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Unidades de medida periodísticas

Sobremesa de domingo, luchando frente a la torrija propia del día. El presentador del Telediario desgrana con voz monocorde las noticias del día, de las cuales, mi cerebro en stand-by únicamente va captando retazos. Según una de ellas, en Emiratos Árabes, han construido un parque solar con un tamaño equivalente a 300 campos de fútbol, otra indica que los rellenos de tierra han robado a la ría de Arosa el equivalente a 40 campos de fútbol y…como remate, me entero que, no hace mucho, un asteroide, del tamaño de un campo de fútbol ha pasado muy cerca de nuestro amado planeta (más concretamente a la mitad de la distancia entre la Tierra y la Luna). ¡Ehhhh! ¿Dónde están los kilómetros, metros, hectáreas y similares con que medimos los simples mortales?

No hay día en el que encendamos la televisión, abramos el periódico o escuchemos las noticias en la radio y no nos enfrentemos a noticias en que, sin duda con buena voluntad, pero con muy poco acierto, el (o la) periodista de turno se pasan por el forro los sistemas métricos reconocidos por el mundo científico y utilizan un sistema métrico específico que yo denomino “periodístico” y que únicamente se enseña en las Facultades de Ciencias de la Información.

Porque, vayamos al fondo del asunto: ¿Qué es una unidad de medida? Podríamos definirla como una cantidad estandarizada de una determinada magnitud física (longitud, tiempo, masa, fuerza, temperatura, etc.). Las características fundamentales de todas las unidades de medida es que sean exactas, inalterables (es decir que su determinación no varíe con el tiempo ni con la persona que efectúe la medida) y universales (esto es, que la medida sea igual en todos los lugares). O sea, que un metro debe medir siempre lo mismo, independientemente quien lo mida y del lugar en que se efectúe la medición.

Bueno, eso…en el mundo real, porque, como hemos dicho, en el mundo periodístico rigen otras reglas y se utiliza su propio sistema métrico. Un sistema cuyas unidades de medida tienen características específicas: son medidas no exactas, sino aproximadas (sus decimales están representados por las expresiones “aproximadamente”, “más o menos” y otras similares) su determinación depende de la objetividad de quien efectúe la medida y dependen del lugar en que se valoren. Curioso ¿no? Pero no para ahí la cosa, porque la creación y uso de esas unidades de medida depende de otros factores: el ingenio del profesional de turno para encontrar la unidad de medida más adecuada para sus propósitos y la versatilidad de las medidas que, como veremos, en muchos casos, igual valen para un roto que para un descosido.

¡Ah!, ¿Qué creen que estoy exagerando? No se preocupen, que vamos a hablar de algunas de las más utilizadas.

Empezaremos hablando de la medida periodística por excelencia: el campo de fútbol, claro ejemplo de la versatilidad a la que antes aludía. Porque el campo de fútbol se suele utilizar como medida de superficie, pero sirve también como medida de longitud y, en algún caso concreto, se utiliza también como medida de capacidad.

Raro es el verano que la península ibérica no es asolada por los incendios forestales. Pues bien, la superficie quemada siempre es equivalente a un determinado número de campos de fútbol. Las llamas no devoran hectáreas ni kilómetros cuadrados, sino que se dedican a engullir terrenos de juego balompédicos. Este uso es lamentable: por un lado, puede que el destinatario de la noticia ni haya visto, ni vea en su vida un campo de fútbol o quizás aborrezca este deporte. Más aún, las dimensiones de un terreno de juego a otro varían muy considerablemente: dudo que el Camp Nou y el campo del Villaconejos, por poner un ejemplo, sean iguales; y no digamos ya el campo en el que jugaban Oliver y Benji (del que dos campos supondrían media provincia de Orense —casualmente, otra de las unidades de medida—).

