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Westerns imprescindibles

En esta lista hay diez westerns imprescindibles, no necesariamente los mejores, pero de esencial visionado. Es cierto que hay muchos otros, unos cuantos de hecho son objetivamente mejores que algunos de los títulos ofrecidos aquí. Pero esta lista es variada, con títulos para todos los gustos, con rarezas y con grandes clásicos. Es la hora de colocarse el sombrero y comenzar a cabalgas hacia el ocaso.

1-Centauros del desierto (The Searchers, John Ford-1956)

Una razón: posiblemente contiene la mejor escena de la historia del género.

Estamos ante una de las películas más complejas y redondas de, pónganse en pie, el titán John Ford. Palabras mayores aquí, ¿eh? Y además viene acompañado por su actor fetiche, el Duque, el oeste encarnado, el mítico John Wayne, en una de sus mejores interpretaciones (seguramente la mejor junto con la de El hombre tranquilo).

Nos encontramos ante el salvaje oeste de Ford, esos espacios abiertos de paisajes lunares y marcianos, en los que los hombres vagan, viven, matan y mueren. El western de la libertad, en el límite de la realidad, donde solo un puñado de tipos se adentra, más allá del límite del poder de Dios. Allí, el desierto es el infierno y el cielo. Es un sistema perfecto, herméticamente cerrado, que conforma una fábula perfecta.

Los planos finales de la película son una maravilla. Con ese John Wayne que se queda mirando desde fuera, que asiste como espectador al reencuentro con la felicidad de sus familiares y amigos. Y luego gira y camina tambaleándose hacia el desierto, el único lugar sobre el que puede vagar, como un espectro que tiene que pagar por sus pecados y que ya no tiene otra meta que errar eternamente. A su espalda, una puerta se cierra negándole un regreso a un lugar al que ya no pertenece.

2-El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, John Ford-1962)

Una razón: el western más redondo jamás rodado.

El más crepuscular de los westerns se rodó en 1962. El hombre que mató a Liberty Valance es otra obra maestra de John Ford, y una de las eternas candidatas a mejor western de la historia. No es una “película del oeste” al uso, sino un complejo alegato por el sacrificio de los hombres buenos en contraste con un sistema político corrupto y con lo sensacionalista de la prensa, que no puede permitir que la verdad termine con una buena historia.

Un reparto de lujo sostiene a la perfección la película. Lee Marvin, haciendo de villano, y James Stewart y John Wayne dando vida a dos personas muy distintas que de fundirse en una sería el ideal del hombre bueno, recto e íntegro. La película se convierte en una crítica feroz contra lo decadente del sistema occidental. Rezuma el cansancio existencial de John Ford por todos los poros, que para entonces encaraba la recta final de su vida, diez años y cinco películas después.

Esta es una película ajena a todo cliché. No vemos en ella los famosos espacios abiertos de Ford, y por momentos parece más una película política o judicial. Es una película de personajes, de espacios cerrados, de distancias cortas, de escalas de grises, y de gente empujada a actuar como si no tuvieran otra elección. Ford ofrece una y otra vez la idea de que la justicia no siempre es correcta, que lo correcto no siempre es lo justo, y que lo justo no siempre es lo necesario.

Ford firma una película que no se siente orgullosa de sí misma, que parece oscurecer su metraje para que no se vea demasiado bien su contenido, que invoca la ley del silencio, que apuesta por la lealtad y por la responsabilidad. El resultado final tal vez no sea del todo satisfactorio para la parte emocional de nuestro cerebro, pero resulta exquisito, equilibrado, perfecto.

3-La diligencia (Stagecoach, John Ford-1939)

Una razón: el nacimiento del mito coincide con la primera resurrección del género.

¿Qué se puede añadir sobre La diligencia que no se haya dicho ya? No es casualidad que los nombres de John Ford y John Wayne vuelvan a aparecer una vez más en esta lista, pues estamos ante el gran clásico que inició la leyenda del Duque, cuando todavía era un joven aprendiz de cowboy que había llegado para quedarse.

