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Tipos infames

Comentábamos no hace mucho en esta revista que en la denodada lucha de algunos establecimientos madrileños contra la crisis estaba causándoles efectos secundarios, uno de los cuales era que les crecían apellidos donde antes solo había un nombre. Uno de los sectores afectados por tan singular fenómeno son las librerías que, en aras de su supervivencia frente al descenso de ventas y el auge del libro digital, se van adaptando a la situación a base de ofrecer servicios adiciones para potenciar la experiencia lectora. De ahí viene el auge de las  librerías-café, muy al estilo de otros establecimientos de este tipo, tan populares en Europa y Estados Unidos.

Pues bien, la librería madrileña que nos ocupa hoy, no tiene uno, sino dos apellidos, y ambos de noble abolengo (libros y vinos), lo cual, ya de por sí merecería una mención de honor en esta publicación. Pero si a eso sumamos una cuidadísima selección de los títulos que pueblan sus estanterías, una sala de exposiciones y una inmejorable situación, en el número 3 de la calle San Joaquín, a dos pasos de la céntrica calle de Fuencarral, tenemos que Tipos Infames es un oasis de cultura y tranquilidad en medio del habitual bullicio del barrio de Malasaña.

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Al frente de esta aventura tres amigos (tipos nada infames, por cierto), Francisco Llorca, Gonzalo Queipo y Alfonso Tordesillas. Tres valientes que, como los tres mosqueteros, luchan en defensa de la cultura frente a los peligros que la amenazan. Y lo hacen al timón de este establecimiento que rebosa amor por los libros y, lo que es igual de importante, por los lectores a los que ofrecen una experiencia tremendamente agradable. Porque Tipos Infames es una librería, pero es algo más, y no solo un café, una enoteca o una sala de exposiciones; es un lugar donde dejar que los cinco sentidos disfruten.

Y para conocer un poco más este lugar, hablamos con uno de sus “infames” propietarios, Francisco Llorca.

Explícanos un poco más en qué consiste esto de vinos y libros.

Pues esto no deja de ser una librería tradicional.  Cuando la montamos teníamos claro que queríamos ser una librería, pero que ofreciera algo más. Creíamos que, dentro del momento de crisis actual, no solo económica, sino de cambio de paradigma dentro del mundo del libro, en una librería no podías quedarte tras el mostrador esperando que los clientes entraran sino que tenías que ofrecer algo más.

Por eso, nosotros optamos por dos cosas que parecen antagónicas: por un lado la especialización y por otro la diversificación.

Especialización en cuanto al tipo de libros que ofrecemos: narrativa, ediciones independientes, autores jóvenes, clásicos, etc. En las grandes cadenas de librerías, cada vez hay más ejemplares de menos títulos y eso nos permite prescindir de los títulos que están en todas partes y centrarnos en los libros que realmente nos gustan. Por eso, nos distinguimos tanto por los libros que tenemos, como por los que no tenemos.

En cuanto a la diversificación, hemos tratado de diversificar la actividad. Hemos pensado en configurar un espacio en el que pasen cosas, en el que la librería se acerque más a la idea de centro cultural que a la librería tradicional. Y de ahí la idea de la cafetería, que es un elemento que aporta sinergias —este término tan manido ahora—, ayudándonos a socializar, realizar presentaciones y crear un espacio en el que estar. Además, está el vino que es un mundo que marida mucho con los libros, porque pertenece también a la idea de la cultura entendida como disfrute. Luego tenemos una sala de exposiciones en la parte inferior, donde hacemos exposiciones, presentaciones de libros, conciertos, catas de vinos, etc.

Se trata de ofrecer al cliente una experiencia placentera en su compra. Que entren en la librería y hojeen tranquilamente los libros que les interesan mientras se toman un café o un vino, sin ser atosigados por el vendedor. Además, en este tipo de negocios sigues teniendo un feedback muy acusado con el cliente. Nosotros recomendamos productos a los clientes y compartimos con ellos experiencias lectoras. Por su parte, los clientes también nos aportan mucho, pues nosotros no tenemos tiempo de leer todas las cosas interesantes que se publican en cada momento y a menudo nos apoyamos en ellos para que nos aporten también sus experiencias. Somos una librería con parroquianos, con gente a la que conocemos, sabemos quiénes son, qué leen…

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Habéis elegido para vuestro negocio una ubicación inmejorable, muy cerquita de la calle Fuencarral. ¿Cómo surgió la idea de estableceros aquí?

Sí, nosotros teníamos la idea de hacerlo en este barrio donde hemos pasado nuestra juventud. Era una zona que nos gustaba especialmente y, además, una zona muy apropiada, plena de creatividad. Además estamos muy cerca de la calle Fuencarral, una arteria comercial muy importante. Estuvimos buscando mucho tiempo y al final tuvimos suerte con el local.

Y el nombre de Tipos Infames también es muy apropiado para un negocio relacionado con los libros, ¿cómo se os ocurrió?

Pues sí, es un nombre apropiado y más literario de lo que parece. En una exposición sobre Rimbaud vimos el cuadro Un coin de table de Henry Fantin Latour, un retrato de Les Vilains Bonshommes, un grupo de artistas que se reunía habitualmente en París sobre 1870, compuesto por, entre otros, Verlaine y Rimbaud. El cartel con el título del cuadro mostraba una traducción “libre” del nombre del grupo —que, en realidad, sería algo así como “villanos honestos”— y lo titulaba Tipos Infames. Esa denominación tan pintoresca nos gustó mucho y, además, daba mucho juego para una librería, tanto por sus orígenes literarios y su relación con Verlaine, como por el doble sentido de la palabra “tipos”.

