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Sergio Macías

Forman parte de nuestras vidas: nos hacen reír y llorar y ponen voz y cara a nuestros temores, sueños y deseos. Para despertar nuestras emociones o, simplemente, entretenernos, se suben a escenarios o se sitúan al otro lado las pantallas de cines y televisión. Nos aconsejan lo que debemos comprar, cómo debemos conducir. Son los actores y actrices, y forman una parte esencial de nuestra vida.

En la sección Espectáculos de Baidewei queremos hablar no solo de personajes, sino también de las personas que hay detrás de la máscara. Y no solo eso, sino que también queremos mostrar a todos los demás profesionales a los que no vemos ni oímos, pero sin los que la labor del actor no existiría: directores, guionistas, iluminadores, y un larguísimo etcétera.

Y para ello, nada mejor que contar con la inestimable ayuda de uno de ellos: Sergio Macías. Sergio es un CÓMICO, así con mayúsculas, de los que lo llevan en la sangre. Actor y director ha desarrollado la mayor parte de su trabajo en el teatro, aunque también ha hecho sus pinitos en la televisión o en el mundo de la publicidad.

Actualmente gestiona la Fundación Goliardos, compañía precursora del teatro independiente en nuestro país, a la que, junto a sus compañeros,  intenta devolver el esplendor de épocas pasadas. Entre sus múltiples quehaceres, ha encontrado un hueco para asesorarnos en esta sección; por ello, queremos dedicar la primera entrevista de la misma a presentarlo. Seguramente que tras leerla, todos le admiraréis tanto como lo hacemos nosotros.

Para aquéllos de nuestros lectores que aún no te conozcan ¿quién es Sergio Macías?

Nací en el mismo Bilbao hace más años de los que me gustaría. Me fui a Madrid para estudiar en la RESAD y cuando salí dispuesto a comerme el mundo lo único que conseguí es ingresar por primera vez en las listas del INEM. Me rescataron Ángel Facio y los I Piau de Cuenca para hacer una versión manchega de un clásico del Renacimiento. Luego me tocó dar algunas vueltas a la península con las compañías de Tamayo y García Moreno. Visto el panorama y con la crisis de los treinta me dio por dirigir. Conseguí hacer una versión teatral de Clerks aún más cutre que el original cinematográfico. Sorprendentemente, a la gente le gustó. El presidente de la Fundación Shakespeare vio el espectáculo y me contrató como profesor, jefe de estudios y director de escena (aún no me explicó qué hicimos mal). Tras una salida traumática del universo shakesperiano volví al paro y, esta vez fue la publicidad de una marca de quesos la que me salvó de la indigencia. Por fin, Mario Gas, recién nombrado director del Teatro Español, llamó a Facio para formar parte del nuevo equipo. Ángel, siempre fiel a su gente, ha contado conmigo en todas las producciones que ha dirigido durante los últimos ocho años, la última de ellas, El Balcón de Jean Genet en el Matadero de Madrid. Ahora, gestiono la Fundación Goliardos, una compañía con un pasado glorioso y un futuro incierto.

Esa es más o menos mi trayectoria. Además, he hecho de profesor de interpretación, de historia del teatro, de cata de vinos, de cursos universitarios. He sido hombre anuncio en la tele, vendedor de biblias, encuestador telefónico, ponente en un master, payaso en cumpleaños infantiles, actor en role plays para empresas, escritor de artículos, actor episódico de televisión, comercial informático, camarero y hasta guitarrista de verbena. En fin, lo normal para un cómico.

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Escena de Moscú Cercanías

¿Qué te hizo decidirte por esta profesión?

La inconsciencia. Con 14 años me metí en el grupo de teatro del cole a ver si ligaba y hasta hoy… Me gustaba y me gusta el teatro. Los escenarios, los camerinos, las butacas y hasta las taquillas. Nunca he tenido la ambición de ser un primer actor (eso que me he ahorrado en psicólogos) pero si paso demasiado tiempo lejos de las tablas empiezo a sentir picores. Es como al que le da por salvar a los linces o a las ballenas barbudas. Yo también estoy obsesionado por algo que está en vías de extinción.

Tú has trabajado en todos los medios (cine, televisión, teatro, publicidad) ¿cuál te gusta más y por qué?

Realmente solo puedo decir que he trabajado en teatro. Nunca me he preocupado demasiado por la televisión o el cine y sobre todo, ellos no se han preocupado por mí. En tele, aparte de algunos episódicos en series solo he hecho publicidad. Un buen día llevé las fotos a una agencia, me mandaron a un casting y sonó la flauta. Desde entonces he hecho más de treinta anuncios de todo tipo.

¿En qué se diferencia la interpretación de un actor en estos distintos medios?

El actor, en principio trabaja en el medio que puede o en el que le dejan, aunque su formación suele tener una base teatral. Luego los objetivos que le demandan suelen ser muy parecidos; ser creíble, orgánico y, si es posible, seducir al público. La diferencia fundamental está en el espectador. En el cine o la tele los medios técnicos hacen que los ojos del espectador estén a un palmo de tu nariz. En el teatro, trabajas para el público de la primera fila y para el del gallinero (aunque haya pagado menos). Hay actores de cine magníficos que la cagan cuando pisan las tablas y actores de teatro consagrados que no soportan una cámara delante. Por supuesto, los hay que brillan en todos los medios y es admirable.

