When you install WPML and add languages, you will find the flags here to change site language.

Santiago Fajardo: poética de la rehabilitación

Nunca es fácil transcribir en pocas palabras el discurso de una persona apasionada por su trabajo. Cualquier tema que se le plantea es motivo suficiente para una larga e interesante reflexión. Este es el caso de nuestra entrevista con Santiago Fajardo , arquitecto con cerca de cuarenta años en el ejercicio de la profesión, reconocido en el campo de la rehabilitación, que nos habla de su manera de entender el proceso de intervenir en un edificio existente, del alma de los edificios, de la rehabilitación sostenible, del estado actual de la profesión, de…otros muchos temas que por cuestiones de espacio no hemos podido incluir en estas líneas, pero que demuestran la sensibilidad y el saber hacer de un profesional que interpretando el pasado de un edificio, aplicándole las técnicas del presente, es capaz de prepararlo para las cambiantes circunstancias de un futuro por venir.

Santiago Fajardo en su estudio

 

¿Qué fue lo que te llevó al campo de la rehabilitación?

Yo soy una persona que entra en el mundo de la arquitectura como supongo que entra mucha gente, por una cierta predisposición, pero sobre todo por la tenencia de determinadas habilidades con el dibujo, fui pintor hasta los 30 años, y es cuando entro en la escuela cuando empiezo a descubrir la arquitectura y se produce ese enamoramiento, ese apasionamiento por este oficio.

El atractivo de los edificios antiguos yo lo descubro en el ejercicio profesional. Empecé trabajando en edificios residenciales, aquí en Madrid y en buenas localizaciones, también hice algún edificio de oficinas, pero digamos que en aquellos años no tuve una buena química con el mundo de los inmobiliarios. Es para mí una página sin demasiado interés.

A renglón seguido entro en el mundo de los edificios antiguos de la mano de un personaje inolvidable, Santiago Amón, el más importante humanista español de la segunda mitad del siglo xx. Muerto desgraciadamente en un accidente de helicóptero en el año 88. A través de él conozco a gente interesantísima: Pepe Hierro, Juan Huarte… Tenía una voz de largo eco, la gente tomaba nota. Y es también a través suyo que entro en esa dinámica, participo en seminarios, foros… Creo y dirijo durante unos años la Escuela de Restauración de Toledo.

Realmente es un ejercicio profesional apasionante. Primero porque te encuentras con un edificio preexistente, cargado de contenidos, de historias, con una vitalidad “x” que tienes que intentar descubrir, revelar qué es lo realmente sustantivo de aquello, en qué medida se puede reciclar para el mismo uso o para otros usos, qué grado de compatibilidad existe. Pero sobre todo creo que hay toda una poética relativa a los edificios antiguos en su condición contenedores, de transmisores de un cierto soplo vital o ánima que permanece indisolublemente vinculada a su propia historia, forma parte de ellos. A propósito de esto, el poeta César Vallejo tiene un texto precioso que dice:

“—No vive ya nadie en la casa —me dices—; todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.

Y yo te digo: cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las viejas, porque sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de hombres, como una tumba. De aquí esa irresistible semejanza que hay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.

Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en círculo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continúa en la casa, es el sujeto del acto”.

(Santiago acaba de recitar el poema de Vallejo de memoria, coma por coma y por su manera de hacerlo, más que de memoria diríamos que lo ha hecho de corazón).

Proyecto de Auditorio y Palacio de Congresos – Zaragoza 2005

 

Y eso realmente se percibe, lo sientes, se nota en el ambiente. Visitas esos edificios en unas condiciones privilegiadas, a solas, tienes la posibilidad de establecer una comunicación con las cosas, obtienes un conocimiento profundo del diálogo sereno con ellas, esa capacidad de abstracción, de evocación de la historia allí presente en los muros, la sientes, la percibes. Paseando, observando, tomando notas,… todo eso es lo que hace interesante la visita y desde luego es un paso obligado a la hora de plantear una intervención sobre un edificio antiguo.

La extraordinaria riqueza que ofrece al profesional de la arquitectura el análisis del edificio, entrar en los archivos, en su historia…un trabajo de investigación que también incluye el análisis de los signos externos donde su manera de haberse construido también te cuenta de lo auténtico y de lo que está impuesto… Hay que trabajar con historiadores, con arqueólogos, con verdaderos especialistas, con todos aquellos que conocen los oficios antiguos. Yo como arquitecto no me puedo considerar un especialista en este campo, el arquitecto tiene que tener una visión amplia, lo más amplia posible.