¿La idea de incluir el vino dentro de vuestra oferta surgió una vez montada la librería o era una idea original cuando os planteasteis el proyecto?

Teníamos la idea de la cafetería, pues era algo que ya existía en Madrid, por ejemplo con locales como La Buena Vida y algún otro que ya ha desaparecido. Es una idea anglosajona y nos pareció que podía ayudar, pero teniendo siempre claro cuál era el negocio principal. Quisimos buscar un tema que nos sirviera de banderín de enganche y Diego Moreno, un editor de Editorial Nórdica, nos planteó el de los vinos, ya que ellos eran una editorial que también han sacado vinos. Nos pareció una buena idea y surgió eso de “libros y vinos”.

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Nos habéis comentado que en literatura habéis optado por la especialización, ¿ha ocurrido lo mismo con los vinos?

Sí, en menor grado porque le dedicamos mucho menos espacio, pero sí que es cierto que no tenemos muchas referencias y eso nos permite jugar con vinos que estén bien de precio, vinos diferentes, de autor —pues no tiene sentido que apostemos por editoriales independientes y narrativa y luego aportemos vinos que encuentres en cualquier supermercado—. Si dais un repaso a nuestra carta de vinos, veréis que también son diferentes. Como siempre tenemos pocas referencias —unas 20—, apostamos más por vinos nacionales, pero dentro de eso, jugamos bastante. A veces incluimos vinos no muy conocidos, como los de Ribera del Queiles, también trabajamos con los vinos de Madrid y también, por supuesto, tenemos algo de Rioja, Ribera, Toro, etc.

¿La gente entra a comprar vino o lo hace como un añadido cuando entran a comprar libros?

Pues no hay un cliente tipo. Como no tenemos mucha variedad, no podemos competir con una bodega o enoteca y no funcionamos como negocio de cercanía, pero sí es cierto que hay gente del barrio que viene solo a comprar vino, porque le gusta o gente que lo marida con un libro, porque hacemos packs de libros y vino como regalo —por ejemplo, un vino francés con un autor francés—. Ahora es el momento de echarle imaginación.

¿En literatura trabajáis solo fondo y novedades o tenéis también negocio de segunda mano?

No funcionamos como librería de segunda mano, en primer lugar por la falta de espacio y porque el libro de segunda mano tiene sus propias dinámicas. Ahora hay aquí en el barrio varias librerías que llevan libro de segunda mano y de viejo y tratamos de respetar los espacios de cada uno. Tenemos libros nuevos y, dentro de ellos, fondo y novedad —entendiendo la novedad como lo que acaba de salir—, pero lo que nos define es el fondo. Lo que tenemos en las estanterías es el ADN de la librería, son los clásicos, los libros que nos gustan, en ese sentido, no estamos tan sujetos a la rabiosa novedad.

La idea es intentar ofrecer un espacio para que libros que no tienen tanta visibilidad se puedan ver y, en consecuencia, leer y comprar. Además, se trata de una reciprocidad, nosotros ofrecemos a las editoriales más minoritarias un espacio para sus libros y les tratamos  con cariño y luego esa gente también te corresponde. Viene aquí, te presenta a más gente, un público nuevo, hacen presentaciones, etc.

Por otro lado, la vida del librero es una continua lucha contra el espacio. Nos gustaría tocar algún género más, pero tampoco tenemos mucho sitio. Por eso, por tener un poco de diversidad, tenemos una sección pequeñita de novela gráfica y también otra pequeña de poesía y ensayo.

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¿Cómo afrontáis el cambio de paradigma editorial al que nos enfrentamos actualmente??

Nosotros no somos nada apocalípticos al respecto. La gente piensa que el libro en papel se acaba mañana y nosotros vemos que el libro digital aún está en pañales aun respetándolo y viéndole toda su utilidad y calidad, pero la ola que va a venir, aún no ha venido. Eso va a ir llegando poco a poco, pero no súbitamente. Nosotros creemos en la convivencia de los dos formatos: digital y papel. Cuando se saca este tema la gente se olvida que, en todo caso, estamos hablando de libros, sea en el formato que sea, que lo importante es la calidad del contenido. Ahora mismo creemos que hay espacio suficiente para los dos tipos de formato, porque la experiencia lectora que ofrece, por ahora, un libro en papel, es muy diferente a la que ofrece un libro digital. Además es una experiencia más sensorial que casa mejor con el resto de productos que vendemos en la tienda. Un libro se toca, se huele…parece que pega más con tomarte un café o disfrutar de un buen vino.

Nosotros sostenemos que el estado actual en que se encuentra el mundo del libro y ese cambio de paradigma de lo analógico a lo digital, es muy similar al que presentaba el mundo de la música hace unos 10 años. ¿Qué opinas de esto?

Estoy de acuerdo con eso que dices de la similitud entre el mundo del libro y del disco, porque además la música tiene un sentido de la portabilidad más acusado que el del libro, tu la puedes disfrutar sin necesidad de tener un soporte. Si buscamos una analogía con las tiendas de discos, que serían el equivalente a las librerías, es verdad que todos los sectores intermedios dentro de la cadena han desaparecido y solo quedan las grandes superficies  o las pequeñas tiendas especializadas que apuestan por un trato especial al cliente y por contar con una selección de contenidos y formatos muy cuidada, por el vinilo, más o menos lo mismo que hacemos nosotros con los libros…

Como despedida de esta entrevista, solo nos queda desear toda la suerte del mundo a estos Tipos Infames, pues si tienen éxito en la aventura que han afrontado, quien realmente vencerá es ese bien tan preciado y olvidado en los últimos tiempos: la cultura.

Fotos: Alejandra Rodríguez Bueno

 

 

baidewei (109 Posts)


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