De todos tus trabajos, en cuál es en el que más has disfrutado ya sea como director o actor

Como actor lo pasaba en grande en A Ciegas, una obra de Jesús Campos que transcurría en la oscuridad más absoluta. Aunque la época más satisfactoria han sido una serie de trabajos; desde 2005 a 2012 he participado en todos los montajes dirigidos por Ángel Facio para el Teatro Español (seis en total) y ha habido de todo, pero la sensación de trabajar en familia, con tus amigos, en un entorno favorable y sin penurias económicas es impagable.

¿Cuál es el personaje de teatro o cine que no has hecho y que te gustaría hacer?

Cuando sea mayor, si he conseguido aprender lo suficiente, que lo dudo: Max Estrella.

Eres actor y director ¿en cuál de los dos papeles te encuentras más cómodo?

Director, sin duda. Como actor no me gusto demasiado, así que prefiero dirigir a los que son buenos de verdad. Tengo un carácter obsesivo que me estoy curando, pero dirigir te permite controlar los aspectos globales del espectáculo. Cuando soy actor lo paso fatal en los ensayos y genial en las funciones. Cuando dirijo es justo al revés. La satisfacción que me ha producido ver que el público se emociona o se divierte con una función que he dirigido no la he tenido nunca actuando. Así que supongo que soy más director que actor, o al menos pienso como director, aunque actúe.

En la revista somos muy fans del director de cine Kevin Smith, por eso nos interesa especialmente la versión teatral que montaste de su película Clerks y que, en su momento, fue todo un éxito en el underground teatral madrileño  ¿Cómo surgió Casi Clerks?

Tenía el guion de la peli y me puse a jugar con él. Hice la traducción y varias versiones más tratando de convertirlo en un texto teatral. Después recluté a unos cuantos amigos que estaban en el paro igual que yo y montamos la función. Estábamos todos sin un duro, así que la escenografía la resolvimos reciclando muebles de los contenedores. Nos dejaron ensayar en un salón de bodas del aeródromo de Cuatro Vientos, con avionetas aterrizando y despegando continuamente. Por fin, estrenamos en una salita que había en la planta baja del Mercado de Fuencarral y allí estuvimos llenando durante un año. Solo cabían 80 personas pero fuimos los reyes del underground teatral aunque la gente de teatro ni se enteró. Nuestro público eran universitarios, fans de Kevin Smith y sobre todo de la música independiente. La banda sonora la hicieron L-Kan (formada por dos de los actores y nuestro iluminador) y la promoción la hicieron los programas de Radio 3.

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Equipo de Casi Clerks

Nuestro Quick Stop se llamaba “Comestibles Illescas” y era una tienda de chinos de Aluche que vendía cerveza Mahou y vino Don Simón. El vídeo club era una sección de la tienda y prácticamente solo había porno. Teníamos una tele mutante con el altavoz invertido para que sonara en dirección al público.

Años después volvimos a las andadas y montamos una nueva versión con la mayor parte del elenco original. Esta vez teníamos presupuesto, Ricardo Sanchez Cuerda nos diseñó la escenografía, Oscar Guimarey el vestuario y L-Kan ya eran un grupo conocido en la escena independiente, que además gestionaba el club Ocho y medio. Los actores ya tenían más experiencia y la productora garantizaba el cobro de las nóminas. Todo era perfecto pero el día antes del estreno en Valladolid, la jefa de producción (que era la pareja de uno de los protas) tuvo que ingresar para que le practicaran una cesárea de urgencia con dos meses de adelanto y muy mala pinta en el pronóstico. Aun así estrenamos, pero sin rueda de prensa previa. Solo vinieron unos cuantos amigos y el crítico de El Norte de Castilla, que nos puso a parir. Afortunadamente, la cesárea salió bien aunque la atención de los padres, que eran los impulsores del proyecto, se centró como es lógico en la atención a su hija, que pasó varios meses en la UCI y la obra pasó a un segundo plano. Por cierto, hoy es una niña preciosa y divertidísima.

¿En qué estás trabajando actualmente?

Desde que Facio salió del Teatro Español con el cambio de equipo, hemos vuelto a resucitar Goliardos. Ángel creó una fundación, llamó a filas a unos cuantos de sus incondicionales y donó todos su ahorros para echarla andar. Los tiempos no están para idealismos pero no sabemos ni queremos hacer otra cosa. Nuestro oficio está en precario desde Aristófanes, o antes, así que tampoco nos va a asustar la situación actual. Si al final, la cosa no resulta y la dichosa crisis nos devora, gastaremos en vino los últimos cuartos que nos queden y nos los beberemos con la tranquilidad de haber seguido intentando hacer teatro.

Ahora estamos distribuyendo Moscú cercanías, la última producción que hicimos en el Español y preparando junto al Instituto de Teatro de la Universidad Complutense unas jornadas conmemorativas del 50 aniversario de Goliardos.

Además, tenemos en cartel Pase lo que pase, una pequeña pieza de Rafa Nuñez que estará con seis pases diarios hasta el 4 de noviembre en Microteatro por dinero (C/Loreto y Chicote 9). El formato que han impulsado en esta es una de las experiencias más novedosas en la escena teatral de los últimos años y una buena manera de hacer frente a la crisis. Afortunadamente están teniendo éxito y espero que siga así y que nosotros podamos contarlo.

Ángel Cuesta (20 Posts)