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Versión Final

La profunda crisis que sobrevuela a la industria cinematográfica parece haber obligado a los guionistas a tirar como nunca antes del remake. Muchos agoreros sentencian que el cine ha muerto o que está herido de muerte. Yo no lo creo así ya que sigue existiendo un modesto abanico de interesantes propuestas que, en muchos casos, acaban siendo distribuidas de forma residual; lo que conocemos como cine independiente y cine de autor.

Pero lo cierto es que por desgracia, si echamos la vista atrás para comparar, a grandes rasgos la cantidad y sobre todo la calidad del cine actual se ha visto mermada de forma alarmante. Al cine parecen habérsele agotado las ideas, lo que ha llevado a un uso abusivo e innecesario de secuelas, precuelas, spin-off y sobre todo remakes de toda índole. Tal es el panorama, que no es nada extraño encontrarse demasiado a menudo con alguna noticia sobre una nueva adaptación en marcha. Y lo que es peor aún, es que muchas veces se trata de películas con menos de cinco años de vida.

De esta forma, actualmente se entiende al remake más que como el interesante recurso o reto creativo que fue en su momento, como una manera de sobreexplotación con mero afán comercial del que sólo se obtiene un subproducto totalmente prescindible. Como ocurre con muchos otros negocios, el cine casi ha pasado de ser un oficio artesanal a una especie de cadena de producción en serie; una máquina de fabricar productos sin alma.

sabrina

Sabrina (1954) y Sabrina (1995)

 

La huella (1972) y La huella (2007)

 

Futuro pastiche “Batman Vs. Superman” (2015)

Cuando hablamos de la realización de un remake, hay un interesante y rarísimo caso especial; el del director que hace una nueva adaptación de una película suya anterior. El autor que decide volver a versionarse—en este caso dirigir dos veces una misma película— se podría pensar que lo hace por insatisfacción con el resultado final de su primera versión. En el contexto cinematográfico ha habido contadas ocasiones en las que esto ha ocurrido, y no siempre ha sido ese el motivo.

Tres directores que dan buen ejemplo de esto y que han hecho un uso inteligente del remake han sido Hitchcock, Wyler y Haneke.

En 1934 Alfred Hitchcock dirige en Reino Unido una modesta película de intriga titulada El hombre que sabía demasiado. Dentro de la descomunal filmografía del director, ésta no sólo podría considerarse una de sus primeras películas, sino también una de sus primeras sonoras; algo que se refleja todavía en cierta inexperiencia o falta de ritmo pero en la que se intuye un gran potencial.

Nada menos que veintidós años después —convertido ya en uno de los magnates de Hollywood— por alguna razón decide quitarle el polvo a aquella modesta película, y con los recursos de un estudio como la Paramount a su total disposición realiza en 1956 un remake homónimo. El resultado fue una superproducción que alteró ligeramente la trama y las localizaciones de la original. Esta segunda versión protagonizada por James Stewart y Doris Day, bien le valió estar nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes y pasó a convertirse en una de las mejores películas de intriga de la historia.

El hombre que sabía demasiado (1934)

 

James Stewart y Doris Day en “El hombre que sabía demasiado” (1956)

Hitchcock fue mucho más que un gran director; podría considerársele un visionario que logró el respaldo total del público con un tipo de cine que aunó con maestría la parte comercial de las grandes productoras con la chispa intelectual del cine de autor. En su contexto, el lema del “menos es más” se transforma en “más es más”; la segunda versión de El hombre que sabía demasiado, gracias a unos mayores medios económicos y técnicos proyecta mucha sombra sobre la primera.

Otro caso bien distinto ocurrió con el oscarizado y discutido William Wyler, quien en 1936 convence al productor Samuel Goldwyn para llevar a la gran pantalla la obra teatral de Lillian Hellman titulada The Children’s Hour. La obra gira en torno a una pareja de profesoras falsamente acusadas de lesbianismo por parte de una alumna. Este detalle no pudo ser ignorado por la brutal censura del detestable código Hays, que había entrado en vigor hacía apenas dos años. La película tuvo que cambiar su título por el de These Three (Esos tres) y modificar parte de la historia original de Hellman evitando cualquier alusión al tema del lesbianismo o el suicidio.

