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El veterano

Garden City, 1934

La ciudad parece más fría esta noche. Quizá por culpa del viento. Tal vez a causa de la lluvia que cae violentamente contra el suelo. Los focos de los coches generan cañones de luz que al reflejarse en las gotas causan breves auroras, como chispas en el aire o luciérnagas suicidas. Es una luz casi tan bella como la de los carteles de neón que inundan las calles volcándose sobre la negrura. El sombrero y el abrigo se encuentran empapados, y la humedad provoca que las rodillas rabien de dolor a cada paso. Parece increíble, pero el cigarrillo no se ha apagado, aunque por su cara corra una cascada de agua fría. Tras la última calada, arroja la colilla al suelo y la pisa, aunque no sea necesario, es una manía de sus años de juventud. Penetra en el callejón, iluminado intermitentemente por un farol que amenaza con apagarse en cualquier momento. De forma tranquila, apoya la espalda contra la pared, y bajo el abrigo empapado, busca el tacto de su querida Tommy, tan fría como caliente. Y no queda más que esperar…

Tal vez esto sea lo que más odia. La maldita espera, su falsa calma. La tensión, los nervios. Nunca desaparecen por completo, y es mejor así. Le mantiene atento, siempre listo, y sin embargo sumido en una especie de trance y duermevela. El ruido metálico de una puerta lo devuelve a la oscuridad del callejón, y con un movimiento imperceptible, busca la pared fundiéndose con las sombras. Al fondo de la calle, unas luces aparecen al mismo tiempo que un motor se enciende rugiendo. Prepara el arma.

Respira profundamente. Una vez… El vapor genera una pequeña nube que nace en su boca. Dos veces… El coche se acerca. Tres veces… Sin aspavientos, se gira apuntando la Thompson contra el coche, disparando una ráfaga eterna que recorre el coche de lado a lado y de arriba abajo. El cargador se agota. Se agacha tras unas cajas de madera intentando recargar el arma.

metralleta

El coche se estrella contra una pared. El arma está cargada de nuevo. Sin perder los nervios, se incorpora. Avanza con parsimonia hacia el coche accidentado. Una puerta trasera se abre y un hombre sale gateando, desorientado y herido. Dispara una ráfaga sobre él. El humo que sale del cañón crea una pequeña nube que se funde con la que genera su respiración.

Se coloca junto al coche y dispara hacia su interior a todas las direcciones. A lo lejos puede oír las sirenas de los coches de policía, acercándose lenta pero inexorablemente. Esconde la Tommy, aun humeante, bajo el abrigo, y emprende el camino de regreso. Sus pasos son cada vez más rápidos. Se acerca a la esquina.

La lluvia arrecia. Saca un cigarrillo para calmar los nervios. Lo enciende protegiéndolo con las manos. Ya casi ha llegado a la esquina. Las sirenas se escuchan cada vez más cerca. Y en la oscuridad, a veces abominable, a veces redentora, un disparo le hiela la sangre.

No puede negar que esté sorprendido. Todo parecía haber salido bien, pero aquí no existen las reglas. Intenta caminar, pero las piernas le fallan y cae al suelo. Consigue girar la cabeza lo suficiente como para ver que uno de los tipos del coche ha conseguido salir y disparar antes de morir. La lluvia cae sobre su rostro y le cuesta respirar. Las calles de Garden City guardan secretos. La sangre se ha mezclado con el agua, pero no piensa cerrar los ojos.

La ciudad parece más fría esta noche…

 (El relato “El veterano” forma parte del libro de relatos de género negro “Garden City: crónicas negras”, actualmente en desarrollo).

Ángel Codón (8 Posts)


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