Ford consigue “crear” a John Wayne (cuyo nombre real era Marion Robert Morrison) y resucitar el género al mismo tiempo, en una película épica en la que el Duque se ve rodeado por uno de los mejores grupos de personajes secundarios de la historia del cine. Ese gigante cansado, esa fuerza de la naturaleza que pidió que en su lápida se leyera “Feo, Fuerte y Formal” (así, en castellano), se convirtió de repente en el ojito derecho de Ford, por más que se tiraran los trastos a la cabeza.

Wayne era conservador al extremo y no veía con buenos ojos los arrebatos progresistas de Ford, y a su vez, el mítico director consideraba que Wayne era un actor inútil que solo podía actuar bien a sus órdenes. Por más que se pelearan, mantuvieron una férrea amistad y una perfecta asociación simbiótica mutualista. Eso, en gran medida, puede empezar a percibirse en esta cinta. En este trabajo los dos lo vieron claro. Ford percibió un filón de oro, y Wayne sintió que con Ford hacía cine a otros niveles.

La diligencia es una película que genera una gran empatía, una tensión más propia de Hitchcock, y una carrera por la supervivencia que amenaza con dejar al espectador sin aliento. Es una película adelantada a su tiempo, o tal vez recuperada del western del cine mudo. No es la película perfecta que muchos aseguran, ni mucho menos, ya que resulta predecible y en algunos momentos los personajes parecen caricaturas de sí mismos, pero es una pieza imborrable.

Tenemos un héroe y una puta. Sí, John Ford nunca se asustó a la hora de hacer cine. ¿Arquetipos? Seguro. El héroe se llama Rango Kid, y la puta se llama Dallas. Tal vez no sea el mejor western que se ha rodado (de hecho no es ni el mejor western de John Ford), pero puede que sea el más importante, por lo que significó, porque resucitó un género herido de muerte y porque sentó las bases de lo que sería el western de los nuevos tiempos. Ahora puede parecernos típica y tópica, pero no debemos olvidar que el bueno de Ford la rodó en 1939.

4-Solo ante el peligro (High Noon, Fred Zinnerman-1952)

Una razón: el anti-western por antonomasia resultó ser uno de los mejores westerns de la historia.

Basta con ver el revuelo que causó Solo ante el peligro cuando fue estrenada para hacerse una idea de su importancia. Muchos, entre ellos John Wayne, aseguraron que se trataba de la película más antiamericana jamás rodada, una vergüenza para el género cinematográfico de las barras y estrellas. Años después, el Duque se enrolaría junto con Dean Martin y el mítico director Howard Hawks en otro western colosal, Río Bravo, en el que muchos encontraron una respuesta al film de Zinnerman, sobre todo teniendo en cuenta que sus propuestas argumentales eran radicalmente opuestas. De hecho, a Howard Hawks le pareció tan necesario contestar a esta película que años después de Río Bravo regresaría con una película similar: El Dorado.

Eran tiempos convulsos, y el guionista de la cinta, Carl Foreman, fue incluido en la famosa y nefasta lista negra del infame senador McCarthy. Sin embargo, la estrella de la película, el actor Gary Cooper, a pesar de ser un conservador y anticomunista convencido, no solo decidió no delatar a ningún actor ante el Comité de Actividades Antiamericanas, sino que ayudó a todo el que pudo y siempre defendió lo erróneo de las listas negras. De hecho fue la presencia y férrea defensa de Cooper (y en menor medida la de Grace Kelly), una de las razones por las que la película no tuvo demasiados problemas para ser estrenada.