Desde luego yo me lo he pasado muy bien haciendo este tipo de trabajos y aprovecho cualquier oportunidad que se me brinda para trabajar dentro de este campo apasionante.

¿En qué momento empiezas a trabajar en la rehabilitación de espacios escénicos?

Yo entro en el mundo de los teatros y auditorios a partir de mi contacto con la gente de la SGAE, a raíz de la rehabilitación del Palacio Longoria (1993).

En ese sentido, hemos tenido el privilegio de plantear propuestas tecnológicamente muy avanzadas. La del Teatro Campos Elíseos de Bilbao (2010) es la conversión de un viejo teatro modernista, un teatro a la italiana que además había perdido parte considerable de su primitiva estructura y lo hemos convertido en un Ferrari, una máquina con unas prestaciones extraordinarias.

En el caso este, aparte de los consultores en acústica, iluminación, de equipamiento escénico, etc., ha sido muy importante la incorporación de consultores que se mueven en el ámbito de los estudios previos, estudios que abarcan los hábitos de consumo, de las necesidades de los usuarios, no solamente del público, sino también de los artistas, de los técnicos que trabajan en ese edificio.

Auditorio CITE Sevilla (Arteria Al-Andalus)-detalle de lucernario

 

¿Qué diferencias encuentras en los proyectos de iniciativa privada y los de iniciativa pública?

Nuestra experiencia tiene el interés de haberse producido en el ámbito de la iniciativa privada, que, frente a los tics característicos de la iniciativa pública, está sometida a unos condicionantes extraordinarios de eficiencia, de ecuanimidad en la administración del presupuesto. Este no es el caso de un concurso internacional restringido por invitación a la media docena de estrellas de Hollywood para que vengan a hacer aquí lo que quieran (a los políticos tampoco les importa demasiado) luego vendrá quien sea para arreglar o recomponer aquello para tratar de utilizarlo con según qué propósito. Nosotros no hemos tenido esa situación de privilegio y hemos tenido que trabajar con unos criterios de rigor y eficiencia en todo, lo que condiciona los enfoques proyectuales.

Otro tema es la idiosincrasia de todos aquellos (generalmente en el ámbito de la función pública) encargados de la guardia y custodia del patrimonio arquitectónico y con unos criterios difíciles de digerir. Hay una visión trasnochada y absolutamente inadmisible que hace extraordinariamente difícil el trabajo en este campo. Hay que tener una mano izquierda muy hábil y la renuncia a cualquier protagonismo a la hora de tratar con estos personajes. Hay siempre mucha ambigüedad, vaguedad, medias palabras, intentos de decisiones colegiadas sin un criterio claro. Esto en Italia no pasa, allí está la Superintendenza, que te dice, “mire esto es lo que se puede hacer y lo que no” y ya sabes a lo que atenerte.

Has hablado en alguna ocasión de rehabilitación sostenible, ¿cómo ves tú la actualidad de estos dos términos?

Cuando hablan de sostenibilidad, ese concepto que se ha puesto de moda `por absolutamente inevitable, todo el mundo está buscando nuevas fórmulas…La búsqueda del espacio y la búsqueda de la luz están en el origen de esa carrera por el adelgazamiento de los cerramientos, pero claro todo esto no sale gratis. Cuando se habla de eficiencia energética… ¡pero si eso ya lo habían inventado los romanos!

Hoy tenemos una tecnología que nos permite hacer casi todo y en cualquier parte, esto que por una parte representa un paso adelante, produce una extrapolación de las formas, y de esta manera un paso hacia atrás en la medida en que la arquitectura, que como un árbol está enraizada en la tierra, en un lugar concreto, en un paisaje concreto, con un clima concreto, con una luz, una latitud, etc., está perdiendo todos esos signos de identidad, aquello que Ortega llamaba la “razón geográfica del lugar”. Siendo la tierra escenario para la vida del hombre, de cada lugar emanan fuerzas que determinan un modelo de vida concreto.

Auditorio CITE Sevilla (Arteria Al-Andalus)-estancias

 

Quiero decir que esa facilidad de apropiación de la forma completamente ajena a las circunstancias está haciendo a la arquitectura perder el gesto, la arruga…la identidad.

La rehabilitación, en este momento, es un campo eficiente para aprovechar nuestros recursos, hemos vivido como nuevos ricos, antes todo era “no, tira esto que es viejo”…ese sentido de la modernidad mal entendida que durante los años 60 y 70 esquilmó, arrasó los pueblos por el ladrillo visto y el aluminio anodizado y luego entramos en la fase contraria en la que no se podía tirar nada.