Tuvieron que pasar muchos años plagados de grandes éxitos para que justo al final de su carrera como director, Wyler decidiera volver a rodar en 1961 —ahora con la estricta moral puritana del código Hays mucho más relajada y dando sus últimos coletazos— aquella misma película. Esta vez no hubo censura y el título fue el de la obra original, The Children’s Hour que en España se cambió por La calumnia.

Miriam Hopkins y Merle Oberon en “Esos Tres” (1936)

 

Audrey Hepburn y Shirley MacLaine en “La Calumnia” (1961)

La primera versión de 1936 contó con Miriam Hopkins y Merle Oberon como protagonistas mientras que en la de 1961 fueron Audrey Hepburn y Shirley MacLaine las elegidas por Wyler para encarnar a la pareja de profesoras. Como curiosidad, en la segunda versión el director quiso que las actrices protagonistas de la primera versión aparecieran de nuevo interpretando otros papeles (tía y abuela), pero sólo consiguió a Miriam Hopkins en el papel de tía.

Aun siendo todas ellas cuatro grandes y solventes actrices, sería casi lógico pensar en la versión de la archiconocida y angelical Audrey Hepburn como la “definitiva”, sumado además el hecho de que su versión se encuentra libre de censura y por tanto es más fiel a la obra original. Sin embargo, en este caso la clave para mí se encuentra en la actriz que interpretó a la odiosa niña calumniadora en la primera película de 1936. Bonita Granville representó tan a la perfección el papel de niña malcriada y perversa, que incluso estuvo nominada al Oscar a la mejor actriz de reparto.

Bonita Granville en “Esos Tres” (1936)

 

En este caso y al contrario que con Hitchcock; un mayor presupuesto, una mayor experiencia como director, unas actrices de lujo y para colmo la libertad de saltarse la censura no son motivos suficientes para inclinarse por la segunda versión del ’61.

Por último, el polémico director austríaco-alemán Michael Haneke —uno de los exponentes más sobresalientes del cine de autor actual— también ha probado eso de versionarse a sí mismo. Sin embargo lo que en los dos casos anteriores estaba motivado por razones de mayor posibilidad narrativa, marcando diferencias estéticas y argumentales entre las versiones, en el caso de Haneke obedece a razones mucho más prosaicas. Simplemente fue una táctica para darse a conocer al público norteamericano; un mercado muy reticente a consumir cine que no provenga de Hollywood.

En 1997 Haneke dirige en Austria la película Funny Games; un turbador y provocativo thriller que indaga acerca de la irrupción irracional de la violencia en la confortable vida burguesa. La película sorprendió de forma unánime a la crítica y al público por lo que recibió el premio FIPRESCI en el Festival de Cannes.

Funny Games (1997)

Debido a la escasa repercusión que tiene el cine extranjero en Estados Unidos, se decide hacer un remake homónimo en 2007 con rostros conocidos para el público estadounidense. Naomi Watts y Tim Roth protagonizan esta nueva versión, que realmente es poco más que un calco plano a plano de la primera. La crítica no aceptó con mucho entusiasmo el fallido intento de abrirse mercado en los Estados Unidos; la película tuvo muy poco éxito comercial recaudando menos de la mitad de lo invertido.

Funny Games U.S. (2007)

El gran abismo existente entre el cine europeo y el norteamericano quedó así claramente expuesto. Estados Unidos es la meca del artificio; al americano le gusta tener un pedazo del resto del mundo sin salir de su territorio, como ocurre en el horrendo parque temático universal que es la ciudad de Las Vegas. Análogamente, Hollywood sabe muy bien cómo sacar provecho de las innovadoras propuestas europeas o asiáticas readaptando éstas al gusto americano. Pero tratar de colar disfrazado de ‘made in USA’ un exitoso producto foráneo no siempre da el resultado esperado, aunque ese sería un tema para discutir en otro momento.

Funny Games (1997) Vs. Funny Games U.S. (2007)

baidewei (111 Posts)


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