Fuera de la política, la película es una fábula de tensión maravillosa, una película de terror psicológico Hitchcockniano en la que, por si fuera poco, disfrutamos de la presencia de un jovencísimo Lee Van Cliff en el papel de uno de los malos de turno. Además, es sumamente moderna. Introduce la narración en tiempo real (los 85 minutos que dura la película), y la presencia de un sheriff con dudas y de un pueblo lleno de cobardes o de gente que no puede ni quiere verse involucrada. Cada minuto que pasa, acerca el fatal e incierto desenlace. El sheriff puede mostrarse dubitativo, pero la película es sólida como la roca. Al final, el reloj marca la hora señalada y el tren llega a la estación. Y suena la famosa canción que se convirtió en un éxito de la época “Do not forsake me oh my darling, y Gary Cooper entra en la leyenda vestido con esa camisa blanca que contrasta con lo negro de sus pantalones, su chaleco y su sombrero.

5-Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West, Sergio Leone-1968)

Una razón: el mejor Sergio Leone, Henry Fonda haciendo de villano, un inmenso Jason Robards, Charles Bronson sin bigote, una historia de Darío Argento y Bernardo Bertolucci (junto al propio Leone), y Claudia Cardinale…

Más de uno se tirará de los pelos al ver que en lugar de una razón he dado mil. Lo reconozco, no he podido parar, pero, ¿alguien puede echármelo en cara? Esta obra maestra del genio italiano Sergio Leone, golpeó en el rostro de la crítica norteamericana como una bofetada de Bud Spencer. Sabían que Leone tenía buenas maneras, incluso había alguno que lo consideraba un genio del “western sucio”, pero aquí más que dirigir un entretenimiento compuso una sinfonía.

Esta película generó un look propio, una manera de entender el género que influyó más que ninguna interpretación anterior del mismo en la cultura popular. Los rostros curtidos por el sol, sudorosos y sin afeitar, manchados por el polvo de los caminos, y los abrigos duster (guardapolvos) que otorgan personalidad a una banda.

Algunos dirán que el metraje es algo excesivo, pero a mí me gustaría que no terminara nunca. Leone no juega con clichés, sino que nos presenta personajes complejos y ambiguos. Este era el cine que hacían los italianos y los españoles en la década de los 60, y esta es a la vez el mejor y el peor ejemplo del mismo. Y luego está Ennio Morricone, que una vez más regó con su magia musical una película de Leone. ¿Qué sería de Tarantino si esta película no hubiera existido?

6-El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, Sergio Leone-1966)

Una razón: porque terminó de crear al Clint Eastwood que tanto nos ha hecho disfrutar.

Más de Leone & Morricone, y esta vez hablamos de su película más icónica. Clint Eastwood haciendo de los que todos creemos que es Clint Eastwood, Lee Van Cleef dando vida al delicioso y reptiliano villano Sentencia y el entrañable y el sucio Tuco, interpretado por Eli Wallach. Esta película es pura cultura pop. Ha trascendido desde el celuloide a un nivel inimaginable. Para eso Leone era un maestro. Bueno, y Morricone, porque, ¿quién no ha intentado silbar la melodía de la película?

Leone cuenta sus historias de un modo muy personal, algo para lo que los americanos no estaban del todo preparados. Este es el espagueti western por antonomasia, y lo será siempre. Es una película que deja polvo en el paladar y la frente sudorosa. Representa la muerte del glamour y el romanticismo del mundo de los pistoleros y los cowboys. Es la crisis, y el talento que sale de ella.

7-Infierno de cobardes (High Plains Drifter, Clint Eastwood-1972)

Una razón: el comienzo de la leyenda del Eastwood director.

Esta es una decisión arriesgada, lo reconozco. Primero porque realmente no es la primera película dirigida por Eastwood, sino la segunda (tras Escalofrío en la noche, rodada un año antes), y segundo, porque hay mejores ejemplos para lo que nos cuenta esta película, como la genial El jinete pálido, del mismo Eastwood y con una temática muy similar.

Nos encontramos ante una película casi experimental, que mezcla el género fantástico con el de terror y, por supuesto, el western. El simbolismo se encuentra presente durante todo el metraje, aunque no de una forma muy sutil. Sin embargo, en la edición española se decidió masacrar el sentido de la cinta hasta tal punto que se cambió absolutamente el final al incluir una falsa frase en doblaje. La razón: los distribuidores de nuestro país pensaban que el público español era tan estúpido que no entendería un final como el que Eastwood proponía, así que decidieron terminar de golpe y porrazo con el mensaje sobrenatural del film y convertirlo en una devaluada versión de Raíces profundas.