La rehabilitación es un recurso para optimizar un patrimonio construido que puede tener un gran potencial de “reciclaje” (término que prefiere Juan Herreros en vez de “rehabilitación”)

La tendencia actual camina en la dirección de la polivalencia, la multifunción, la complementariedad de usos. Desde esa experiencia del usuario, de sus necesidades. De ahí la conveniencia de contar con ese tipo de consultores que ayudan a definir el “retrato robot” del público que va a usar ese edificio. Se buscan soluciones que permitan mejorar la sostenibilidad, un edificio con más cosas que permitan que el edificio esté abierto más días, más horas, más allá del clásico teatro que funciona en temporada tres o cuatro días a la semana. Eso es un derroche.

¿Cómo ves la situación general de la profesión?

No me atrevería a darte un pronunciamiento, toda esta situación de crisis actual está viniendo a poner sobre la mesa la inviabilidad de un modelo occidental de civilización que no se sostiene. No puede haber más solución que nuevos enfoques vitales, desde cualquier punto de vista. ¿Qué es el éxito? ¿Cómo ha llegado a sacralizarse este concepto del éxito? ¿Sobre qué parámetros se fundamenta?

Desde el punto de vista de cómo se está abordando el problema de la formación de los arquitectos, tu abres la página la página del Instituto de Arquitectura de la Fundación COAM y hay tropecientos mil cursos que dejan en evidencia a la universidad española y todo esto que se está teniendo que improvisar ahora como formación complementaria quiere decir todo esto no se ha facilitado. Y hay que decir que la universidad española sigue teniendo unas gravísimas carencias. Me parece que se sigue vendiendo un mensaje fraudulento, pasado de moda y, por encima de eso, yo creo que hay que denunciar esa absurda valoración del yo que se nos graba a fuego en el ADN y que nos hace absolutamente incompatibles con todo el mundo; esta profesión tiene paro, naturalmente, pero aparte de la crisis, estamos pagando las consecuencias de nuestros propios actos, hemos querido ser tan artistas, tan diferentes, que no encajamos en ninguna parte.

Santiago Fajardo en su estudio

 

Mi hijo quiere ser arquitecto y yo trato de no influirle ni a favor ni en contra, porque sigo pensando que es una profesión magnífica, muy mal planteada en España desde el punto de vista de la formación y de la relación de la universidad con el mundo laboral, totalmente ajena, a espaldas por completo.

En este momento prosperan y sobreviven los grandes despachos multidisciplinares, se acabó ya la figura esa del arquitecto artesano, esto necesita en el día de hoy de una visión mucho más amplia. El enfoque es un equipo potente, diversificado con una gran capacidad operativa.

Hay una inflación tremenda de arquitectos en España, más bien no tanto una inflación de arquitectos como una inflación de estudios de arquitectura. Todos queremos seguir poniendo nuestro nombre.

Yo creo que hoy en día se manejan unas tecnologías cada vez más complejas y es necesaria gente muy profesional. Hoy en día, la buena arquitectura se reivindica, aparte de por su propio valor intrínseco, desde una calidad tecnológica nunca vista hasta ahora en el mundo y esto requiere gente muy documentada en todos estos campos. También requiere una gran capacidad de organización y de trabajar en grupo para dar esa visión multidisciplinar que tiene hoy día el proceso constructivo, proceso que se ha ido complejizando enormemente en nuestros días. Hay tanta profundidad en el conocimiento de los distintos ámbitos de la profesión que se hacen necesarias las especializaciones, pero también hay que reivindicar ese sentido generalista en el arquitecto. El todo no es la suma de las partes, es algo más.

Auditorio CITE Sevilla (Arteria Al-Andalus)-vista exterior

 

Siempre hace falta esa persona que sin tener ese conocimiento profundo sobre los distintos componentes, tenga el conocimiento necesario como para saber ordenarlos de una forma armónica. Creo que esa es la labor del arquitecto. Si, puedes convertirte en un especialista, bien, pero estás dejando de lado ese valor añadido que a lo largo de la historia ha tenido la arquitectura, como columna vertebral que integra, soporta, encaja armónicamente un montón de conocimientos y especializaciones diversas. Es un universo al que uno puede acercarse con diferente grado en función del zoom que apliques, puedes concentrarte en un proyecto de 400.000 m2 o puedes entretenerte en el diseño de una lámpara o un picaporte. Es evidentemente una cuestión de enfoque.

 

Santiago Fajardo (4 Posts)