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Patricia Mayoral

“El arte es una forma de entender, de explorar, de mirar la naturaleza”

Andy Goldsworthy

 

La vida transcurre en ciclos que se desarrollan y se siguen unos a otros, igual que en la naturaleza, donde el ritmo de lo cíclico es permanente. La luna, las mareas, el día y la noche, las estaciones, y nuestra relación con lo natural en los procesos de siembra y cosecha, viendo a la tierra germinar, ofrecernos su fruto y descansar después vacía para volver a nacer más tarde, recordándonos que nosotros somos también seres naturales y vivimos en ciclos. Cada latido de nuestro corazón es un rápido recorrido de la sangre por nuestro organismo, con regreso al punto de partida y vuelta a empezar. Inhalamos y exhalamos, y nuestro cuerpo evoluciona y avanza a lo largo de los años, dejando atrás etapas y comenzando otras nuevas. Nuestras relaciones, nuestras conexiones, también pasan por ciclos, y es un arte saber cuánto tiempo dura cada uno, cuándo es el momento de pasar al siguiente, cuándo hemos madurado una relación, un trabajo,  un dolor, un proceso, y es hora de dar paso al siguiente.

Igual que en la naturaleza, algo debe morir para que algo nazca.

 

En 2018, Patricia Mayoral está compartiendo con nosotros la magia de un ciclo que nace en su pintura, con la experiencia y el bagaje acumulado a lo largo de muchos años y con la frescura de una pulsión nueva, nacida de ciclos que se cierran para dar paso a ciclos nuevos. La obra de Patricia está íntimamente unida al medio natural, de donde la artista absorbe la energía que necesita para su trabajo y para su equilibrio personal, mental, físico. Un paseo por los montes que circundan El Escorial alimenta a Patricia con oxígeno y endorfinas, y con la paz necesaria para volcarse en su trabajo, en el trazo sutil de la acuarela y el grafito sobre el papel o en la tibieza de la cera cremosa y el pigmento de color sobre el pincel y la espátula. De todas las técnicas pictóricas que se pueden practicar, la encáustica me parece la más cercana a ese diálogo con la naturaleza que la obra de Patricia me transmite.

 

“Acércate, tócalo” fueron las primeras palabras que Patricia me dijo cuando, enfrentándome por primera vez al gran “Sueño de invierno”, empezamos a hablar de esta técnica que domina y que utiliza desde hace años, combinándola con suaves acuarelas que transmiten inmediatez y ligereza sobre el papel. La superficie pintada con encáustica es suave, discontinua, mostrando matices, pequeñas irregularidades en el trazo, el rastro del pincel, el volumen del pigmento. Tocar la superficie del “Sueño de invierno” me resultó parecido a tocar la piel humana y se lo agradecí, como si ese cuadro me estuviese también transmitiendo la temperatura, el pulso, la energía que emana de la piel de nuestro cuerpo, como si la cera estuviese todavía tibia sobre él. También en ese contacto de dos pieles, la mía y la del cuadro, y cuando hundí los dedos en la untuosa cera que esperaba a la próxima sesión, estaba la naturaleza hablándome, esa naturaleza que en el centro de la ciudad se mantiene silenciosa pero que todos llevamos dentro, y se despierta de vez en cuando, de forma cíclica, para recordarnos que formamos parte de ella.

Marta Pérez Ibáñez

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