Afortunadamente, con El jinete pálido no ocurrió lo mismo. A todas luces mejor película, carecía no obstante de la visceralidad de Infierno de cobardes, del cinismo de sus personajes, de lo grotesco, de la imperfección…

8-Sin perdón (Unforgiven, Clint Eastwood-1992)

Una razón: porque representó una nueva resurrección del género.

Es curioso como William Munny, asesino de hombres, mujeres y niños, un tipo frío y sin escrúpulos que disparaba sobre todo lo que tuviera vida y se moviera, genera tal empatía, tal admiración, tal comprensión y cercanía. Eastwood dio un paso más allá en la búsqueda del antihéroe, y fue para bien.

En una época en la que los westerns estaban esperando a respirar (en gran medida gracias a los trabajos de Eastwood y Kevin Costner), Sin perdón fue la absoluta desmitificación del género. Una película casi perfecta repleta de grandes y carismáticos personajes, una fotografía bellísima y una banda sonora de esas que parece que no están ahí, pero vaya si lo están.

Sin perdón llegó en el momento justo y terminó con todos los escépticos en cuanto a la carrera como director de Clint Eastwood (que los había). Tal vez sea, al mismo tiempo, el más ortodoxo de los western, y también (perdón por la contracción) el más heterodoxo.

9-Incidente en Ox-Bow (The Ox-Bow Incident, William A. Wellman-1943)

Una razón: el más duro de los western no necesita disparos.

Un ranchero es asesinado y una turba decide linchar a los presuntos culpables. Esa es la, a simple vista, sencilla premisa de este film, devastadoramente desmitificador y que se adelantó más de 20 años a su tiempo. Una película que trata el espino tema de los tiempos de crisis, del resentimiento y el rencor que nace de la miseria, de las decisiones irracionales e irreversibles de una masa enfurecida.

Incidente en Ox-Bow tiene más de 12 hombres sin piedad (Henry Fonda aparece en las dos cintas con un personaje con similitudes), o de la también adelantada a su tiempo Furia, de Fritz Lang (y con Spencer Tracy). Es una película que pone en duda las decisiones viscerales, que deja claro que prefiere a un culpable en la calle que a un inocente colgando de un árbol.

Pero este no es ni un western típico ni tiene un final feliz. William Wellman, a través de un Henry Fonda que no parece saber hacia dónde mirar, escupe en la cara del espectador, le avergüenza con la culpa, le deja en mitad de la calle desnudo y paralizado, y cualquier tiempo ya parece demasiado tarde.

10-La balada de Cable Hogue (The Ballad of Cable Hogue, Sam Peckinpah-1970)

Una razón: el western más nostálgico.

Más de uno se llevará las manos a la cabeza al ver que el único western de Sam Peckinpah incluido en esta lista es La balada de Cable Hogue. Muchos preferirían ver aquí películas como Grupo Salvaje, Pat Garret y Billy el niño o Quiero la cabeza de Alfredo García, pero esto es lo que hay.

Y es que este el western más nostálgico y crepuscular de los que se han hecho. Peckinpah se guarda su violencia explícita para mostrarnos un salvaje oeste que se muere, un mundo que da sus últimas bocanadas de aire, asediado por la sed y el calor en mitad del desierto. Un mundo que cambia los caballos por coches y los pistoleros por abogados. Allí, a medio camino entre la nada y el olvido, se yergue Cable Hogue (Jason Robards), resistiéndose a que se regrese el tópico del Ubi Sunt.

Peckinpah y Robards miran con lágrimas en los ojos hacia un tiempo que ya no existe, que no es más que un espejismo. Una historia de antihéroes que no se rinden, pero en la que, al final, pierden la batalla contra el tiempo. Y es que la muerte tiene todo el tiempo del mundo.

 

Ángel Codón (8 Posts)