde quizás pudo haberse alojado Greta Garbo en 1931 por el módico precio de 150 pesetas. Nuestra primera parada de esta ruta racionalista concluye en las dos grandes terrazas del hotel, donde tenemos la oportunidad de divisar unas panorámicas increíbles de Madrid.

Edificio Capitol durante una de nuestras visitas.
Dcha.: Vista desde las terrazas. © arquiRUTAS

Todos sabemos que una imagen vale más que mil palabras, por lo que, para enriquecer nuestras explicaciones, nos gusta complementar lo que vemos en directo con fotografías históricas de los edificios, de su construcción, o de su interiorismo original, contrastando en ocasiones el edificio actual con aquellos otros proyectos del concurso de ideas que se quedaron en el papel (a los arquitectos nos encanta soñar con la ciudad que pudo ser…) También nos gusta explicar y mostrar fotos de arquitecturas que por desgracia ya no están entre nosotros, como el genial Frontón Recoletos (Secundino Zuazo, Eduardo Torroja, 1935).

Un día en las carreras

Hipódromo de la Zarzuela durante una de nuestras visitas. © arquiRUTAS

La segunda etapa de este viaje nos traslada hasta el Hipódromo de la Zarzuela, en Aravaca (Carlos Arniches, Martín Domínguez, Eduardo Torroja, 1935). El visitante queda fascinado de inmediato cuando contempla por primera vez las ingrávidas marquesinas de hormigón que cubren las tribunas de los espectadores en este fabuloso complejo. Son como unas enormes y esbeltas alas de un moderno aeroplano que flotan de forma insólita, equilibradas como los volúmenes de una escultura de Alexander Calder. Cobijados bajo este alarde estructural, podemos contemplar en la pista los entrenamientos de los jinetes con sus hermosos caballos purasangres, envueltos por los bosques de El Pardo, el Club de Campo y el Pasillo Verde del Manzanares.

Arriba: esquema de la sección de las tribunas, con el juego estructural que propuso Torroja.
Abajo: Fotografía de la marquesina de la tribuna central.

 

 

Arquitectura y naturaleza, tradición y modernidad conviven aquí de un modo muy acertado. Gracias a la minuciosa restauración que está llevando a cabo el estudio Junquera Arquitectos, tenemos la oportunidad de admirar el proyecto original, de marcada factura racionalista. El Hipódromo de la Zarzuela es uno de esos lugares tan especiales que consiguen despertar en el visitante las mismas sensaciones que provocan las obras de arte.

Hipódromo de la Zarzuela, interior. © arquiRUTAS

Cines, rascacielos y bares americanos

De vuelta a la bulliciosa Gran Vía, nuestra ruta en el tiempo prosigue en la céntrica Plaza de Callao, donde presentamos a los ilustres edificios que conviven con el Capitol. Son obras más antiguas, pero que ya anticipan el lenguaje moderno. Nos referimos al Palacio de la Prensa de Muguruza o el Cine Callao de Gutiérrez-Soto. Éste mismo arquitecto firma el edificio de la FNAC, las antiguas Galerías Preciados, un proyecto posterior al racionalismo pero igualmente interesante explicado en el contexto histórico. Resulta revelador ver fotografías de las arquitecturas que ya no están entre nosotros, como el fabuloso hotel Florida de Antonio Palacios, que dominaba esta plaza hasta que fue demolido en los años 60.

Continuamos caminando por la Gran Vía hasta la Red de San Luis, donde se alza el primer rascacielos de Europa, nuestro vecino neoyorquino en Madrid: El edificio Telefónica (Ignacio de Cárdenas, 1930) Esta colosal obra fue un hito tecnológico y constructivo en nuestro país, un auténtico rascacielos de la Gran Manzana con toques ornamentales de nuestra arquitectura historicista. Visitamos su renovado interior, el Espacio Fundación Telefónica, donde podemos admirar perfectamente su desnudo esqueleto de acero, tan característico de los rascacielos norteamericanos.

Como no podía ser de otra forma, nuestro periplo por la Gran Vía culmina en el Bar Museo Chicote (Gutiérrez Soto, 1931), rememorando los alegres años 30. Es un local mágico, plagado de anécdotas de su carismático fundador, don Perico Chicote, y su relación con las innumerables celebridades, la flor y nata de la cultura y de la política que desfilaban por sus mesas. El diseño y mobiliario del bar, permanecen intactos, así como su atmósfera glamurosa y sus imprescindibles cócteles, que nosotros tenemos oportunidad de degustar tras una clase magistral del barman.

Izquierda: Construcción del edificio Telefónica (foto de 1928).
Derecha: interior del Bar Chicote (1931)

De este modo tan refrescante, entre brindis y anécdotas, celebramos el final de un viaje en el tiempo a esta breve etapa de nuestra historia reciente, tan interesante al igual que poco conocida.

Éste paseo tan pintoresco forma parte de un gran abanico de rutas en el que damos a conocer la mejor arquitectura de nuestras ciudades. Como arquitectos, procuramos no limitarnos a presentar una simple colección de edificios, sino que deseamos transmitir la misma pasión y admiración que nosotros sentimos hacia nuestra arquitectura y nuestras ciudades. En definitiva: queremos ofrecer una experiencia para los cinco sentidos.

Luis Alberto Burred

Arquitecto, miembro del equipo de arquiRUTAS. Titular de la ruta “Los Glamurosos Años 30”

Adenda. Presentación

En nombre de todo el equipo que día a día hacemos posible arquiRUTAS, queremos agradecer al magazine cultural BAIDEWEI, que nos haya brindado la posibilidad de disponer de un espacio de colaboración periódica en esta interesantísima revista digital, en la que trataremos de transmitirles, desde diferentes puntos de vista, nuestra pasión por el desconocido Patrimonio Arquitectónico Contemporáneo de nuestro País; pasión que como arquitectos, se ha acentuado con la experiencia adquirida al realizar visitas guiadas para un público totalmente heterogéneo y procedente de todas las partes del mundo, con los que día a día recorremos interior y exteriormente, los más sobresalientes ejemplos de la Arquitectura Española nacida desde 1925.

Para comenzar nuestra andadura, les invito a que viajen con nosotros en el tiempo y se trasladen hasta el Madrid de los Años 30, donde podrán disfrutar con nuestro compañero Luis Burred del “Racionalismo Madrileño. Un Cocktail de Modernidad”

Enrique Padial Hidalgo.

Director de Contenidos y Socio Fundador de arquiRUTAS.

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