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Rosa sobre blanco y negro

Acompañado de dos amigos, el joven Alexandre visita a su bisabuelo. El anciano, llamado Andreas, lo invita a pasar, sentado en un solitario sillón en medio de un moderno departamento parisino. Lo que desea el muchacho es que le cuente, tal vez en pocas palabras, qué sucedió durante el régimen nazi, hace más de sesenta años. Ha oído decir de sus padres que su bisabuelo es un sobreviviente y quiere saber más. Inmediatamente, Andreas empieza a recordar, en voz alta, y todo se vuelve oscuro.

Es diciembre de 1932 y él es entonces un talentoso y atractivo publicista berlinés que vive con su madre durante el ascenso de Adolf Hitler al poder; es homosexual y su destino será, aunque el bisnieto no lo sepa bien todavía, el de muchos otros homosexuales en Europa, perseguidos, vejados, llevados a campos de exterminio y marcados con un triángulo en el pecho.

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Rosa Winkel (Jacoby&Stuart 2012) es una emocionante novela gráfica del guionista, nacido en Bruselas, Michel Dufranne, y los dibujantes Milorad Vicanović y Christian Lerolle. Relata de manera magistral la historia de Andreas Müller y otros jóvenes homosexuales que, en una Berlín liberal, cosmopolita y de intensa vida nocturna gay, vivieron una época límite entre la libertad y el miedo, la tolerancia y la represión.

El título, por ello, si bien escueto, no deja de ser poderosamente provocador. Durante el régimen nazi, cuando en los campos de concentración la distinción de las razones del encierro se precisaba con triángulos invertidos de colores diferentes, el que llevaron los homosexuales bordado en la ropa fue uno de color rosa.

La persecución homofóbica durante el Dritten Reich se fundó en la perversa concepción antisemita de una homosexualidad contraria al pensamiento nacionalsocialista: las relaciones del mismo sexo no lograban la reproducción y, por ello, no podían perpetuar la llamada «raza aria». Además, como signo abyecto de degeneración racial, trasmitida cual enfermedad entre individuos, debía ser combatida y eliminada.

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El color en esta historia gráfica es un elemento importante, no sólo para distinguir los cambios temporales sino para otorgarle un significado singular: para Vicanović y Lerolle hoy está lleno de color y luz. Los jóvenes ignoran el pasado pero conviven, riñen y se afectan por los estereotipos que han sobrevivido en Europa. Ayer sin embargo es oscuro, gris, la juventud viste traje, charla en cafés y el retrato de la sociedad berlinesa busca ser fiel al momento político de explosión del odio racial y la violencia.

El capítulo «Die Braunen Jahre» (Los años pardos), es precisamente un ejemplo. El color pardo o marrón es la distinción clara de una época doblegada por el terror de las tropas de asalto o SA («Sturmabteilung»), la milicia del partido nazi. Estos sujetos vestían uniformes color marrón, por lo que se ganaron el apelativo de «camisas pardas». Contar la historia de Andreas durante la victoria del nazismo es pues verlo todo sumido en una espesa niebla beige. Luego, cuando Andreas es capturado y llevado a un campo de concentración en el capítulo siguiente, «Die Schwarzen Jahre» (Los años negros), el tiempo se vuelve gris y sólo el oficial nazi, arma en mano, y las víctimas uniformadas —cada vez más endebles y miserables—, son posibles en el encierro cruel del alambrado y el campamento de madera.

El código penal alemán, durante la República de Weimar, condenaba las prácticas homosexuales en su artículo 175. Existían entonces diversos movimientos reivindicativos como el del Institut für Sexualwissenschaft (Instituto para el Estudio de la Sexualidad), dirigido por Magnus Hirschfeld, famoso sexólogo judío, o la Gemeinschaft der Eigenen (Unión de los Propios), separada del Comité Científico en 1903 y dirigida por Adolf Brand. Ambos grupos propugnaron a través de revistas, boletines y encuentros la reforma legal y una primigenia conciencia social de género durante entreguerras hasta 1929, año de la debacle económica neoyorquina, que entorpeció y detuvo el proceso legislativo en favor de la diversidad sexual en Alemania.

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Es en estos años que Dufranne sitúa su novela. La pretensión histórica no le quita vuelo; todo lo contrario: la enriquece y alumbra. Los personajes hablan de la falta de diplomacia e imparcialidad de Hirschfeld, un loco agitador, o se regalan Der Eigene, el primer magazín de temática gay del mundo editada por Brand. Destaca cómo Dufranne dota a sus jóvenes personajes de un sentimiento romántico de libertad, traducido en la concepción sexual de un amor sin ataduras donde, a pesar de las pugnas político-ideológicas entre comunistas, socialdemócratas y conservadores, y de la temible figura de Hitler como salvador y sacerdote de una nueva mística de pureza racial, hombres y mujeres no temen no sólo vivir los fueros de su opción sexual sino defender un pensamiento político.

En un momento, en la fiesta de Año Nuevo (o Silvester), Andreas y sus amigos conocen a Hans, un convencido miembro del partido nazi que, luego de hacer el saludo característico, no deja en toda la noche de hablar de Hitler, ganándose la burla de los demás. Luego del conteo regresivo y de la celebración, sin embargo, ambos amanecerán juntos en una habitación de Berlín y Andreas se colocará el uniforme nazi jugando a ser otro.

La supresión del «Paragraphen 175», finalmente, no tuvo éxito, y esto significó un duro golpe al movimiento homosexual alemán. Durante los primeros años de la década del treinta, el partido nazi consigue ser en efecto la segunda mayor fuerza en el parlamento y las SA, su ala militar y abusiva, comenzarán a tomar las calles. Andreas, fumando un cigarrillo, caminará durante esos días por esos barrios berlineses y pasará desapercibido. Empezará entonces la represión. Hitler como canciller, en enero de 1933, significará el final de la defensa gay al refrendarse la homosexualidad un delito. Estudiantes de la Deutsche Studentenschaft, organizada por el partido, desfilarán frente al Institutfür Sexualwissenschaft y lo saquearán, confiscando archivos, quemando libros y fotografías el 10 de mayo de 1933.

Para Dufranne, sin embargo, a pesar de la impronta salvaje que las SA se ganaron en la historia, hay algo nuevo que contar. La trama indica que, en efecto, dentro de las filas de las SA la homosexualidad no era un hecho impensable y que la muerte de Ernst Röhm, también abiertamente gay —apresado en la llamada noche de los cuchillos largos, el 30 de junio de 1934, junto a Karl Ernst y Paul von Röhrbein, con quienes había formado la llamada «triada homosexual» de la milicia—, quebró toda posibilidad o esperanza de supervivencia para los homosexuales en la Alemania nazi.

El partido recrudecerá su discurso homofóbico y empezará una larga pesadilla para Andreas, que no terminará aún en aquel sillón parisino frente a los muchachos. Rosa Winkel concluirá sin embargo con el anciano lamentando que, a pesar del tiempo, la huella de la muerte no haya cerrado. Sólo se retirará a su habitación y sacará el uniforme a rayas que llevó entonces, y una fotografía de su juventud, en blanco y negro, sonriendo y festejando.

 

 

baidewei (111 Posts)


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