Bueno, me dirán, es que la intención del autor de la noticia es únicamente que nos hagamos una idea. Vale, la intención no es mala, pero el resultado es desastroso. Para hacerlo más apto a todos los públicos y divertido, sugiero a los amigos de la prensa incorporar aquí alternativas, personalizando la información según los gustos del destinatario: para los taurinos, se usaría como medida la plaza de toros, para los baloncestistas, la cancha de baloncesto… Además, también se podrían personalizar por la ubicación del destinatario, utilizando otra medida de rancio abolengo en nuestro país: la Plaza Mayor. Díganme, ¿no les resultaría más cercana una noticia del tipo: “el nuevo polígono industrial tendrá una superficie igual a 20 veces la Plaza Mayor del pueblo”? Otro problema que se podría solucionar con ingenio es el de los decimales, porque, ¿Qué pasa si se queman 100 hectáreas y 4.200 metros cuadrados? Propongo aquí también otra alternativa que es usar otros terrenos de juego para esta labor; de este modo, esa noticia traducida a este otro particular sistema quedaría así: “El fuego ha arrasado la superficie equivalente a cien campos de fútbol, una cancha de baloncesto, una pista de pádel, dos mesas de ping pong y un tablero de ajedrez”.

Además, la versatilidad del campo de fútbol, hace que pueda también ser utilizado como medida de longitud (equivalente a unos 100 metros) o, incluso volumen. Aquí surge otra especialidad, porque parece que el único estadio que sirve para ello es el estadio Santiago Bernabéu: “un volumen equivalente a tres estadios como el madrileño Santiago Bernabéu”, que digo yo que a colchoneros, azulgranas y seguidores de otros equipos, como que no les hará mucha gracia.

Pero si el campo de fútbol es la más popular, no es la única medida periodística. Como no tiene múltiplos ni submúltiplos, para la medición de superficies, dimensiones o volúmenes mayores o menores nuestros amigos periodistas han tenido que echar mano de otras unidades, aún más pintorescas.

En las medidas de longitud, dado que no existe ninguna superficie medianamente estandarizada, la imaginación ha tomado el protagonismo. ¿Qué un surfista cabalga una ola enorme? Fácil, era una ola del tamaño de un edificio de ocho plantas. ¿Que buscamos algo aún más grande? Más sencillo aún, podemos utilizar dos de mis favoritas: la torre Eiffel y el avión Boeing 747. La torre parisina sirve como comparación de lo grande o alta que es una construcción, da igual que sea un rascacielos, puente, etc. El avión es más versátil, pues sirve para medir longitudes, anchuras (la envergadura de un Jumbo) o, lo más gracioso, peso: “el naufragado Costa Concordia tiene un peso equivalente al de 110 aviones Boeing 747”. Umm, da que pensar, ¿llenos o vacíos?

Equivalencia entre la altura del puente de Millou y la torre Eiffel

¿Que se desgaja un enorme iceberg de la Antártida? No hay problema, su tamaño es equivalente a la provincia de Orense. ¿Queremos hacer ver la superficie que se ha deforestado en el Amazonas? Sencillo, buscamos la equivalencia en la superficie de la isla de la Gomera o de Ibiza y ya está. Esto, a veces, ocasiona situaciones bastante pintorescas, en las que hay que hacer un compuesto de varias unidades, como el verano pasado en que un noticiario decía que “un incendio en la isla de la Gomera ha arrasado una superficie equivalente a 5.000 campos de fútbol”.

Y esto no ocurre solo en España, no crean, porque aquí aparece otra de las unidades periodísticas (y cinematográficas) por excelencia: la isla de Manhattan. Otra unidad que vale para todo, desde medir superficies de incendios al tamaño de icebergs, pero, sobre todo, es la unidad estrella en las películas apocalípticas: los asteroides, cometas y meteoritos que destruyen la Tierra, no solo tienen el tamaño de la isla de Manhattan, sino que, con frecuencia, caen en ella (lo que vendría a ser una redundancia).

¿Para longitudes aún mayores? Pues tiramos de conceptos astronómicos que todo el mundo conoce: la circunferencia de la Tierra (“puestos en fila, darían 10 vueltas a la Tierra”), la distancia de la Tierra a la Luna, la distancia de la Tierra al Sol o el tamaño de nuestro Sistema Solar.

Eso para lo grande, pero, ¿qué ocurre con lo pequeño? Pues también existen unidades que lo miden, que la imaginación es ilimitada. Aquí hay varias unidades métricas estrella. La cabeza de un alfiler se suele utilizar como medida de superficie o de volumen, normalmente para decir la enorme cantidad de porquerías diminutas que caben en ella “en una cabeza de alfiler cabrían 25.000 bacterias del tipo YY”, que vamos, dan ganas de no volver a tocar un alfiler en toda tu vida. El grosor (o el diámetro, que también vale) de un cabello humano, es una unidad más evocadora, porque no almacena cosas encima, sino que las oculta: “Se ha construido un nanocable, cuyo grosor es la cuarta parte de un cabello humano”. Lo de “cabello humano” , además, tiene su gracia, ¿qué pasa, que el pelo de un mono o de una cabra no sirven?

Sí, vale, algo que se esconde tras un cabello humano es muy pequeño, ya nos hacemos a la idea, pero ¿cuánto exactamente? Porque esta imprecisión es la que le da al periodista el fruto buscado, aunque a veces no llega a conseguirlo. Pensemos por ejemplo, en la unidad de medida de potencia y energía por excelencia: la bomba de Hirosima. Si nos dicen que un terremoto o una erupción volcánica ha liberado una energía de 15 kilotones, pues como que nos quedamos igual, pero si nos dicen que es el equivalente a la bomba de Hirosima, entonces nos quedamos igual, pero nos hacemos la idea de que ha sido un petardazo gordo, pero gordo gordo. Ahora bien, si nos dicen que la energía liberada ha sido equivalente a 15 millones de kilos de explosivos entonces sí que nos podemos hacer una idea de la barbaridad de la que nos están hablando.

Y así, podría seguir hasta el infinito, porque hay medidas para el consumo eléctrico (un hogar español medio), temperatura (la superficie de Sol), volumen (la piscina olímpica) y todo lo que nos podamos imaginar, pero como no quiero hacer una lista del tamaño de un Boeing 747 os dejo hasta la próxima. ¡Un abrazo como un campo de fútbol de grande!

 

baidewei (109 Posts)


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6 Comments

  1. jj March 25, 2013 Reply

    Yo tengo un colega, que lo mide todo en “alpacas de rulo”

    • Ángel Cuesta March 25, 2013 Reply

      Jaja, muy bueno Juanjo. ¡Gracias por tu comentario! Se lo haremos notar a los distintos servicios de informativos a ver si encuentran una noticia apropiada para esta nueva unidad.

  2. Dani March 25, 2013 Reply

    ¡¡Furia correctora desatada!! ¡Tan grande como la mitad del sofá de mi salón!

    Alguien lo tenía que decir, y ha sido Baidewei. ¡Bravo!

    • Ángel Cuesta March 25, 2013 Reply

      ¡Gracias Dani! Lo único que pretendemos es que se unifiquen criterios. Que, o bien los periodistas si rijan por las mismas reglas que nosotros, o bien, los notarios se adapten a este sistema métrico y cuando vayas a escriturar un piso digan cosas como “el inmueble adquirido tiene una superficie equivalente al área grande del Santiago Bernabeu y sobre él se constituye una hipoteca como la isla de Manhattan” 🙂

  3. Lola March 25, 2013 Reply

    ¡ Enhorabuena ! Un buen tema que has sabido tratar muy acertadamente, con su buena dosis de humor. Se ve que te lo has pasado muy bien escribiendo este artículo.

    • Ángel Cuesta March 25, 2013 Reply

      ¡Gracias Lola! Tienes toda la razón, según iba escribiendo se me ocurrían cada vez más y me lo he pasado en grande. Por razones de espacio dejé algunos muy buenos, como dos que se utilizan para medir el volumen (normalmente de asteroides): el utilitario y el autobús escolar y otra usada para medir el tamaño del granizo: la pelota de golf. Jaja, ¡esto es un no parar!

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